Claudio Martínez
El Diario de Hoy
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El hombre, inconfundiblemente neocelandés, se paseaba con un vaso
de cerveza en el Estadio Olímpico. Lo curioso en él era
su camisa negra, en la cual podía leerse una frase tan ingeniosa
como provocativa: Yo le voy a dos equipos. A Nueva Zelanda y a todo
aquel que enfrente a Australia. Esa frase es un sentimiento generalizado
en Atenas.
Los aficionados a veces gozan más con la derrota del eterno rival
que con la victoria propia. El caso de los dos países de Ocenía,
por culpa de Thorpe y sus amigos, ese neocelandés la debe estar
pasando mal, aunque a decir verdad parecía muy feliz bebiendo.
Despiadada y sin tregua, la lucha entre chinos y japoneses para
nosotros pueden parecer todos iguales, pero ellos se conocen muy bien
unos a otros, no sólo es en el terreno de juego. La confrontación
entre ambos es digna de obervarse. Casi tanto como la de los indios y
paquistaníes, que se miran con recelo cada vez que se cruzan.
Más civilizada y sutil es la lucha entre Francia y EE. UU. Unos
y otros se miran con recelo, aunque otras veces es más abierta.
Como cuando Mary Pierce eliminó a Venus Williams en el tenis y
las provocaciones entre aficionados eran casi tan espectaculares como
el partido mismo.
Otra batalla es la de Brasil y Argentina, obvio. Por ahora ganan los verdeamarelhos,
que tienen una medalla más. Pero los argentinos le recuerdan que
se quedaron afuera del fútbol y del baloncesto. Hay otras fuertes
rivalidades como Alemania y Holanda. Incluso, si quiere, podríamos
agregar la de salvadoreños y guatemaltecos, donde hay un 0-0 garantizado.
Dentro de este panorama, los más confundidos son los escoceses,
quienes siempre han sentido rechazo por los ingleses, pero como Gran Bretaña
compite como una sola nación, todos están en el mismo equipo.
Lo peor que nos puede pasar es que tengamos que alegrarnos porque
un inglés gane algo, por favor, suplica Levin Rose, un escocés
de Edimburgo que, vaya casualidad, tiene otra cosa en común además
del odio por sus vecinos con el neocelandés. Él también
apaga su sed con una cerveza.