Salvador
Castellanos*
El Diario de Hoy
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Las
reiteradas amenazas del fantasmagórico grupo Mohamed Ata Al Qaeda
Jihad nos ha dado tema de conversación y sobresalto durante las
últimas semanas.
Han sido diversas las reacciones a sus advertencias de volvernos enemigos
del islam o hacer correr sangre salvadoreña si no sacamos a nuestras
tropas de territorio iraquí. Algunos padres han decidido prohibir
a sus hijos acercarse a los centros comerciales o lugares muy concurridos,
pues temen que los hijos de Alá decidan colocar un coche bomba
en estos lugares y volarlos en mil pedazos.
Otros salvadoreños prefieren, simplemente, hacer caso omiso de
los ultimátum, como si estos chantajes fueran obra de una banda
de chiquillos malcriados. Mientras, el gobierno ha mostrado una actitud
que no se sabe si es chicha o limonada, restándole credibilidad
al asunto, insinuando que es una estratagema del FMLN, al tiempo que aumenta
sensiblemente las medidas de seguridad.
Cuando menos, podemos descartar un atentado en alguno de nuestros estadios,
pues con el pésimo papel de la selección nacional, y nuestro
mal fútbol en general, dichos escenarios lucen tan desolados que
a ningún terrorista se le ocurrirá considerarlo un buen
objetivo.
Ahora bien, si estos al qaedianos van a optar por estrellarnos
un avión, si nos van a inundar de ántrax o un barbudo con
turbante se va a convertir en una bomba humana en alguna plaza pública,
no es en realidad el punto central de mi comentario.
A lo que quiero llegar es que, francamente, los salvadoreños no
necesitamos de Al Qaeda para vivir una tragedia. Nos ha bastado un accidente
de tránsito el fin de semana y una revuelta en el penal de Mariona,
para acumular la escalofriante cifra de casi 70 muertos y un centenar
de heridos graves, algo en verdad digno de un ataque terrorista, sin contar
los muertos diarios producto de la delincuencia, la violencia social y
otras causas.
Nos quitamos la vida y la paz, temiendo a enemigos foráneos, cuando
nuestra verdadera amenaza se encuentra ya dentro de nuestro territorio.
Despertemos, no es Al Qaeda, somos los propios salvadoreños.
Son los dueños de autobuses, quienes por ganar unos dólares
más, les vale madre que sus unidades sean chatarras móviles,
de frenos defectuosos, sobrecargadas, verdaderas trampas mortales, como
lo ha demostrado la experiencia.
También son los que deciden meter en un solo penal a dieciochos,
a treces y comunes, quizá para que se maten a gusto, pues, al fin
y al cabo, como pensarán algunos, lo que hacemos es librarnos de
un problema. Algo similar al sospechoso incendio en un penal en Honduras.
Nuestro Al Qaeda son los bolos y bolas al volante, como la que se llevó
de encuentro nueve automóviles sin darse cuenta, o el que decidió
tirarse un clavado en las aguas negras con tal de no ser apresado.
Son los malos maridos, como el viejo que no solo le apuñaló
los ojos a su mujer, sino que le roció insecticida, para
que no volviera a ver a ningún otro hombre.
También son terroristas los que les venden metanol a los bolitos
consuetudinarios y les matan o dejan ciegos sin sentir ningún remordimiento,
pues, al fin y al cabo, son una basura social que, de todos modos
se van a morir de tanto chupar. Aquí incluyo a los que venden
pega de zapatos, drogas y cigarros a los menores.
No dejo de incluir a los que trafican con los controles de emisiones de
gases en automóviles, pues no toman en cuenta que su actitud aumenta
el número de niños asmáticos y de ancianos con enfisema
pulmonar.
Terroristas son los que destruyen zonas boscosas en nombre del progreso,
comprometiendo el futuro, el aire y el agua de las nuevas generaciones.
Igualmente nocivos son los que cortan cabezas, apuñalan o matan
por un par de dólares.
Entonces me pregunto: ¿Realmente necesitamos a Al Qaeda? No, para
nada, nos basta y sobra con nuestro propio terrorismo a la salvadoreña.
Nos basta con nuestra propia indiferencia, con nuestra propia irresponsabilidad
y nuestra creciente violencia social.
Me temo que los amigos de Osama, más que atacarnos, van a salir
huyendo de aquí.
*Columnista de El Diario de Hoy.
scastellanos
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