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Memorias. Ricardo Merlos ysu entrenador apenas han pasado el trance.
Foto: EDH
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Caludio Martínez
Enviado especial
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El arquero Ricardo Merlos volvió
al lugar de los hechos. Un poco, porque por su credencial sólo
está autorizado a ver las pruebas de tiro con arco y otro porque
el deporte que practica le apasiona es que el salvadoreño volvió
al Estadio Panathinaiko.
Allí fue donde el lunes perdió por apenas un punto con el
holandés Wietse Van Alten, víctima de una ráfaga
de viento en el momento de hacer el penúltimo tiro y cuando llevaba
una considerable ventaja. No quiero volver a pensar en eso,
dice. Ya está, lo superé. Qué le voy a hacer.
Además, tuve suerte de que a pesar de todo hice un 7, pudo haber
hecho cero, cuenta. Patricia Rivas, que está a su lado, asiente
con la cabeza. Ella piensa igual.
Pero instintivamente, cuando la plática ya parecía acabada,
hace una confesión: Es una lástima. Si hubiera ganado
ayer habría llegado a las finales, porque a todos los fuertes los
eliminaron, incluso al que ganó la medalla de oro en Sydney.
Alberto Herrera, su entrenador, agrega otro detalle que confirma que Ricardo
Merlos recibió la maldición de Eolo, el dios griego del
viento.
Ahorita venimos del estadio y no hubo nada de viento. Es para morirse,
repite sin consuelo el entrendor.
Herrera no tiene problemas en admitir que él no pudo dormir la
noche después de la competición: Se me repetía
la misma jugada una y otra vez. Venía la ráfaga de viento
y yo le gritaba a Ricardo que tirara.
Veía que pasaban los 40 segundos permitidos y él estaba
inmóvil. Yo le gritaba que tirara igual, que se le acababa el tiempo.
El deporte es así.