Raúl
M. Alas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Después de una
larga temporada de estar ausente por cuestiones académicas, confieso
que es un verdadero privilegio volver al querido terruño y poder
encontrarme de nuevo con familiares y amigos tan entrañables. Sin
embargo, al margen de este delicioso reencuentro, debo admitir que el
proceso de reincorporación está resultando más interesante
de lo que pensaba.
Han pasado casi cuatro años desde aquel día en que, junto
a mi esposa e hija, emprendíamos el viaje hacia un apasionante
e intenso período de formación intelectual en España.
Huelga decir que la experiencia humana y espiritual fue sumamente valiosa,
rica en aprendizaje y llena de agradables sorpresas en todos los sentidos.
Estoy seguro de que, de volver el tiempo atrás, no duda-ríamos
ni un segundo en apostar de nuevo por ese programa académico que
tantas satisfacciones nos ha concedido.
En clave de ejemplo, valga decir que tuvimos el gran honor de conocer
a excelentes amigos, procedentes particularmente de Latinoamérica,
España y otros países de Europa, con los que llegamos a
compartir fraternalmente actividades y aficiones comunes. Estamos seguros
de que con muchos de ellos mantendremos intactos los lazos de amistad,
a pesar de la distancia. Asimismo, tuvimos la dicha de empaparnos de un
océano de conocimientos y vivencias en un ambiente universitario
de gran calidad humana y profesional.
Por otro lado, al margen de los estudios y del estupendo ambiente, tuvimos
la dicha de disfrutar como familia de una cultura con abundantes tradiciones
y costumbres. Visitamos ciudades y pueblos, Norte y Sur, playas y montañas,
modernidad pujante y ruralidad profunda. Recorrimos veredas, sendas y
caminos de esa preciosa y amplia nación.
Quién lo diría, entre una cosa y otra, el tiempo se nos
pasó volando y cuando vinimos a darnos cuenta ya estábamos
preparando maletas para regresar a El Salvador. Además, la familia
aumentó de tamaño, nos fuimos tres y volvimos cinco. Es
imposible ocultarlo, la experiencia vivida resultó fenomenal e
inigualable. Ahora volvemos con renovados bríos, sumamente ilusionados
y con el entusiasmo de trabajar por nuestro país.
En este sentido, estamos conscientes de que este nuevo comienzo nos demandará
un toque adicional de sacrificio. Como tal, encontrar la casa apropiada
para nuestra familia ha sido un reto que hemos enfrentado con buen humor,
paciencia y mucha voluntad. De igual forma, recuperar la actividad social
ha constituido un imperativo de gran importancia para poder retomar la
amistad donde la dejamos y para poner en contacto a nuestros hijos con
sus nuevos amiguitos.
En fin, ahora mi esposa y yo parecemos una pareja de recién casados,
pues, aunque tenemos tres hijos pequeños, estamos como al principio
de nuestro matrimonio: construyendo un nuevo itinerario de vida familiar
y volviendo a poner los cimientos de nuestro patrimonio en acción.
Sin embargo, volver no significa estar de vuelta, porque el que está
de vuelta no tiene la alegría y el regocijo del que comienza otra
vez. En este sentido, como bien dice Rafael Alvira: Se va, se camina,
a la novedad, a lo deseado, y que, en el fondo, esperamos que nos sorprenda.
Desear es también esperar: pero se espera encontrar tener
un encuentro que trascienda todavía nuestros deseos. Además
de alcanzar lo buscado, queremos un premio añadido.
Ciertamente, el premio por el esfuerzo humano y material invertido es
una meta a la que nos dirigimos con la seguridad de haber perseverado
y ganado en el intento. Es verdad que para muchas personas, resulta más
cómodo no complicarse la vida a la hora de valorar la decisión
de ampliar su preparación profesional, aquí o en el extranjero.
Sin embargo, debo reconocer que este período de especialización
ha valido la pena y ha constituido para nosotros el punto de partida de
una nueva vida y una valiosa ocasión para servir a los demás.
En efecto, la oportunidad que tenemos es fantástica, puesto que
ahora contamos con una perspectiva más amplia de nuestra participación
en la sociedad y con una franca disposición para aportar progresivamente
lo que hemos aprendido. Dios quiera que todos nuestros planes se vayan
conjugando de la mejor manera posible y en los lugares más oportunos.
Mientras tanto, contamos con el apoyo inmediato de la gente que más
nos estima y aprecia. Estamos seguros de que sus buenos consejos, aliento
y sincera disponibilidad no nos faltarán en este sendero que hemos
empezado a recorrer. De momento, seguiremos luchando para que el esfuerzo
realizado cunda en beneficio de la familia, de la patria y, si es posible,
de la región.
Ojalá que siempre tengamos la ocasión de seguir actualizando
nuestra formación intelectual y que podamos conseguir que otros
profesionales tomen la valiente decisión de continuar su preparación
en el lugar que más convenga. En este sentido, el mérito
está en regresar al país para compartir lo aprendido, generar
abundante sinergia en el entorno y facilitarle la vida a los demás,
aunque esto implique volver a empezar.
*Doctor en Comunicación Pública.