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Decomisan armas en el presidio
La Dirección de Centros Penales confirmó ayer que
el estado de emergencia en la penitenciaría de Mariona por
los disturbios podría levantarse hoy al finalizar las inspecciones
en las celdas y pabellones, para facilitar las visitas de mañana.
Anoche siguieron los chequeos en el pabellón 2, donde se
produjeron los incidentes más graves. En los minuciosos registros,
las autoridades se incautaron de gran cantidad de corvos, navajas
artesanales y picahielos.
Foto: EDH
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Julio Mejía / wenceslao
Martínez/ Óscar Iraheta/ Omar González
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Habitantes de Cojutepeque temen que con el traslado de 306 miembros
de la Mara 18 al penal de la ciudad, aumente la inseguridad en la zona.
Los inconformes aseguran que se respira más tranquilidad desde
la clausura temporal del reclusorio.
Tras los incidentes violentos del miércoles en la penitenciaría
La Esperanza, conocida como Mariona, la Dirección de Centros Penales
ordenó el cambio la noche del jueves anterior.
Ya se había solucionado el problema con el cierre de ese
centro, pero nuevamente nos sentimos sumamente preocupados e inseguros
con la llegada de estos reos.
La comunidad estudiantil y vecinos buscaremos la manera de que ese problema
lo trasladen a otro sector, dijo Yone de Souza, gerenta general
del colegio León Sigüenza.
Mientras Ofelia García, una de las vecinas, manifestó que
con la reubicación de los convictos llega la inseguridad
para los barrios San Juan y San José de dicha ciudad.
La crisis la han movido de un lugar a otro. Las autoridades deberían
tomar en cuenta la seguridad en todo el sector, agregó.
Además de los mareros, 81 reclusos comunes fueron llevados a los
centros penales de San Vicente y Apanteos, Santa Ana.
En ambas instalaciones se han incrementado las medidas de seguridad, pero
las autoridades locales han evitado hablar con los periodistas.
De acuerdo con las autoridades de Gobernación y la Dirección
de Centros Penales, en todos los presidios se tomarán medidas para
que no se repitan hechos violentos como el registrado el miércoles
en Mariona.
Aunque el viceministro de Seguridad Ciudadana, Rodrigo Ávila, manifestó
que establecerán estrictos controles.
Los que lleguen a resultar responsables de los incidentes serán
recluidos en la penitenciaría de máxima seguridad en Zacatecoluca,
La Paz, advirtió.
Las autoridades penitenciarias han revelado que el enfrentamiento fue
planificado por bandas que operan en el interior.
Según el director de centros penales, Rodolfo Garay Pineda, en
un período de dos años el número de reos se ha duplicado.
Las cifras penitenciarias indican que hasta diciembre de 2003 el número
de reos ascendía a 6,200 en todo El Salvador.
Ahora en el 2004, centros penales registra 12,117 reclusos a nivel nacional.
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Después de la matanza
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Muertos
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Heridos
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Desplazados
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La cifra oficial asciende a 31
víctimas mortales. El Ministerio de Gobernación asegura
que hubo orden de mutilar y marcar los rostros.
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Contabilizan a 30 reos lesionados,
varios de gravedad. La mayoría recibe atención hospitalaria,
bajo custodia de vigilancia penitenciaria.
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El Gobierno informa que 306 pandilleros
fueron llevados al penal de Cojutepeque. Mientras, 37 reos comunes
a San Vicente y 44, a Apanteos.
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No tiene quien le entierre
La mayoría de víctimas mortales de la gresca
del pasado miércoles en el penal La Esperanza, conocido como Mariona,
ya fue identificada.
Entre los pocos cuerpos que quedan en los cuartos frigoríficos
de la morgue del Instituto de Medicina Legal, se encuentra el de José
Roberto Santamaría, quien daba clases de matemática en el
presidio y estaba a punto de que lo pusieran en libertad.
José no era visitado por ningún familiar desde hace mucho
tiempo en el penal. Así lo aseguró la única amiga
que le llegaba a ver.
La mujer, que no quiso ser identificada, llegó a la morgue a comprobar
el deceso del recluso, a quien conoció cuando ella visitaba a un
hijo. Por medio de la fotografía pegada en una cartulina, la señora
identificó a José Roberto.
Estoy segurísima de que es él. Me da tristeza porque
nadie le podrá enterrar, dijo consternada.
La amiga de Santamaría afirmó que la madre se llama Ángela
Santamaría, y lo último que contó el preso era que
vivía en Sacacoyo, municipio deLla Libertad, donde era la presidente
de una directiva comunal.
Ojalá que algún familiar aparezca y lo puedan sacar
porque a mí no me lo quisieron entregar, manifestó
la señora.