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Menos mito y más ciencia

Las ventas de remedios naturales y clínicas alternativas han proliferado. Muchas se basan en creencias y pocas en el conocimiento.

Publicada 18 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Manual. Fucrisan el relleno de botes con cápsulas medicinales se hace de la forma más tradicional, pero siempre guardando los estrictas normas de higiene. Foto EDH

Leyre Ventas
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

"La manzanilla con pericón le quita la tos, muchacha”. Cecilia Bonito, Ceci, también tiene en su venta remedios para varicela, gastritis, problemas de riñón, miles de hierbas secas y semillas embolsadas, algún caparazón de cusuco contra el asma, patas de cabra para corregir piernas torcidas y velas y elixires de todos los colores.

Las recetas son propias en su puesto junto a la iglesia El Calvario, en pleno centro capitalino.

“Hay quienes atribuyen poderes sobrenaturales a plantas y substancias que no tienen ningún respaldo científico”, se muestra tajante Ángel Duarte, doctor en medicina convencional y pediatra del hospital Bloom.

Opina que el poder de autosugestión juega un papel importante en la recuperación del paciente, sobre todo si es adulto.

“Que tu fe te sirva”, la bruja del mercado central está de acuerdo.

“La medicina natural mal recetada puede causar efectos secundarios, por eso no es cosa de cualquiera”, dice.

Daniel Mijail Guzmán, químico farmacéutico, es el encargado del laboratorio de la Fundación Cristiana para la Salud y la Naturaleza (Fucrisan). “La sábila en cantidades excesivas causa daños en el sistema digestivo”, ilustra la afirmación anterior.

Todo en orden

Aséptico, blanco, restringido. Las instalaciones del centro naturista de Metapán cumplen con las normas del Consejo de Seguridad de Salud Pública: paredes pintadas, techos lisos, y, en las esquinas, curvas higiénicas en lugar de aristas. Todo para facilitar al máximo la eliminación de suciedad.

Gabachas, redecillas para el pelo y mascarillas forman el uniforme del laboratorio.

El técnico, fiel a la vestimenta, puede elaborar 32,000 cápsulas por jornada de un polvo verde de herbal olor.

Perlas de ajo, de ginsen, de diente de león, comprimidos de sábila, ixbut, rábano, té de sauco, de tilo con damiana y jabón de pepino.

La elaboración y etiquetado de los 30 tipos de cápsulas, 15 elixires, colirios y champús, procedentes todos de la plantación que la institución posee, es manual.

Las dosis exactas son resultado de la experiencia y de normas internacionales consultadas a través de la Internet. La farmacopea española, el repertorio que publica oficialmente cada Estado como norma legal para la preparación, experimentación y prescripción de los medicamentos, funciona de guía.

Fucrisan nació en 1988 para responder al contexto: escasez de medicinas debido a la guerra y dificultades económicas para acceder a ellas. Con la pretensión de ofrecer alternativas para que la gente de escasos recursos pudiera cuidar su salud, se capacitó a los líderes de comunidades en el campo de la medicina natural, en la elaboración y uso de esos productos.

Los que mejor se formaron son los ocho terapeutas que ahora trabajan para la fundación.
Miguel Ángel Blanco es naturópata e iridiólogo titulado por el Instituto de Masajes Científicos y Quiroprácticos de Guatemala, y lleva 10 años atendiendo consultas. “Hay naturópatas que son charlatanes, pero no los que hemos estudiado terapias alternativas”.


“Para el resfriado lo mejor es el Fenobreco, estabiliza las defensas, y el eucalipto cuando la tos es temporal”, dice.

Amalia Figueroa compró pastillas para el dolor de espalda, y la obstrucción del riñón. Memoriza las indicaciones de la dependienta: una antes de cada comida, una a las 9:00 de la mañana...

Ersilda Osorio también espera las recetas de Blanco. Padece de jaquecas, pero no suele acudir al doctor convencional.

“Lo natural le daña menos a una”, aunque admite que cuando le duele mucho la cabeza se toma un Dolofin.

