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La reina se fue sin su corona

Todos daban por descontado el oro para Ana Guevara en Atenas, sin embargo apareció Tonique Williams-Darling y botó las esperanzas de la sonoriense.

Publicada 25 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Sin miedo. Tonique Williams-Darling, de Bahamas, no creyó en el poderío de la latina y se impuso con claridad en los 400 metros planos, ayer en Atenas. Foto: EDH/AP

Associated Press
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

A 12 días de haber comenzado los Juegos, los mexicanos ya habían empezado a preocuparse en serio. Sus promesas de medallas no hacían más que fracasar.

Unos segundos antes se habían esfumado las posibilidades de los clavadistas Fernando Platas y Rommel Pacheco.

Y la última esperanza era Ana Guevara, la niña mimada de Sonora.

Ella, que se había preparado en Eslovenia y había llegado horas antes de competir para distraerse con nada, no podía fallarles. Y no falló. ¿O sí? ¿Quién sabe?

La atleta se llevó la plata en los 400 metros y montó un show que eclipsó a Tonique Williams-Darling, de Bahamas, la ganadora del oro, a quien abrazó al cruzar la meta de una carrera electrizante.

Ana se calzó el sombrero mexicano, hizo ondear una bandera griega y saludó a cada uno de sus compatriotas que estaban en el Estadio Olímpico pura y exclusivamente para verle a ella. Fue la más asediada de los ocho finalistas y hasta recibió la felicitación de una eminencia como Carl Lewis.

Consuelo. Pese a perder, la mexicana se llevó las palmas. Foto: EDH/AP

De esta manera, México rompía la sequía y hacía aparecer su nombre, por fin, en el medallero. Ahora, ¿está conforme con la plata? Esa es la pregunta del millón.

Hasta hace unos meses, cuando Guevara dominaba a placer los 400 metros en la Golden League y otros torneos internacionales, el oro parecía descontado, sería un trámite.

Era invencible. Pero una lesión en la rodilla a comienzos de temporada y la irrupción de ese torpedo llamado Williams-Darling abrieron un enorme signo de interrogación respecto de sus posibilidades.

Sobre todo cuando la mexicana perdió con ella en las dos últimas carreras antes de los Juegos Olímpicos. Además, la representante de Bahamas había hecho un mejor registro en las semifinales, un antecedente para tener en cuenta.

La historia, lamentablemente para Guevara, volvió a repetirse en la carrera decisiva de Atenas. Peleó hasta lo último, pero en los 40 metros finales su rival la doblegó. No le alcanzó haber hecho el mejor tiempo de esta temporada (49.56). Williams–Darling, con sus 49.41, se llevó el oro para Bahamas.

Pese al resultado, la medalla de Ana Guevara significa la primera presea para México en Atenas. Foto EDH/AP

En sus confesiones ante los periodistas, Ana dijo que teniendo en cuenta sus lesiones, “esta plata vale como si fuera oro”. Y continuó: “Este año fue muy difícil para mí, creo que si mi condición física hubiera sido la del año pasado el resultado habría sido diferente. Tuve que frenar los entrenamientos por dos meses”.

Parece satisfecha con el segundo escalón del podio, pero hay algo en su mirada, en sus gestos, que induce a pensar que por dentro seguramente correrá un hilo de frustración. Ella sabe más que nadie que la medalla de oro era su gran objetivo.

Competiciones internacionales de renombre, incluso Mundiales, llegarán pronto. Pero los Juegos Olímpicos ahora serán su asignatura pendiente.

La carrera paralizó a México

México quedó paralizado ayer durante la final de los 400 metros planos, en la que la campeona mundial Ana Guevara ganó la medalla de plata y le dio a la nación azteca su primer gran triunfo en los Juegos Olímpicos.

Desde el Presidente Vicente Fox, que apresuró su gira por el estado de San Luis Potosí, pasando por los legisladores que interrumpieron su sesión, hasta los bares, restaurantes y centros comerciales que sintonizaron sus televisores para ver a Guevara, prácticamente todos dejaron de respirar durante la carrera.

Y el esfuerzo de la sonorense no quedó en el olvido. “¡Gracias Ana!”, tituló la edición vespertina “La Segunda de Ovaciones” e ilustró con un foto el momento en el que Guevara manda un beso a los aficionados en el Estadio Olímpico de Atenas al finalizar la prueba.

No fue oro, pero Guevara, de cualquier forma, le dio a su país la plata “después de los fracasos sucesivos de un centenar de atletas de la delegación azteca”, dice el vespertino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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