Por Arely Franco
arelyfranco@hotmail.com
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Aunque iniciaron hace algunos días; para mí, a los olímpicos
les faltaba un ingrediente esencial para alcanzar su máximo esplendor:
el atletismo.
El inicio de los eventos de pista y campo le da un ritmo diferente a esta
fiesta deportiva que reúne a los mejores atletas del mundo y sobre
quienes pesa la mirada de millones de personas que no desean perderse
ningún detalle, como saber quién ganará la prueba
reina o cuántos récords podrán caer.
El Salvador no escapa a ello, pues nos hemos mantenido a la espera de
los resultados obtenidos por nuestra delegación. Imagino la ansiedad
por competir que tuvieron Takeshi Fujiwara y Elizabeth Zaragoza y entrar
al ruedo olímpico ateniense, ayer en los 400 y 5,000 metros, respectivamente.
Una espera larga, pero que ha valido la pena por ser, entre otras cosas,
la culminación de tanto sacrificio en los entrenos cotidianos de
doble jornada.
Por sus marcas ganaron el derecho a estar ahí, es por eso que merecen
nuestro apoyo y aunque sus resultados no se traduzcan en medallas, o incluso
si no establecen nuevas marcas, su loable empeño no debe soslayarse,
ante todo en virtud de ese esfuerzo que realizarán ante atletas
con trayectoria y niveles superiores, gracias a una serie de factores
a los que nuestro país aún sólo puede anhelar.
Es una brecha históricamente infranqueable, pero para Takeshi y
Elizabeth, como para tantos otros atletas salvadoreños, lo que
verdaderamente cuenta es la oportunidad para hacer y darlo todo, ahora
en esa pista helénica, a la cual vuelven estos Juegos después
de 108 años y en los cuales se merece participar a pesar de no
llegar en los primeros puestos, porque ante todo su lucha será
de lo mejor.
¿No llegan las medallas? Aún no. Pero eso no es lo único
que importa, sino que al final es un orgullo que nuestros atletas estén
ahí, como lo es para cualquier deportista del planeta y es algo
que me consta. ¿A qué más se puede aspirar? Después
de todo, ¡los Olímpicos son lo máximo!