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Insólito
Notario traspasó los bienes de un moribundo inconsciente en hospital

Investigación. El fedatario tomó la huella digital de esta persona, quien falleció tres días después. La familia exige una respuesta.

Publicada 21 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Ivette Amaya/J.R.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Un área restringida del Hospital Médico Quirúrgico del Seguro Social (ISSS), se convirtió por unos instantes en toda una oficina jurídica, donde se tramitó la venta de una propiedad con un paciente en estado inconsciente.

Lucio Obispo Alfaro Durán, de 68 años y maestro de profesión, nunca logró darse cuenta de que vendió un terreno, ubicado en San Sebastián, departamento de San Vicente, pocos días antes de morir.

También sus herederos desconocían la anomalía, hasta el momento de hacer la repartición de la herencia entre la familia.

Al tratar de reclamar la propiedad, cuyo heredero legal sería José Lorenzo Alfaro Durán, hijo del paciente fallecido, se encontraron, de la noche a la mañana, con el cambio de propietario.

El inmueble está a nombre de Amalia del Carmen Hernández Alfaro desde el 24 de julio de 2003, como consta en el contrato de compra-venta suscrito dentro del hospital y autenticado por un notario.

La compradora, quien al parecer es sobrina del enfermo, supuestamente canceló la cantidad de 40 mil colones ($4,570) por cuatro parcelas de terreno, cuyas medidas suman unos 1,300 metros cuadrados.

Pero para poder realizar el documento de traspaso de propietario, tanto Amalia como el notario José Horacio Díaz y un testigo tuvieron que adentrarse en el área hospitalaria, donde el paciente convalecía de una encefalopatía hepática, producto de un cáncer en ese órgano del cuerpo.

Auditoría

Por su incapacidad para firmar documento alguno, el notario se valió de la huella dactilar del casi moribundo para redactar el contrato de compra-venta y presentarlo como legal ante cualquier autoridad, aún ante los mismos familiares.

Todo fue realizado en tal grado de anonimato ante los parientes, que los Alfaro comenzaron a impugnar el documento meses después de la muerte de Don Lucio, producto de las complicaciones de su enfermedad.

Según el Lic. Froilan Sánchez, jefe del departamento de Procuración del ISSS, fue hasta mayo de este año que la familia pidió información del expediente de Don Lucio, a través del abogado Edgardo Coreas, para comprobar la autenticidad del trámite hecho dentro de las instalaciones médicas.

De inmediato, las autoridades exigieron la realización de una auditoria médica y de procedimiento.

Como resultado se constató la incapacidad del enfermo de hacer contrato alguno por su estado de inconsciencia, debido a su enfermedad y a los medicamentos que le administraban en la fecha en que se efectuó la tramitación.

Tal fue la relevancia del caso dentro de la institución que las máximas autoridades administrativas quisieron tomar cartas en el asunto y no dejarlo impune.

Tras tener conocimiento del hallazgo, el departamento jurídico redactó una denuncia del hecho, la cual fue presentada ayer por la tarde ante la Fiscalía General de la República (FGR), para que deduzca responsabilidades en los posibles implicados.

Según consta en el documento de recepción de la denuncia, los delitos en los que se incurre son Falsedad Material e Infidelidad en la Custodia de Registros o Documentos Públicos, los cuales están tipificados y sancionados en los artículos 238 y 334 del Código Penal.

Junto a la denuncia, los representantes del ISSS presentaron copia de la auditoria interna, además de las medidas administrativas implementadas en los centros de atención luego de este insólito suceso (nota adicional).

“Tenemos sospechas de que pudieron intervenir empleados del hospital, ya que el área donde estaba el enfermo es un área de poco acceso para los visitantes”, manifestó Sánchez.

Por su parte, el Dr. Díaz, notario del documento, se defiende alegando la validación de la huella para realizar este tipo de contratos y la interrupción en el cuarto del enfermo por su cercanía con él a través de lazos de amistad.

La familia Alfaro, por su parte, aún no ha interpuesto demanda alguna, ya que espera la documentación del ISSS para presentarla como una prueba, según explicó el Lic. Coreas, representante legal de los afectados.

Ahora sólo falta que el mecanismo de la justicia comience a trabajar, y esclarezca los hechos.

