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Amor para Juliana. Una pareja costarricense tiene bajo su tutela
a esta pequeña desde el pasado mes de febrero.
Foto: EDH
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Carmen Elena
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Lejos de su patria, los esposos Castro Loría hicieron realidad
su sueño: tener una hija. La sorpresa más esperada les llegó
en febrero de este año.
La pareja tuvo la oportunidad de ser los padres de la bebé Juliana,
gracias al Programa de Hogares Sustitutos que desarrolla el Instituto
Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia
(Isna).
En esa oportunidad, la niña apenas tenía cinco meses. Ahora,
a punto de cumplir los 11, estuvo presente junto a su familia, quienes
fueron invitados especiales de la segunda entrega de niños y niñas
a los hogares sustitutos, realizada ayer por la mañana en la institución.
En esta ocasión, 13 infantes, cuyas edades oscilan entre un mes
y ochos años, fueron entregados a igual número de familias
calificadas, quienes han cumplido con los requisitos aprobados, según
la ley del Isna para obtener la tutela.
Estos menores provienen del Hogar del Niño San Vicente de Paul
de San Salvador y del Hogar del Adalberto Guirola de Santa Tecla, La Libertad.
De acuerdo con Ismael Rodríguez, director ejecutivo del Isna, la
finalidad de este programa es brindarle a los infantes desprotegidos un
hogar que les garantice amor y derechos para incorporarse a la sociedad.
Las instituciones de ayuda reciben a los niños que se encuentran
en condiciones de abandono, maltrato físico o que están
en alto riesgo en manos de sus padres y que esperan una familia que les
brinde protección.
Se puede tratar del primer paso para una adopción. Un proceso donde
hay matrimonios, nacionales y extranjeros, que pese a cumplir con los
requisitos de ley, deben incorporarse a las largas listas de espera.
Ante esta situación, Rodríguez argumentó que aunque
el hogar sustituto no es una adopción, sí es una buena alternativa
para reducir el tiempo de espera para el menor y sus padres.
Diego llegó como un milagro
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| El bebé está junto a sus padres.
Foto EDH |
Durante diez largos años, la familia Flores Grande
(como prefirieron ser llamados) trataron por todos los medios de procrear
un hijo.
La suerte no les sonrió ese tiempo, aunque el destino les tenía
preparada una de las formas más tiernas y nobles de tener hijos.
Así fue como hasta ayer pudieron abrazar y besar lo que durante
más de una década fue su deseo.
Diego llegó a nuestra vida como un milagro y una bendición,
apuntó la señora, visiblemente emocionada y con la criatura
en brazos.
Junto a otras 12 familias, los Flores integraron el segundo grupo en lo
que va del año seleccionado para obtener un hijo.
Tuvimos conocimientos del programa, visitamos el Isna y fue así
como a través de fotografías hicimos contacto con el niño,
afirmó el nuevo padre.
Los Flores aseguraron que desde antes de la entrega formal de su hijo
ya lo esperaban para proveerle amor, techo y comida.