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Como si fuera la Copa América

Argentina superó sin inconvenientes a Italia y definirá el sábado la medalla dorada contra Paraguay.

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

con autoridad. Luis González celebra el segundo gol argentino. Los gauchos le ganaron a Italia 3-0. Foto: EDH/AP

Agencias
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Las medallas siempre son bienvenidas, sobre todo para aquellos países donde precisamente lo que no sobran son logros olímpicos.

No importa el color ni la clase del metal.
Todas se festejan por igual como si se tratara de epopeyas.

Pero cuando se trata del fútbol y Argentina —el mismo caso vale para Brasil—, si no es dorada, parece que no sirviera de nada.

La selección Argentina de Bielsa que ayer venció 3-0 a Italia ha destrozado a todos sus rivales en su cómodo camino a la final. Ha marcado 16 goles y no recibió ninguno.

Tiene a Carlos Tévez, el mejor jugador del torneo, y un equipo, con la base de la Copa América, consolidado en todas sus líneas.

Es el claro favorito en la final ante Paraguay, y lo sabe. Son conscientes de que han llegado demasiado alto. De ahí, sólo hay dos caminos.

El pasaporte a la gloria, que sería la obtención de la medalla de oro, el único título que aún falta en su palmarés. O caerse de ese pedestal donde ellos mismos se han subido a fuerza de fútbol y goles.

Italia, como antes habían sido sus otros rivales, sufrió una humillación que quizás no se trasladó tanto en el resultado.

Fue la impotencia de un equipo defensivo por naturaleza que prácticamente no pudo ver la pelota durante los 90 minutos.

Ni siquiera cuando el resultado adverso, una volea impresionante de Tévez que significó el 1-0, le obigaba a abrirse.

El equipo de Claudio Gentile —famoso por anular al filo de la ley a Diego Maradona en el Mundial 82— se encerró atrás, como si estuviera defendiendo un marcador positivo.

Y así todo le generaron no menos de diez situaciones de gol, una de las cuales concretó Luis González y otra Mariano González para el 3-0.

La clave de Argentina está en cuatro hombres que pasan por un momento excepcional. El decisivo es Tévez, el que anota los goles y el que se lleva todos los aplausos. Pero detrás de él está Javier Mascherano, un monstruo en la recuperación y los relevos, quien a los 20 años parece tener el rodaje de uno de 33.

Ayer se devoró a Andrea Pirlo, el cerebro de los italianos. A ellos se le suman Lucho González, siempre desequilibrante con su tranco largo, y Andrés D’Alessandro, con sus genialidades. Y hay que agregarle una defensa donde el oficio de Roberto Ayala y la calidad de Heinze han construido una muralla casi infranqueable. El resto acompaña.

El público griego, que de entrada se había inclinado por los argentinos por la poca simpatía que tienen con sus vecinos de Italia, despidieron al equipo con una ovación.

Al término del partido, mientras los periodistas italianos aceptaban con resignación la derrota, uno de ellos tuvo las palabras justas para explicar la derrota: “En el fútbol ellos son como el Dream Team. Uno sabe que va a perder, lo que no puede adiviniar es por cuánto”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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