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Volver a empezar

Ojalá que siempre tengamos la ocasión de seguir actualizando nuestra formación intelectual y que podamos conseguir que otros profesionales tomen la valiente decisión de continuar su preparación

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Después de una larga temporada de estar ausente por cuestiones académicas, confieso que es un verdadero privilegio volver al querido terruño y poder encontrarme de nuevo con familiares y amigos tan entrañables. Sin embargo, al margen de este delicioso reencuentro, debo admitir que el proceso de reincorporación está resultando más interesante de lo que pensaba.

Han pasado casi cuatro años desde aquel día en que, junto a mi esposa e hija, emprendíamos el viaje hacia un apasionante e intenso período de formación intelectual en España. Huelga decir que la experiencia humana y espiritual fue sumamente valiosa, rica en aprendizaje y llena de agradables sorpresas en todos los sentidos. Estoy seguro de que, de volver el tiempo atrás, no duda-ríamos ni un segundo en apostar de nuevo por ese programa académico que tantas satisfacciones nos ha concedido.

En clave de ejemplo, valga decir que tuvimos el gran honor de conocer a excelentes amigos, procedentes particularmente de Latinoamérica, España y otros países de Europa, con los que llegamos a compartir fraternalmente actividades y aficiones comunes. Estamos seguros de que con muchos de ellos mantendremos intactos los lazos de amistad, a pesar de la distancia. Asimismo, tuvimos la dicha de empaparnos de un océano de conocimientos y vivencias en un ambiente universitario de gran calidad humana y profesional.

Por otro lado, al margen de los estudios y del estupendo ambiente, tuvimos la dicha de disfrutar como familia de una cultura con abundantes tradiciones y costumbres. Visitamos ciudades y pueblos, Norte y Sur, playas y montañas, modernidad pujante y ruralidad profunda. Recorrimos veredas, sendas y caminos de esa preciosa y amplia nación.

Quién lo diría, entre una cosa y otra, el tiempo se nos pasó volando y cuando vinimos a darnos cuenta ya estábamos preparando maletas para regresar a El Salvador. Además, la familia aumentó de tamaño, nos fuimos tres y volvimos cinco. Es imposible ocultarlo, la experiencia vivida resultó fenomenal e inigualable. Ahora volvemos con renovados bríos, sumamente ilusionados y con el entusiasmo de trabajar por nuestro país.

En este sentido, estamos conscientes de que este nuevo comienzo nos demandará un toque adicional de sacrificio. Como tal, encontrar la casa apropiada para nuestra familia ha sido un reto que hemos enfrentado con buen humor, paciencia y mucha voluntad. De igual forma, recuperar la actividad social ha constituido un imperativo de gran importancia para poder retomar la amistad donde la dejamos y para poner en contacto a nuestros hijos con sus nuevos amiguitos.

En fin, ahora mi esposa y yo parecemos una pareja de recién casados, pues, aunque tenemos tres hijos pequeños, estamos como al principio de nuestro matrimonio: construyendo un nuevo itinerario de vida familiar y volviendo a poner los cimientos de nuestro patrimonio en acción. Sin embargo, volver no significa estar de vuelta, porque el que está de vuelta no tiene la alegría y el regocijo del que comienza otra vez. En este sentido, como bien dice Rafael Alvira: “Se va, se camina, a la novedad, a lo deseado, y que, en el fondo, esperamos que nos sorprenda. Desear es también esperar: pero se espera encontrar —tener un encuentro— que trascienda todavía nuestros deseos. Además de alcanzar lo buscado, queremos un premio añadido”.

Ciertamente, el premio por el esfuerzo humano y material invertido es una meta a la que nos dirigimos con la seguridad de haber perseverado y ganado en el intento. Es verdad que para muchas personas, resulta más cómodo no complicarse la vida a la hora de valorar la decisión de ampliar su preparación profesional, aquí o en el extranjero. Sin embargo, debo reconocer que este período de especialización ha valido la pena y ha constituido para nosotros el punto de partida de una nueva vida y una valiosa ocasión para servir a los demás.

En efecto, la oportunidad que tenemos es fantástica, puesto que ahora contamos con una perspectiva más amplia de nuestra participación en la sociedad y con una franca disposición para aportar progresivamente lo que hemos aprendido. Dios quiera que todos nuestros planes se vayan conjugando de la mejor manera posible y en los lugares más oportunos.

Mientras tanto, contamos con el apoyo inmediato de la gente que más nos estima y aprecia. Estamos seguros de que sus buenos consejos, aliento y sincera disponibilidad no nos faltarán en este sendero que hemos empezado a recorrer. De momento, seguiremos luchando para que el esfuerzo realizado cunda en beneficio de la familia, de la patria y, si es posible, de la región.

Ojalá que siempre tengamos la ocasión de seguir actualizando nuestra formación intelectual y que podamos conseguir que otros profesionales tomen la valiente decisión de continuar su preparación en el lugar que más convenga. En este sentido, el mérito está en regresar al país para compartir lo aprendido, generar abundante sinergia en el entorno y facilitarle la vida a los demás, aunque esto implique volver a empezar.

*Doctor en Comunicación Pública.

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