Refuerzan control en el ISSS

Para evitar que sucedan hechos como el mencionado, en el que un notario tomó la huella digital de un paciente moribundo con fines legales, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) ha puesto en práctica una serie de recomendaciones dirigidas a la visita hospitalaria y el manejo y custodio del expediente clínico de los derechohabientes fallecidos.

Aspectos oscuros del contrato
El criterio médico, en el que se ampara la familia, indica que el enfermo permaneció sedado o con el estado de conciencia alterado, por lo que infiere que no tenía la capacidad de avalar el contrato.
Enfermo estaba sedado
El informe del ISSS explica que al paciente, antes de morir, se le aplicaron “potentes analgésicos” que son estupefacientes de tipo opiáceo, por lo que permanecía adormecido.
Estaba imposibilitado
El contrato de compra-venta indica en uno de
los apartados que el otorgante no puede firmar por imposibilidad física. No obstante deja constancia de la huella digital.
La marca de la discordia
En estado delicado de salud, según indica el informe del Seguro Social, el notario y amigo del ex profesor jubilado le puso la huella dactilar del dedo pulgar derecho sobre el documento.
Investigación en marcha
La Fiscalía General de la República tipificó el delito como falsedad material e infidelidad en la custodia de registros o documentos públicos.
Cronología de los hechos
- 10 de julio de 2003. El enfermo se agrava y los médicos le someten a un fuerte tratamiento de analgésicos para aliviar el dolor. Queda inconsciente.

- 24 de julio. El notario procede a tomarle la huella para hacer valer el contrato de compra-venta.

- 27 de julio. El paciente fallece de cáncer hepático en el Hospital Médico Quirúrgico.

- 24 de mayo de 2004. La familia pide explicaciones de la acción al Seguro Social.

- 20 de agosto de 2004. El Instituto Salvadoreño del Seguro Social denuncia este hecho ante la Fiscalía General de la República

“Para la celebración de actos o contratos se deberá tener una autorización por escrito del médico que asiste al paciente para establecer su estado de salud que determine... su estado de conciencia y orientación en el tiempo, lugar y persona.

Además del visto bueno del director del centro asistencial”, reza una de las conclusiones de la auditoría interna realizada por la institución sanitaria.

El incumplimiento de estas medidas invalidará cualquier aspecto de tipo legal.

Además de estos aspectos, los encargados de entregar las tarjetas de visita a los familiares deberán informarles que el fin es que éstas inciden de forma positiva en la recuperación del paciente, “evitando que generen al paciente estress que no sean propios de su enfermedad”.

En caso contrario, los trabajadores se expondrán a unas sanción muy grave, según especifica el documento.

En última instancia, el director del centro hospitalario tendrá la última palabra para permitir la visita de las personas.

El ISSS también lanzó una serie de medidas dirigidas a “proteger” los expedientes clínicos de los fallecidos.

Entre otros aspectos, el médico deberá anular espacios vacíos con el fin de evitar anotaciones posteriores que pudieran tergiversar la información inicial. También, cualquier extravío o alteración de las hojas deberá ser comunicado con urgencia al encargado.

“Yo le tomé la huella”
Amparándose en la Ley del Notariado, el Dr. José Horario Díaz respaldó la acción de tomar la huella al enfermo para el testimonio de escritura de compra-venta del terreno e insistió en que, en ese momento, Lucio Obispo Alfaro Durán, de 68 años, estaba consciente.

“No, para nada, él estaba lúcido. Hasta hay una doctora de testigo”, expresó el notario al preguntarse sobre cómo encontró al enfermo ingresado en el Hospital Médico Quirúrgico.

El profesional, con voz cortante y preciso, se negó a dar otros detalles como el nombre de la profesional que estaba con él cuando tomó la huella.

Cuestionado acerca del por qué el derechohabiente, un profesor jubilado, no firmó el contrato, respondió que “no estaba en la capacidad de firmar”.

Horario Díaz apuntó que eran amigos de años y que, por eso él mismo realizó el procedimiento.

El profesional indicó que la compradora es una sobrina de él, quien habría actuado al margen del resto de la familia.

Las afirmaciones del experto en derecho contradicen la auditoria que dio a conocer el Seguro Social, donde se constata que el paciente estuvo sometido a diversos tipos de tratamientos y sedantes que le mantenían inconsciente en todo momento.

“Podemos inferir que el derechohabiente no tenía la capacidad de entender, comprender o discernir la celebración de Actos...”, dice el documento de un paciente que murió dos o tres días después de que le tomaran la mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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