El Diario de Hoy
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Era de esperarse. Después de que un corresponsal
del New York Times publicara una extensa, investigada y colorida historia
sobre gran afición del Presidente Lula de Brasil por los traguitos,
las clavijas están apretándose. Primero el periodista fue
expulsado del Brasil sin contemplación alguna. Y ahora el Ejecutivo
presenta un proyecto de ley de control sobre los medios noticiosos, que
equivale a una vil mordaza.
Como es norma desde siempre, la ley se justifica invocando el interés
público, la decencia y la veracidad que debe fundamentar toda noticia,
defender a los ciudadanos de campañas mal intencionadas, etcétera.
Pero también como es costumbre, se pretende que funcionarios y
burócratas apliquen sus personalísimos criterios para definir
si una noticia es veraz y conveniente.
Hay más. En la ley de marras se establece un sistema de licencias
para autorizar el ejercicio del periodismo. No serán ni los medios
informativos ni las personas quienes van a definir quien y cuando hará
periodismo, sino una dependencia del gobierno, como en una época
sucedía en Costa Rica hasta que la Corte Interamericana lo desautorizó.
Obviamente el régimen va a premiar a unos y castigar a otros valiéndose
de esas licencias, el equivalente al destierro aplicado al corresponsal
del New York Times. No hay una sola dictadura o régimen totalitario
en el mundo que no aplique el sistema de licencias para ejercer de periodista;
el que se sale del huacal simplemente pierde el permiso a continuar trabajando
en un medio, aunque sean sólo publicaciones de propaganda.
El proyecto de Lula chocó de inmediato con la oposición
de periodistas y órganos noticiosos, de partidos políticos
y hasta de sus propios funcionarios. El ministro de Justicia, Marcio Tomaz
Bastos, dijo: Tengo el compromiso de una vida entera con la libertad
de expresión y no aceptaré la posición de censor
ni de enemigo de la libertad de prensa. Y el presidente del Partido
de los Trabajadores (PT), del gobierno, José Genoíno, también
se manifestó en rebeldía abierta y llamó a los servidores
públicos a desconocer el decreto y dar informaciones
a los medios de difusión con entera libertad, en una actitud que
califica de desobediencia debida.
Lo que quiere es perpetuarse
Según el gobierno, se crearía un Consejo Federal de
Periodismo (CFP), para vigilar la publicación de informaciones
que pudieran obstaculizar investigaciones policiales, judiciales, legislativas
o administrativas. Con tal fin, se dice, al prestar declaraciones a los
medios, los servidores públicos deberán observar el
equilibrio entre la libertad de prensa y la necesidad de secreto para
que las investigaciones de delitos o ilícitos administrativos puedan
tener éxito.
Todo funcionario y régimen comienza tomando la mano para
terminar cogiendo el brazo, amén de que deben ser los medios, no
los burócratas, los que juzguen si la publicación de informaciones
entorpece llevar a cabo una pesquisa. Lo que se derrumba por algo que
se publica, no es profesional.
La real intención tras la anunciada mordaza es impedir que
los brasileños, y el mundo, cuenten con los instrumentos para que
Lula no se perpetúe en el poder. La libertad de expresión
es la barrera más efectiva contra el establecimiento de una dictadura;
de allí que una de las primeras medidas adoptadas es perseguir
y encarcelar periodistas y clausurar medios.