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Palabras
¿Cuántos “YO” nos habitan?

Solos ante el universo. Con frío, con asombro, con un poco de locura y de nostalgia. Así nacemos, llorando, temerosos. Recordando el antiguo llanto de la raza.

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Es después cuando el humano empieza a inventar. Vorazmente empieza a descubrir la vida. Es el Sapiens viendo los astros de la noche profunda. Cuando preguntó qué hacían esas luces en el cielo. Cuando preguntó qué hacía él sobre la tierra.

Y el momento más grandioso: cuando preguntó su nombre. Cuando indagó quién era él. Tal vez perdido en el desierto, en alguna oscura selva de pasiones, en las calles del mundo...

Saber quién eres te ayudará a redescubrir tu destino y hacerlo realidad. “Cogito ergo sum” (conócete a ti mismo) decían los sabios griegos en knossos. Ellos que tuvieron que vencer a las esfinges resolviendo los enigmas de la existencia. Recomendaban conocer nuestro enigma para alcanzar la gracia de saber quién éramos.

Según la siquiatría moderna existen varios “yo” dentro de nosotros mismos. Así el último urbanita, se busca entre las selvas de hierro, de lobos y de luces que son las ciudades. Así, perdiéndose se encontró el final Adán en las inmensas urbes de sí mismo...

Tratando de alcanzarse, tratando de ser él, intentando tenazmente de saber el nombre de sus sueños...
Hallarse a sí mismo consistía en encontrar su “yo” real, su “yo” social, su “yo” ideal y finalmente su “yo” divino.


Día a Día

Lacras que padecemos

Hay hambre y desnutrición en El Salvador, pero los hay primordialmente por el abandono que los padres hacen de sus hijos, como por la devastación causada por la guerra y por la “reforma agraria”.

Los salvadoreños ganaban más (en términos reales) antes de 1978, de lo que ganan ahora. Sus posibilidades de conseguir buen trabajo, de recibir atención médica, de vivir más tiempo, de estar más seguros y felices, eran superiores a lo que son ahora. Y, de haber continuado el ritmo de crecimiento que se tenía entonces, los salvadoreños ten- dríamos un nivel igual a Grecia.

Podemos “agradecer” a los liberadores y reformadores (efemelenistas, carteristas y duartistas) las lacras que padecemos hoy en día.

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