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La gloria o el fracaso. Los argentinos están a las puertas
de la posteridad, o del infierno. El resultado lo dirá hoy.
Foto: EDH/AP
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El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Las nueve horas que separan Grecia de El
Salvador y el extraño horario para la final de un partido de fútbol
(las 10:00 a.m.) provocaron que los salvadoreños se desvelen para
ver el juego. Como sucedió con tantas otras competiciones, cuando
lea estas líneas, el campeón ya habrá subido a lo
alto del podium.
A estas horas puede haber dos equipos celebrando o solamente uno. Eso
lo dirá el resultado. Si gana Argentina, que viene con un récord
impresionante de cinco victorias, 16 goles a favor, ninguno en contra
y ha repetido la misma alineación titular en los cinco juegos y
tiene en Carlos Tévez al goleador del torneo, habrá doble
celebración.
Festejarán los albicelestes por el oro que se les negaba desde
Helsinki 1952, por lograr el único título que les faltaba
y que Brasil nunca pudo conseguir, y porque será un modo de desahogarse
de esa final perdida con sus primos en la reciente Copa América
de Perú.
Pero también festejará Paraguay la medalla de plata, la
primera en toda su historia deportiva en los Juegos. Serán héroes
igual, aún en la derrota más humillante que uno pudiera
imaginarse.
Pero si gana Paraguay, aunque las estadísticas le juegan en contra,
arranca con las mismas posibilidades que su adversario, sólo habrá
fiesta para uno. Para esos guaraníes de Carlos Gamarra y compañía
que jamás imaginaron llegar tan lejos y cuyos nombres serán
grabados en oro para siempre. Para Argentina, la plata es lo mismo que
la nada.
Y a pesar de que aún así será la medalla más
valiosa de todas las que se llevará la delegación de Atenas
tienen tres de bronce, tendrá sabor a fracaso. Con
esa plata no se quebrará el maleficio de 1952, tampoco provocará
la envidia de Brasil y lejos de apagar la frustración que dejó
la Copa América, la avivará aún más.