Carmen
María Gallardo Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Diez años como
columnista han marcado mi vida, exigiéndome rigor intelectual,
constante investigación y apego a la verdad.
Formar opinión no es cosa que debe tomarse a la ligera. El columnista
publica para contribuir al debate ciudadano, porque conoce del tema o
al menos, posee vivencias que le facultan para emitir una opinión.
Cuando se escribe, es preciso poseer la debida información y manejarla
con claridad, so pena de confundir al lector.
Los parámetros culturales de nuestro país demuestran que
sólo una minoría suele leer los editoriales de la prensa
escrita. Y desafortunadamente en un país donde se lee poco, se
limita la capacidad de análisis y, por consiguiente, de participación
en la vida nacional.
No obstante, con gran satisfacción pude percatarme de que el número
de lectores de esta columna iba aumentando.
La realidad nacional demanda participación ciudadana en temas de
gobernabilidad, de democracia, de desarrollo sostenible, de seguridad
estratégica, sostenibilidad ambiental, de salud, de educación,
de valores, por citar algunos.
En la vida democrática, el ciudadano precisa encontrar opiniones
sólidas aunque opuestas que lo informen y le ayuden
a formarse opinión.
En este sentido, la apertura de los medios escritos a los columnistas
de diversas disciplinas se ha convertido en un valioso instrumento de
libertad de expresión.
El fenómeno que presenciamos de la transculturización en
vista del número de salvadoreños que viven fuera,
así como de la globalización que trasciende fronteras y
crea lo instantáneo, nos lleva a tratar de entender el mundo y
lo que sucede por encima de nuestro territorio.
La humanidad vive actualmente profundas transiciones, y los problemas
de dimensión global ponen en riesgo la estabilidad y seguridad
de aquellos países que se aíslan al buscar soluciones a
sus problemas.
La toma de decisiones de los gobernantes tiene con frecuencia, hoy en
día, impacto global para la humanidad. El Salvador forma parte
de la comunidad internacional y su proceso histórico, desde los
Acuerdos de Paz, ha situado a nuestro país en una posición
privilegiada y, a la vez, comprometida ante los demás países.
El comportamiento que solemos adoptar entre salvadoreños con relación
a los problemas nacionales depende en gran medida de nuestra forma de
percibir el mundo actual y de valorar la cooperación internacional
como expresión de solidaridad, de concordia entre pueblos, así
como de transparencia con quienes nos ayudan.
Como país hemos iniciado una nueva era de responsabilidad en términos
políticos y económicos. Hemos emprendido una renovación
cultural en favor de nuestra juventud. De ellos depende que en El Salvador
exista entendimiento, tolerancia, justicia y respeto a la ley.
El mundo se mueve hacia la búsqueda de soluciones compartidas y
de valores globales. Nuestro país debe definir sus prioridades
en forma institucional, con visión de mayor alcance, integrando
a la sociedad en la toma de decisiones.
Formar opinión incluye facilitar la comprensión y el respeto
de otras culturas y la capacidad de diálogo con quien piensa diferente.
El debate de las ideas es el curso que hemos de adoptar cuando los problemas
nos separan y nos fragmentan.
El enfoque hacia la política y la forma de hacer política
es diferente. A su vez, la ciudadanía posee nuevas exigencias y
plantea nuevos retos. Los funcionarios públicos precisan formarse
opinión a través de sus asesores, así como del análisis
equilibrado en los medios de comunicación.
Esta columna ha situado su análisis principalmente en una visión
de lo internacional. Desde El Salvador hemos de percibir al mundo en su
nueva dimensión y constante evolución, a fin de encontrar
soluciones acordes a la realidad nacional.
Vísperas de asumir el cargo de Representante Permanente de El Salvador
ante Naciones Unidas en Nueva York, me impongo la difícil decisión
de cerrar esta columna.
Me anima el espíritu de servir a El Salvador ante el máximo
organismo de las relaciones internacionales. La ONU fue creada como reza
la Carta constitutiva en representación de los pueblos,
lo cual se traduce en el hecho de que los gobiernos de los países
miembros, a través de sus representaciones diplomáticas
deben actuar en nombre de su pueblo.
Conviene que el funcionario público escriba ante la opinión
pública para informar de su gestión y enriquecer al debate
nacional; mas tendrá que ceñirse en determinados casos a
ciertas posturas que su cargo le imponen.
Los lectores conocerán de la labor que realizará la Misión
Permanente de El Salvador ante Naciones Unidas como parte de la estrategia
de comunicación que nuestra Cancillería ha decidido establecer
ante los salvadoreños.
Entre tanto, amigo lector, por su interés, apoyo y sana crítica,
mi agradecimiento.
*Columnista de El Diario de Hoy.