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Mundo de sensaciones

Atenas no sólo recibió la visita de atletas salvadoreños. Agustín Batres también nos representó en los juegos, pero desde su propia trinchera.

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Voluntario. El sonsonateco aplicó junto con 16 mil personas más y ganó el derecho de asistir a los Juegos Olímpicos. Foto: EDH/AP

AP
REDACCION DEPORTES EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Todo le llegó de golpe. Desde aquella mañana de julio, alrededor de las seis, en que “alguien extraño que hablaba inglés” le despertó con una llamada telefónica, todo ha cambiado en la vida de Agustín Batres.

Desde entonces ha vivido experiencias increíbles, como volar por primera vez en avión, conocer Europa y ser parte de los Juegos Olímpicos.

Este sonsonateco de 22 años, estudiante de licenciatura en inglés y seguidor del FAS, hace casi ya un año ingresó a la página web de Atenas 2004 y se inscribió como voluntario.

Y a pesar de que había recibido correos electrónicos donde le confirmaban su aplicación, la aceptación definitiva se hacía esperar. “Ya había perdido las esperanzas, porque faltaba menos de un mes y no tenía noticias. Además, leí en el sitio que ya había acabado el proceso de selección y agradecían a los 160 mil aplicantes de todo el mundo”.

Pero cuando aquella mañana sonó el teléfono, Agustín recuperó la fe. “Enseguida supe que era de Atenas”, cuenta. Como sólo faltaban tres semanas, el problema principal pasó a ser el boleto aéreo, que se tenía de pagar de su propia bolsa. “Con mi padre empezamos a averiguar para comprarlo financiado, porque era carísimo. Pero al final el INDES, a través de la licenciada Cecilia González, me ayudó. Después me confirmaron que el Presidente de la República me lo iba a regalar”, continúa.

Agustín, que ya había realizado trabajos de voluntario en los Juegos San Salvador 2002, está destinado al estadio Ano Loissia, donde se desarrolló el judo y ahora se compite en lucha. Pero los ratos libres los divide entre algunos paseos por la ciudad o ver algunas de las competiciones de los Juegos.

“Los lugares son hermosos. He subido al Partenón y he visitado la mayoría de los lugares turísticos. La comida es un poco cara y me hacen falta las pupusas y los frijoles nuestros, pero la verdad es que aquí no se come mal”, dice.

Como Agustín es árbitro de baloncesto, ese deporte es el que más le apasiona. Y estando en Atenas hubiera sido un pecado no ir a ver al menos un juego: “Pagué la entrada para ver Brasil-Rusia y España-Nueva Zelanda, en mujeres, y otro día asistí a Italia-China y Argentina-Nueva Zelanda, en hombres. Tuve la suerte de tomarme una foto con Manu Ginobili, quien además me firmó un autógrafo”.

Al igual que el resto de los voluntarios extranjeros, vive en un campamento especialmente montado para ellos. Aunque no le dan tickets para los juegos, sí tiene otros privilegios: puede viajar gratis en bus y en metro, recibe un vale de comida diario, y fue equipado con tres camisas Adidas, dos pants, tres pares de calcetines, una chumpa, una bolsa y un sombrero.

Además de todo eso, tiene la bandera de El Salvador siempre a mano. Cada vez que la despliega, siempre alguien exclama a su paso: “Oh, El Salvador”. Y se van, quizás tratándose de descifrar dónde exactamente en el mapa queda ese extraño y lejano país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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