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Histórica. La afgana rompió los tabús religiosos.
Foto: EDH/AP
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Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Probablemente ni se dio cuenta de que batió su propio récord,
pero sí que no terminó última, como habían
vaticinado todos los especialistas. Para Robina Muquim Yaar, lo importante
era estar allí, convertirse en la primera afgana en participar
en Juegos Olímpicos. Por eso, apenas finalizó la sexta serie
de los 100 metros, donde terminó séptima entre ocho, ni
siquiera miró los tiempos en el tablero electrónico.
Sus ojos estaban pendientes de otra cosa. Levantó la cabeza, identificó
rápidamente las cinco banderas de Afganistán en el Estadio
Olímpico y aplaudió a quienes le aplaudían. Luego
les regaló una sonrisa y se perdió en el túnel entre
las otras atletas.
Robina, de apenas 17 años, es la nueva heroína de las afganas,
quienes viven tiempos de cambios desde que cayó el régimen
Talibán. Ahora las mujeres también son seres humanos, y
por lo tanto pueden participar en las competiciones deportivas.
Y para demostrar su rebeldía, decidió correr sin la burka
que le cubre la cabeza. Por una cuestión religiosa, pretendían
que se cubra los hombros y que utilizara pantalones largos. Sólo
cumplió esto último.
Aunque la carrera la ganó la jamaiquina Verónica Campbell,
todas las miradas estaban puestas en Robina, que hasta se dio el gusto
de ganarle a Fartum Abukar Omar, la representante de Somalia. Hizo 14:14,
con lo que consiguió un récord nacional que tiene poca validez
en lo deportivo, pero sí mucho de emblemático.
Seguramente habrá notado la diferencia entre la suavidad de la
pista de Atenas con la del estadio Ghazi, en Kabul, un lugar donde los
talibanes solían ejecutar a sus víctimas y donde la superficie
de cemento para entrenar tenía todo tipo de imperfecciones.