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¡Comenzó la fiesta!

Publicada 21 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Por Arely Franco
arelyfranco@hotmail.com
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Aunque iniciaron hace algunos días; para mí, a los olímpicos les faltaba un ingrediente esencial para alcanzar su máximo esplendor: el atletismo.

El inicio de los eventos de pista y campo le da un ritmo diferente a esta fiesta deportiva que reúne a los mejores atletas del mundo y sobre quienes pesa la mirada de millones de personas que no desean perderse ningún detalle, como saber quién ganará la prueba reina o cuántos récords podrán caer.

El Salvador no escapa a ello, pues nos hemos mantenido a la espera de los resultados obtenidos por nuestra delegación. Imagino la ansiedad por competir que tuvieron Takeshi Fujiwara y Elizabeth Zaragoza y entrar al ruedo olímpico ateniense, ayer en los 400 y 5,000 metros, respectivamente. Una espera larga, pero que ha valido la pena por ser, entre otras cosas, la culminación de tanto sacrificio en los entrenos cotidianos de doble jornada.

Por sus marcas ganaron el derecho a estar ahí, es por eso que merecen nuestro apoyo y aunque sus resultados no se traduzcan en medallas, o incluso si no establecen nuevas marcas, su loable empeño no debe soslayarse, ante todo en virtud de ese esfuerzo que realizarán ante atletas con trayectoria y niveles superiores, gracias a una serie de factores a los que nuestro país aún sólo puede anhelar.

Es una brecha históricamente infranqueable, pero para Takeshi y Elizabeth, como para tantos otros atletas salvadoreños, lo que verdaderamente cuenta es la oportunidad para hacer y darlo todo, ahora en esa pista helénica, a la cual vuelven estos Juegos después de 108 años y en los cuales se merece participar a pesar de no llegar en los primeros puestos, porque ante todo su lucha será de lo mejor.

¿No llegan las medallas? Aún no. Pero eso no es lo único que importa, sino que al final es un orgullo que nuestros atletas estén ahí, como lo es para cualquier deportista del planeta y es algo que me consta. ¿A qué más se puede aspirar? Después de todo, ¡los Olímpicos son lo máximo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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