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Del momento
Al Qaeda, ¿para qué?

Los salvadoreños no necesitamos de Al Qaeda para vivir una tragedia. Nos ha bastado un accidente de tránsito y una revuelta en el penal de Mariona, para acumular la escalofriante cifra de casi 70 muertos.

Publicada 21 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Las reiteradas amenazas del fantasmagórico grupo Mohamed Ata Al Qaeda Jihad nos ha dado tema de conversación y sobresalto durante las últimas semanas.

Han sido diversas las reacciones a sus advertencias de volvernos enemigos del islam o hacer correr sangre salvadoreña si no sacamos a nuestras tropas de territorio iraquí. Algunos padres han decidido prohibir a sus hijos acercarse a los centros comerciales o lugares muy concurridos, pues temen que los hijos de Alá decidan colocar un coche bomba en estos lugares y volarlos en mil pedazos.

Otros salvadoreños prefieren, simplemente, hacer caso omiso de los ultimátum, como si estos chantajes fueran obra de una banda de chiquillos malcriados. Mientras, el gobierno ha mostrado una actitud que no se sabe si es chicha o limonada, restándole credibilidad al asunto, insinuando que es una estratagema del FMLN, al tiempo que aumenta sensiblemente las medidas de seguridad.

Cuando menos, podemos descartar un atentado en alguno de nuestros estadios, pues con el pésimo papel de la selección nacional, y nuestro mal fútbol en general, dichos escenarios lucen tan desolados que a ningún terrorista se le ocurrirá considerarlo un buen objetivo.

Ahora bien, si estos “al qaedianos” van a optar por estrellarnos un avión, si nos van a inundar de ántrax o un barbudo con turbante se va a convertir en una bomba humana en alguna plaza pública, no es en realidad el punto central de mi comentario.

A lo que quiero llegar es que, francamente, los salvadoreños no necesitamos de Al Qaeda para vivir una tragedia. Nos ha bastado un accidente de tránsito el fin de semana y una revuelta en el penal de Mariona, para acumular la escalofriante cifra de casi 70 muertos y un centenar de heridos graves, algo en verdad digno de un ataque terrorista, sin contar los muertos diarios producto de la delincuencia, la violencia social y otras causas.

Nos quitamos la vida y la paz, temiendo a enemigos foráneos, cuando nuestra verdadera amenaza se encuentra ya dentro de nuestro territorio. Despertemos, no es Al Qaeda, somos los propios salvadoreños.

Son los dueños de autobuses, quienes por ganar unos dólares más, les vale madre que sus unidades sean chatarras móviles, de frenos defectuosos, sobrecargadas, verdaderas trampas mortales, como lo ha demostrado la experiencia.

También son los que deciden meter en un solo penal a dieciochos, a treces y comunes, quizá para que se maten a gusto, pues, al fin y al cabo, como pensarán algunos, lo que hacemos es librarnos de un problema. Algo similar al sospechoso incendio en un penal en Honduras.

Nuestro Al Qaeda son los bolos y bolas al volante, como la que se llevó de encuentro nueve automóviles sin darse cuenta, o el que decidió tirarse un clavado en las aguas negras con tal de no ser apresado.

Son los malos maridos, como el viejo que no solo le apuñaló los ojos a su mujer, sino que le roció insecticida, “para que no volviera a ver a ningún otro hombre”.

También son terroristas los que les venden metanol a los bolitos consuetudinarios y les matan o dejan ciegos sin sentir ningún remordimiento, pues, al fin y al cabo, son una basura social que, “de todos modos se van a morir de tanto chupar”. Aquí incluyo a los que venden pega de zapatos, drogas y cigarros a los menores.

No dejo de incluir a los que trafican con los controles de emisiones de gases en automóviles, pues no toman en cuenta que su actitud aumenta el número de niños asmáticos y de ancianos con enfisema pulmonar.

Terroristas son los que destruyen zonas boscosas en nombre del progreso, comprometiendo el futuro, el aire y el agua de las nuevas generaciones.

Igualmente nocivos son los que cortan cabezas, apuñalan o matan por un par de dólares.

Entonces me pregunto: ¿Realmente necesitamos a Al Qaeda? No, para nada, nos basta y sobra con nuestro propio terrorismo a la salvadoreña.

Nos basta con nuestra propia indiferencia, con nuestra propia irresponsabilidad y nuestra creciente violencia social.

Me temo que los amigos de Osama, más que atacarnos, van a salir huyendo de aquí.

*Columnista de El Diario de Hoy.
scastellanos @elsalvador.com



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