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La nota del día
Carter y Gaviria, bendiciendo el fraude

Igual les habría pasado a los salvadoreños de haber salido triunfantes los comunistas en marzo pasado: tan pronto llega al poder la extrema izquierda, comienza a conspirar contra el Orden Jurídico y el esquema democrático

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Jimmy” Carter y César Gaviria terminaron dando el espaldarazo al fraude electoral perpetrado por Hugo Chávez: a menos que se les muestren otras evidencias, sentencian, el gane de Chávez es legítimo. Con su testimonio la Carta Democrática de la OEA queda convertida en un papel sin valor y el resto de Hispanoamérica expuesta a las depredaciones y atropellos de movimientos autocráticos y grupos de fuerza.

Lo que vale para ambos personajes es la forma, no el fondo. Mientras se consiga alinear venezolanos, o peruanos, o haitianos frente a mesas de votación, no importa cómo se hagan los recuentos, qué pasa después con las papeletas ni en manos de quiénes queda anunciar los “resultados”.

Tampoco les preocupa si antes de la votación y a última hora el número de votantes se incrementa, o la clase de sistema y de computadoras que se establece para efectuar los escrutinios. De nuevo, lo único que importa a manipuladores de tal especie es tener a la gente haciendo cola frente a las urnas, como pasaba en la vieja Unión Soviética, donde los candidatos oficiales ganaban con un 99 por ciento de los sufragios.

Perpetrar fraudes con computadoras es una ya vieja táctica: así es como Napoleón Duarte ganó las elecciones presidenciales contra Roberto d'Aubuisson. El sistema que entonces se utilizó estaba en manos de operadores financiados por un gobierno extranjero.

Además, Carter fue quien ordenó el derrocamiento de Romero por una pandilla de ladrones, como antes hizo en Nicaragua y posteriormente en Irán, desencadenando la serie de horrores que han llevado al estallido de la Cuarta Guerra Mundial. (La Tercera, estimados lectores, fue la llamada Guerra Fría y terminó con la derrota y el derrumbe de la Unión Soviética y del Bloque Socialista de Naciones).

Todo es ponerlos en cola


Volvamos a la Carta Democrática de la OEA. La Carta pone énfasis en la celebración de elecciones, pero asimismo enmarca el conjunto en un orden moral y jurídico compatible con la vida civilizada. Es una burla celebrar elecciones, cuando los ciudadanos no pueden informarse debidamente, no hay una plena libertad de expresión ni hay una separación real y efectiva de los poderes públicos. Al no existir representatividad de los partidos opositores en todas las etapas del proceso, el fraude se vuelve inevitable; ya imaginamos lo que la OEA y “el centro Carter” habrían montado en cuanto a denuncias y gritería, si las condiciones de Venezuela se hubieran dado en El Salvador para los comicios de marzo pasado.

Los pobres venezolanos, incluyendo a los zambos que son la base del poder chavista, fueron a votar libremente por última vez cuando le dieron los poderes a Chávez para cambiar a su antojo la Constitución. E igual les habría pasado a los salvadoreños de haber salido triunfantes los comunistas en marzo pasado: tan pronto llega al poder la extrema izquierda, comienza a conspirar contra el Orden Jurídico y el esquema democrático.

Pero además lo ocurrido en Venezuela deja una valiosa lección: que lo importante es la forma, la apariencia, para recibir las bendiciones de individuos como Carter e inclusive de gobiernos extranjeros. Rellenar urnas y manipular computadoras es lo de menos; lo que vale para “la comunidad internacional” son las colas de borregos.

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