Carlos
Mayora Re*
El Diario de Hoy
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Si
alguna vez le preguntaran ¿es rentable portarse bien? Habría
que responder, como a toda pregunta directa, con un salomónico
depende.
Si lo único en verdad importante fuera el dinero y nada más
que el dinero, parece claro que portarse bien no sería rentable.
Si en la vida se tratara sólo de conseguir plata, tendría
mucha razón el padre que aconsejaba a su hijo adolescente: Hijo
mío, lo importante en esta vida es hacer dinero. Si puedes, honestamente.
Si no, haz dinero.... ¡Ay! Si todo fuera tan sencillo en la
vida como contar con medios ilimitados.
El que piensa que el dinero lo es todo, en realidad, no es muy inteligente.
Habría comprendido parcialmente lo que es la vida, lo que es la
persona. Habría confundido lo que es un medio para alcanzar bienes
más importantes con un fin en sí mismo. Y ya se sabe: cuando
lo que debe ser medio se convierte en fin, además de que nunca
satisfará los deseos (pues los medios nunca los colman, aunque
se tengan en superabundancia), se termina por perder los verdaderos fines.
En los negocios, en la política, habrá algunos que dirán
que es más rentable ser ético que no serlo pues, en el largo
plazo, todo termina por salir a flote: las estratagemas sucias y las zancadillas
al colega por no hablar del daño que se procura al contrincante
terminan por descubrirse tarde o temprano (generalmente más tarde
que temprano, dependiendo de la habilidad del delincuente).
Sin embargo, hay por allí algunos ejemplos de personas que sin
el menor escrúpulo se han embolsado buenas sumas de dinero de manera
fraudulenta, y tan campantes... Entonces, el recurso al plazo en que saldrán
a la luz pública los fraudes no es admisible, pues, si caen en
las redes de la justicia, lo que podrá decirse de ellos no sólo
es que fueron corruptos, sino tontos, pues dejaron cabos sueltos que permitieron
echarles mano.
No es sólo una cuestión de plazo. El que es honesto, el
que se porta bien, no lo hace por temor a caer preso, o porque haciendo
negocios limpios gana más dinero. El que es honesto vive así
porque sabe consciente o inconscientemente, que es mejor una
conciencia tranquila que la cuenta bancaria más jugosa.
Es verdad que en los últimos años muchas empresas se han
percatado de los beneficios económicos que supone portarse bien.
Códigos de ética, cursos, incentivos a los empleados, han
hecho más productivos los negocios. Pero, hoy por hoy, los directivos
enfrentan un gran reto: ¿son estos resultados el único motivo
para conducirse éticamente en la vida de trabajo? ¿Sólo
lo económico es el único horizonte de la vida de las personas
y, por tanto, de las empresas?
Es evidente que no. En la vida hay siempre bienes mayores que los meramente
económicos: el primero y más importante es la familia, los
hijos, los padres. Para las personas religiosas, los valores espirituales
son muy importantes. Para otros, el principal fin de su vida puede ser
el amor a la patria, el cuidado del prestigio del nombre familiar, etc.
Esos, por citar fines nobles. Pero, también en el campo de los
fines menos nobles, hay personas que viven para el poder, para el placer
o para el reconocimiento social. Aunque, a fin de cuentas, el dinero sea
en todos los casos, nobles o viles un medio necesario, pero
no suficiente, para alcanzar fines más altos.
Que el comportamiento ético en las empresas o en la política
sea más rentable que su contrario, no es la razón última
de por qué se debe actuar de manera ética. La rentabilidad
es sólo una de las propiedades del comportamiento éticamente
correcto. Si la ética se basara sólo en esas argumentaciones,
su discurso se podría comparar con el de quien recomienda no beber
un veneno sólo porque tiene muy mal sabor. Si así fuera,
mientras todo quedara en una cuestión de gusto, las personas quedarían
expuestas a beber cualquier veneno si el sabor lo hiciera apetecible.
Así las cosas, replanteemos de nuevo la pregunta: ¿Es rentable
portarse bien? si por rentabilidad entendemos la tranquilidad de conciencia,
el desarrollo personal como hombres y mujeres de bien; si la ganancia
que más nos importa es el bien de los que queremos: sí,
sí es rentable portarse bien. Pero, si el valor más preciado
en nuestra vida es el simple dinero, el placer, el poder o la vanidad
satisfecha, por supuesto que no es rentable portarse bien. Que cada uno
escoja.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de
Hoy.