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Despedida
Gracias, amigo lector

Es bueno expresar también que la población salvadoreña ha experimentado ya el grado de madurez suficiente para conocer y escoger sin mayor esfuerzo el candidato y su plan de Gobierno.

Publicada 21 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carmen María Gallardo Hernández*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Diez años como columnista han marcado mi vida, exigiéndome rigor intelectual, constante investigación y apego a la verdad.

Formar opinión no es cosa que debe tomarse a la ligera. El columnista publica para contribuir al debate ciudadano, porque conoce del tema o al menos, posee vivencias que le facultan para emitir una opinión.

Cuando se escribe, es preciso poseer la debida información y manejarla con claridad, so pena de confundir al lector.

Los parámetros culturales de nuestro país demuestran que sólo una minoría suele leer los editoriales de la prensa escrita. Y desafortunadamente en un país donde se lee poco, se limita la capacidad de análisis y, por consiguiente, de participación en la vida nacional.

No obstante, con gran satisfacción pude percatarme de que el número de lectores de esta columna iba aumentando.

La realidad nacional demanda participación ciudadana en temas de gobernabilidad, de democracia, de desarrollo sostenible, de seguridad estratégica, sostenibilidad ambiental, de salud, de educación, de valores, por citar algunos.

En la vida democrática, el ciudadano precisa encontrar opiniones sólidas —aunque opuestas— que lo informen y le ayuden a formarse opinión.

En este sentido, la apertura de los medios escritos a los columnistas de diversas disciplinas se ha convertido en un valioso instrumento de libertad de expresión.

El fenómeno que presenciamos de la transculturización —en vista del número de salvadoreños que viven fuera—, así como de la globalización que trasciende fronteras y crea lo instantáneo, nos lleva a tratar de entender el mundo y lo que sucede por encima de nuestro territorio.

La humanidad vive actualmente profundas transiciones, y los problemas de dimensión global ponen en riesgo la estabilidad y seguridad de aquellos países que se aíslan al buscar soluciones a sus problemas.

La toma de decisiones de los gobernantes tiene con frecuencia, hoy en día, impacto global para la humanidad. El Salvador forma parte de la comunidad internacional y su proceso histórico, desde los Acuerdos de Paz, ha situado a nuestro país en una posición privilegiada y, a la vez, comprometida ante los demás países.

El comportamiento que solemos adoptar entre salvadoreños con relación a los problemas nacionales depende en gran medida de nuestra forma de percibir el mundo actual y de valorar la cooperación internacional como expresión de solidaridad, de concordia entre pueblos, así como de transparencia con quienes nos ayudan.

Como país hemos iniciado una nueva era de responsabilidad en términos políticos y económicos. Hemos emprendido una renovación cultural en favor de nuestra juventud. De ellos depende que en El Salvador exista entendimiento, tolerancia, justicia y respeto a la ley.

El mundo se mueve hacia la búsqueda de soluciones compartidas y de valores globales. Nuestro país debe definir sus prioridades en forma institucional, con visión de mayor alcance, integrando a la sociedad en la toma de decisiones.

Formar opinión incluye facilitar la comprensión y el respeto de otras culturas y la capacidad de diálogo con quien piensa diferente. El debate de las ideas es el curso que hemos de adoptar cuando los problemas nos separan y nos fragmentan.

El enfoque hacia la política y la forma de hacer política es diferente. A su vez, la ciudadanía posee nuevas exigencias y plantea nuevos retos. Los funcionarios públicos precisan formarse opinión a través de sus asesores, así como del análisis equilibrado en los medios de comunicación.

Esta columna ha situado su análisis principalmente en una visión de lo internacional. Desde El Salvador hemos de percibir al mundo en su nueva dimensión y constante evolución, a fin de encontrar soluciones acordes a la realidad nacional.

Vísperas de asumir el cargo de Representante Permanente de El Salvador ante Naciones Unidas en Nueva York, me impongo la difícil decisión de cerrar esta columna.

Me anima el espíritu de servir a El Salvador ante el máximo organismo de las relaciones internacionales. La ONU fue creada como reza la Carta constitutiva en representación de los “pueblos”, lo cual se traduce en el hecho de que los gobiernos de los países miembros, a través de sus representaciones diplomáticas deben actuar en nombre de su pueblo.

Conviene que el funcionario público escriba ante la opinión pública para informar de su gestión y enriquecer al debate nacional; mas tendrá que ceñirse en determinados casos a ciertas posturas que su cargo le imponen.

Los lectores conocerán de la labor que realizará la Misión Permanente de El Salvador ante Naciones Unidas como parte de la estrategia de comunicación que nuestra Cancillería ha decidido establecer ante los salvadoreños.

Entre tanto, amigo lector, por su interés, apoyo y sana crítica, mi agradecimiento.

*Columnista de El Diario de Hoy.



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