Eduardo
Torres*
El Diario de Hoy
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Ser
o no ser demócrata.Ese es para mí el asunto en Venezuela
tras el resultado electoral del referendo del pasado domingo.
Salieron los venezolanos a votar y, ciertamente, hubo irregularidades
que llevaron, dos veces, a prorrogar la hora tope de la votación.
La oposición argumenta que hubo megafraude, programado
electrónicamente, pero a no ser que se compruebe un fraude a gran
escala, dado el millón y medio de votos de diferencia, ganó
Hugo Chávez y lo hizo por un porcentaje más amplio del que
para cualquier lado pudieron haber indicado las encuestas.
Existiendo en nuestra América Latina una marcada tendencia a gritar
foul después de elección tras elección,
cuando, por adverso, no gusta el resultado, pues prácticamente
quedó definido el referendo tras el visto bueno que a la jornada
electoral le dieran César Gaviria, secretario general de la OEA,
y el ex presidente estadounidense Jimmy Carter.
Aunque como lo puso ayer editorialmente The Washington Post,
si no tiene fundamento el argumento de la oposición de fraude masivo,
pues el Sr. Chávez no tiene nada que perder permitiendo una
comprobación de los resultados, legitimando con ello (el resto
de) su mandato, alcanzado con el 58% de los votos.
Quien esto escribe no confía a nivel personal en las credenciales
democráticas de Hugo Chávez, por parecerle más castrista
que bolivariana su revolución. Lógica, por lo
tanto, le parece la desconfianza de la oposición venezolana. Pero
si bien tiene ésta la facultad de buscar ganar la batalla, cuesta
arriba, de demostrar el megafraude, no deberían únicamente
ver hacia fuera. ¿Qué fue lo que pasó?, me parecería
a mí una pregunta válida para hacerse hacia dentro. Por
qué, por ejemplo, no emergió un líder que se enfrentara
directamente a Chávez, dándole a la oposición como
marcadamente tiene el oficialismo un rostro humano.
En qué momento y por qué se perdió el moméntum,
es decir, la clara ventaja a favor que hace algunos meses llevaban en
las encuestas. Y cómo fue que estando el 74% de los venezolanos
a favor de la democracia según la última medición
de opinión pública en América Latina de la firma
chilena Latinobarómetro, publicada por la revista The Economist
en su última edición, y manifestándose más
del 60% de la población a favor de la economía de mercado,
haya habido votación tan masiva a favor de Hugo Chávez.
Grande, gigantesco, es el reto que tiene Venezuela.
Si bien se sacó la lotería este año con los altísimos
precios del petróleo en el mercado internacional, debido esencialmente
a la guerra en Iraq, la turbulencia en el Oriente Medio, la quiebra de
la petrolera rusa Yukos, la inestabilidad política en Venezuela
y la creciente demanda china por el crudo, el país está
severamente dividido en dos. La caída económica ha sido
profunda, libre durante los años, y la inflación finalizó
el año pasado en un 30%. Adoleciendo el gobierno de Chávez
de capacidad gerencial, feroz ha sido la retórica en abono a la
lucha de clases. No fácilmente podrán cambiar lo anterior,
aunque de corazón, se les desea.
Idealmente, dijo ayer el Post en su editorial,
el Sr. Chávez va a recibir este mandato como la oportunidad
de buscar la reconciliación en este dividido y altamente polarizado
país. El peligro es que en vez de ello intente utilizar su poder
para restringir los pesos y contrapesos de la democracia.
Esto último es para mí el desafío que viene para
Venezuela: el respeto a la institucionalidad democrática. Algo
a lo que debe estar vigilante la comunidad internacional, en especial
los latinoamericanos, so pena de que se vuelva letra muerta la Carta
democrática de la OEA, firmada en Lima, Perú, el 11 de septiembre
de 2001, día de los atentados terroristas a Nueva York y Washington.
Así concluye una nueva fase del proceso político en Venezuela
que a todos los que vivimos en este hemisferio, de alguna u otra manera
nos mantiene inquietos. Ojalá la sensatez prevalezca y no se llegue
a perder el medio siglo que lleva la democracia en Venezuela. Es asunto
de pesos y contrapesos; es asunto de que sin ser un sistema perfecto de
vida cómo habría de serlo si ha sido construido por
seres humanos tras muchos sufrimientos, capitalizando las lecciones de
la historia, es el mejor que existe para normar la coexistencia
pacífica en las sociedades.
Dios quiera que así sea.
*Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de
Hoy.