Cruz Duarte asegura que las medicinas no le caen bien. “Nada me quitó el dolor y la picazón entre cuero y carne”.

Es la décima vez que acude, desde Santa Ana y levantándose a las 5:00 de la mañana, a la Clínica de Medicina Biológica de San Salvador.

Espera a la puerta de la consulta de Jorge Urías, médico especialista en la disciplina con la que el centro trabaja.

Carta acupuntural de la oreja, principales circuitos bioenergéticos, reflexología y varios carteles del estilo decoran su despacho.

Urías explica que la medicina biológica es una rama de la alopédica, la tradicional. Al contrario que la última, no inhibe la enfermedad, sino que fortalece el organismo frente a ésta.

La disciplina se basa en la homeopatía, en proporcionar dosis bajas de medicamentos para mejorar el funcionamiento del sistema humano. Así disminuyen también los efectos secundarios.

“La medicina natural no es la panacea, tiene sus limitantes”.

Urías admite que hay enfermedades protocolarias que deben tratarse con químicos; en general, en los casos en que la infección ya se ha desarrollado.

El caparazón de cusuco es remedio providencial para el asma. A los pies de El Calvario, Ceci seguirá vendiendo hierbas y recetas. Exagerada y chabacana, pero parte de la idiosincrasia salvadoreña.

Las plantas y sus propiedades
1 Jengibre: se consume la raíz. Combinado con eucalipto, suaviza la tos y alivia las infecciones de garganta. Es especialmente indicado para estados gripales.

2 Epazote: tiene un gran potencial antiparasitario. Estas propiedades se multiplican con ajo.

3 Comino: comparte propiedades con el eneldo, y se suele mezclar con éste para hacer frente a indigestiones y aliviar dolores estomacales eliminando gases.

4 Sauco: en dosis regulares y a largo plazo, mejora notablemente la calidad de vida de los asmáticos.
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“Hay que tener claras sus limitaciones”

El doctor Ángel Duarte es médico convencional y trabaja como pediatra en el Hospital Bloom de San Salvador. En esta entrevista brinda su opinión acerca de la medicina natural.

Pregunta: ¿Los productos naturales siempre están exentos de efectos secundarios?

Respuesta: Hay medicinas naturales beneficiosas, otras que no hacen bien pero tampoco el mal, y unas terceras que son peligrosas. El hecho de que sea una hierba o una substancia que se obtiene de la naturaleza no le hace exenta de presentar riesgos o de tener potencial adictivo. La marihuana, la cocaína... todas son obtenidas de plantas.

P: ¿En ciertos casos, los remedios naturales afectan más de lo que benefician?

R: Así ocurre muchas veces con los remedios populares, los transmitidos de boca en boca.

Es común, por ejemplo, que a un niño que tenga diarrea se le proporcione bismuto o mercurio, metales pesados con un alto potencial tóxico.

El bismuto produce disminución en las evacuaciones, pero ¿valdrá la pena el efecto cosmético a cambio de toda la toxicidad?

A veces los efectos adversos no son producto de las substancias naturales, pero éstas ocasionan un retardo en la búsqueda de asistencia médica.

P: Hay quien acude a naturópatas porque la medicina convencional no le es solución.

R: Muchas veces el error nace de la mala comunicación entre el doctor y el paciente.

En otros casos, no sé es consciente de que el médico es humano y se equivoca. Cuando el enfermo no consigue el resultado que esperaba en la primera consulta, debe acudir de nuevo al establecimiento de salud.

P: ¿Qué opina de la proliferación de los centros de terapias alternativas?

R: Creo que hay muchos charlatanes en el área de la medicina convencional, pero estoy completamente seguro de que son muchos más los del mundo de la medicina natural.

Muchos utilizan sus conocimientos, mercadotécnicos sobre todo, para hacer creer a la gente que está recibiendo tratamientos importantes, cuando realmente no es así.

De todas formas, nada es absoluto. Hay muchas cosas buenas en la medicina natural. Pero quien opte por ella debe tener bien claros las limitaciones de ésta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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