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Gigantes gauchos botaron al Dream Team

Los estadounidenses no pelearán por el oro, ya que cayeron ante Argentina por 89-81. Los albicelestes, que se aseguraron la plata, jugarán hoy la final contra Italia

Publicada 28 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Iverson no puede ocultar la fustración luego de la derrota ante Argentina. Foto: EDH/AP

“La gente en Estados Unidos no tiene idea de lo difícil que es este
torneo. Muchos aficionados creen que estamos en 1992 y que vamos a ganar todos los partidos por 40 puntos”
Greg Popovic
(Entrenador asistente del Dream Team)

Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Los Auténticos Decadentes, el grupo musical argentino cuyas canciones empezaron a sonar por los altoparlantes del Indoor Hall apenas finalizó el partido, en realidad parecían los jugadores del Dream Team.

Abatidos, aturdidos por un abucheo general que les acompañó cada jornada, se retiraron de la cancha cargando el pesado lastre de sus cuerpos. Sus ojos apuntaban al suelo. Mientras, en el círculo central, los doce jugadores argentinos saltaban de alegría, de incredulidad, de éxtasis.

Argentina, que tuvo de nuevo en Emanuel Ginóbili su arma más letal (anotó 29 puntos), le dio el tiro de gracia a un equipo que, al margen de algunas genialidades de sus integrantes, demostró a lo largo del torneo ser uno más. Alguna vez fueron galácticos. Hoy ya no.

Estados Unidos últimamente se encontró con una piedra en su zapato. Los albicelestes ya habían hecho historia en el Mundial de Indianápolis 2002 cuando por primera vez un equipo con jugadores de la NBA era derrotado.

Ahora, aunque ya había perdido dos juegos en la fase preliminar, le volvió a ganar y le dejó sin la posibilidad del oro. Una medalla que se daba por ganada de antemano y que nunca habían perdido desde que en 1992 decidieron llevar a sus estrellas profesionales. De 14 ediciones, se habían llevado la dorada en 12.

El baloncesto argentino consumó ayer la victoria más grande de su historia. Más inmensa aún que la de 2002, porque aquélla fue en la fase clasificatoria de un Mundial. Esta, en cambio, le asegura al menos una medalla de plata. Nunca antes se había logrado una presea en ese deporte.

Y lo ganó con autoridad, desde el comienzo hasta el fin. A veces con valentía o otras con paciencia, pero siempre con personalidad. Casi sin sufrir, algo difícil en el baloncesto actual donde todo se termina definiendo en los últimos 15 segundos.

héroes. El conjunto argentino hizo historia ayer al derrotar al “todopoderoso” equipo estadounidense. Foto: EDH/AP

Fue clave Ginóbili como pilar de la hazaña, pero también los oportunos triples de Alejandro Montecchia y la eficacia de Walter Hermann, una especie de Claudio Caniggia con su rubia y larga cabellera que parece inmune a las tragedias. Todavía no se recuperaba de la muerte en un accidente automovilístico de su madre y su novia cuando, hace un 40 días, falleció su padre de infarto.

Quizá porque la vida lo ha templado a fuego es que juega al baloncesto con tanta soltura y ha sido la gran figura de la liga española este último año.

Es que Estados Unidos —que en toda su histórica olímpica antes de llegar a Atenas había ganado 109 partidos y perdido apenas 2— nunca le encontró la vuelta al partido.

Jamás pudo descontar esa diferencia que fluctuó entre 12 y 9 puntos a lo largo de todo el juego. Con un Malbury impreciso, un Iverson poco inspirado y un Tin Duncan condicionado por las faltas personales, se encerró en su propio laberinto, del cual todavía está buscando cómo salir.

Si Argentina tuvo que esperar hasta el final para festejar fue simplemente porque estos nombres generan respeto, y por más que falte un minuto y pierdan por diez, son capaces del hacer magia. Sólo que esta vez no hubo espacio para el milagro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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