Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
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Es después cuando
el humano empieza a inventar. Vorazmente empieza a descubrir la vida.
Es el Sapiens viendo los astros de la noche profunda. Cuando preguntó
qué hacían esas luces en el cielo. Cuando preguntó
qué hacía él sobre la tierra.
Y el momento más grandioso: cuando preguntó su nombre. Cuando
indagó quién era él. Tal vez perdido en el desierto,
en alguna oscura selva de pasiones, en las calles del mundo...
Saber quién eres te ayudará a redescubrir tu destino y hacerlo
realidad. Cogito ergo sum (conócete a ti mismo) decían
los sabios griegos en knossos. Ellos que tuvieron que vencer a las esfinges
resolviendo los enigmas de la existencia. Recomendaban conocer nuestro
enigma para alcanzar la gracia de saber quién éramos.
Según la siquiatría moderna existen varios yo
dentro de nosotros mismos. Así el último urbanita, se busca
entre las selvas de hierro, de lobos y de luces que son las ciudades.
Así, perdiéndose se encontró el final Adán
en las inmensas urbes de sí mismo...
Tratando de alcanzarse, tratando de ser él, intentando tenazmente
de saber el nombre de sus sueños...
Hallarse a sí mismo consistía en encontrar su yo
real, su yo social, su yo ideal y finalmente su
yo divino.
Día a Día
Lacras que padecemos
Hay hambre y desnutrición en El Salvador, pero
los hay primordialmente por el abandono que los padres hacen de sus hijos,
como por la devastación causada por la guerra y por la reforma
agraria.
Los salvadoreños ganaban más (en términos reales)
antes de 1978, de lo que ganan ahora. Sus posibilidades de conseguir buen
trabajo, de recibir atención médica, de vivir más
tiempo, de estar más seguros y felices, eran superiores a lo que
son ahora. Y, de haber continuado el ritmo de crecimiento que se tenía
entonces, los salvadoreños ten- dríamos un nivel igual a
Grecia.
Podemos agradecer a los liberadores y reformadores (efemelenistas,
carteristas y duartistas) las lacras que padecemos hoy en día.