 |
|
Voluntario. El sonsonateco aplicó junto con 16 mil personas
más y ganó el derecho de asistir a los Juegos Olímpicos.
Foto: EDH/AP
|
AP
REDACCION DEPORTES EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Todo le
llegó de golpe. Desde aquella mañana de julio, alrededor
de las seis, en que alguien extraño que hablaba inglés
le despertó con una llamada telefónica, todo ha cambiado
en la vida de Agustín Batres.
Desde entonces ha vivido experiencias increíbles, como volar por
primera vez en avión, conocer Europa y ser parte de los Juegos
Olímpicos.
Este sonsonateco de 22 años, estudiante de licenciatura en inglés
y seguidor del FAS, hace casi ya un año ingresó a la página
web de Atenas 2004 y se inscribió como voluntario.
Y a pesar de que había recibido correos electrónicos donde
le confirmaban su aplicación, la aceptación definitiva se
hacía esperar. Ya había perdido las esperanzas, porque
faltaba menos de un mes y no tenía noticias. Además, leí
en el sitio que ya había acabado el proceso de selección
y agradecían a los 160 mil aplicantes de todo el mundo.
Pero cuando aquella mañana sonó el teléfono, Agustín
recuperó la fe. Enseguida supe que era de Atenas, cuenta.
Como sólo faltaban tres semanas, el problema principal pasó
a ser el boleto aéreo, que se tenía de pagar de su propia
bolsa. Con mi padre empezamos a averiguar para comprarlo financiado,
porque era carísimo. Pero al final el INDES, a través de
la licenciada Cecilia González, me ayudó. Después
me confirmaron que el Presidente de la República me lo iba a regalar,
continúa.
Agustín, que ya había realizado trabajos de voluntario en
los Juegos San Salvador 2002, está destinado al estadio Ano Loissia,
donde se desarrolló el judo y ahora se compite en lucha. Pero los
ratos libres los divide entre algunos paseos por la ciudad o ver algunas
de las competiciones de los Juegos.
Los lugares son hermosos. He subido al Partenón y he visitado
la mayoría de los lugares turísticos. La comida es un poco
cara y me hacen falta las pupusas y los frijoles nuestros, pero la verdad
es que aquí no se come mal, dice.
Como Agustín es árbitro de baloncesto, ese deporte es el
que más le apasiona. Y estando en Atenas hubiera sido un pecado
no ir a ver al menos un juego: Pagué la entrada para ver
Brasil-Rusia y España-Nueva Zelanda, en mujeres, y otro día
asistí a Italia-China y Argentina-Nueva Zelanda, en hombres. Tuve
la suerte de tomarme una foto con Manu Ginobili, quien además me
firmó un autógrafo.
Al igual que el resto de los voluntarios extranjeros, vive en un campamento
especialmente montado para ellos. Aunque no le dan tickets para los juegos,
sí tiene otros privilegios: puede viajar gratis en bus y en metro,
recibe un vale de comida diario, y fue equipado con tres camisas Adidas,
dos pants, tres pares de calcetines, una chumpa, una bolsa y un sombrero.
Además de todo eso, tiene la bandera de El Salvador siempre a mano.
Cada vez que la despliega, siempre alguien exclama a su paso: Oh,
El Salvador. Y se van, quizás tratándose de descifrar
dónde exactamente en el mapa queda ese extraño y lejano
país.