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Punto de vista
Cuando no es rentable portarse bien

El que es honesto no lo hace por temor a caer preso, o porque haciendo negocios limpios gana más dinero. El que es honesto vive así porque sabe que es mejor una conciencia tranquila que la cuenta bancaria más jugosa.

Publicada 21 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Si alguna vez le preguntaran ¿es rentable portarse bien? Habría que responder, como a toda pregunta directa, con un salomónico “depende”.
Si lo único en verdad importante fuera el dinero y nada más que el dinero, parece claro que portarse bien no sería rentable.

Si en la vida se tratara sólo de conseguir plata, tendría mucha razón el padre que aconsejaba a su hijo adolescente: “Hijo mío, lo importante en esta vida es hacer dinero. Si puedes, honestamente. Si no, haz dinero...”. ¡Ay! Si todo fuera tan sencillo en la vida como contar con medios ilimitados.

El que piensa que el dinero lo es todo, en realidad, no es muy inteligente. Habría comprendido parcialmente lo que es la vida, lo que es la persona. Habría confundido lo que es un medio para alcanzar bienes más importantes con un fin en sí mismo. Y ya se sabe: cuando lo que debe ser medio se convierte en fin, además de que nunca satisfará los deseos (pues los medios nunca los colman, aunque se tengan en superabundancia), se termina por perder los verdaderos fines.

En los negocios, en la política, habrá algunos que dirán que es más rentable ser ético que no serlo pues, en el largo plazo, todo termina por salir a flote: las estratagemas sucias y las zancadillas al colega —por no hablar del daño que se procura al contrincante— terminan por descubrirse tarde o temprano (generalmente más tarde que temprano, dependiendo de la habilidad del delincuente).

Sin embargo, hay por allí algunos ejemplos de personas que sin el menor escrúpulo se han embolsado buenas sumas de dinero de manera fraudulenta, y tan campantes... Entonces, el recurso al plazo en que saldrán a la luz pública los fraudes no es admisible, pues, si caen en las redes de la justicia, lo que podrá decirse de ellos no sólo es que fueron corruptos, sino tontos, pues dejaron cabos sueltos que permitieron echarles mano.

No es sólo una cuestión de plazo. El que es honesto, el que se porta bien, no lo hace por temor a caer preso, o porque haciendo negocios limpios gana más dinero. El que es honesto vive así porque sabe —consciente o inconscientemente—, que es mejor una conciencia tranquila que la cuenta bancaria más jugosa.

Es verdad que en los últimos años muchas empresas se han percatado de los beneficios económicos que supone portarse bien. Códigos de ética, cursos, incentivos a los empleados, han hecho más productivos los negocios. Pero, hoy por hoy, los directivos enfrentan un gran reto: ¿son estos resultados el único motivo para conducirse éticamente en la vida de trabajo? ¿Sólo lo económico es el único horizonte de la vida de las personas y, por tanto, de las empresas?

Es evidente que no. En la vida hay siempre bienes mayores que los meramente económicos: el primero y más importante es la familia, los hijos, los padres. Para las personas religiosas, los valores espirituales son muy importantes. Para otros, el principal fin de su vida puede ser el amor a la patria, el cuidado del prestigio del nombre familiar, etc.

Esos, por citar fines nobles. Pero, también en el campo de los fines menos nobles, hay personas que viven para el poder, para el placer o para el reconocimiento social. Aunque, a fin de cuentas, el dinero sea ”en todos los casos, nobles o viles” un medio necesario, pero no suficiente, para alcanzar fines más altos.

Que el comportamiento ético en las empresas o en la política sea más rentable que su contrario, no es la razón última de por qué se debe actuar de manera ética. La rentabilidad es sólo una de las propiedades del comportamiento éticamente correcto. Si la ética se basara sólo en esas argumentaciones, su discurso se podría comparar con el de quien recomienda no beber un veneno sólo porque tiene muy mal sabor. Si así fuera, mientras todo quedara en una cuestión de gusto, las personas quedarían expuestas a beber cualquier veneno si el sabor lo hiciera apetecible.

Así las cosas, replanteemos de nuevo la pregunta: ¿Es rentable portarse bien? si por rentabilidad entendemos la tranquilidad de conciencia, el desarrollo personal como hombres y mujeres de bien; si la ganancia que más nos importa es el bien de los que queremos: sí, sí es rentable portarse bien. Pero, si el valor más preciado en nuestra vida es el simple dinero, el placer, el poder o la vanidad satisfecha, por supuesto que no es rentable portarse bien. Que cada uno escoja.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.



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