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“Vimos volar el autobús”

Gritos de dolor. El vehículo siniestrado cayó a pocos metros de la vivienda de la familia Díaz. Empezaron a sacar a las víctimas del bus entre el llanto y las voces de los heridos

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Condiciones difíciles. Varios efectivos de la Cruz Roja Salvadoreña tuvieron que improvisar la atención a las víctimas en el lugar de los hechos. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Lorena Baires
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Cupertina Díaz dice que nunca en su vida había visto que un bus saliera despedido por los aires, menos aún que cayera a escasos metros de su hogar. Ayer, por la mañana, se disponía a ir a cortar frijoles al huerto que su esposo tiene a un costado de la vivienda. De paso, le pidió a su hijo Ever Díaz, que le acompañara para que podara unos árboles “ya crecidos”.

La señora y su esposo, Luis Alonso Contreras, viven en el Cantón Rosa Nacaspilo de Carolina, en San Miguel. El acceso es difícil, con una cantidad de curvas y un terreno inclinado.

Mientras Cupertina abría las vainas para sacar los frijoles, un ruido estruendoso le hizo botar los frutos. Su hijo, que cortaba las ramas de un árbol, dejó caer el corvo.

“Fue algo espantoso, la piel se me eriza cuando lo recuerdo. Sólo se escuchaban los gritos de los niños y de las mujeres que no querían morir. En cuestión de segundos, el carro se estrelló en la tierra y los gritos de dolor eran peores”, detalló asustada.

Por aire. Los más graves fueron llevados hasta la capital. Foto: EDH/Felipe Ayala

Contreras, de oficio albañil, reparaba en ese momento el muro de piedra de una vecina. “Me angustié por mi familia, porque sabía que mi mujer estaba cortando los frijoles del almuerzo.

Pensé en todas las personas que podrían estar muertas”, expresó.

Cupertina y Ever fueron los primeros en auxiliar a las víctimas que gritaban entre los hierros retorcidos. Los niños extendían sus manos en señal de ayuda y las mujeres rogaban que alguien se acercara para sacarlas.

Pronto, la familia de Cupertina empezó a mover los cuerpos de los fallecidos. Los heridos habían quedado debajo de los muertos. “Recuerdo que saqué a un niño y cuando lo tomé entre mis brazos parecía un trapito sucio, como un muñeco de tela”, describe Luis Alonso.

Sacaron a cuantos pudieron antes de que los efectivos de la PNC, el Cuerpo de Bomberos y Cruz Roja se hicieran presentes.

Auxilios. El accidente dejó más de una treintena de heridos. Foto: EDH/Yanci Pérez

En cuestión de un año se han producido otros dos accidentes, pero ninguno se le puede comparar.

“Es algo que nunca vamos a poder olvidar, sobre todo, las voces de las personas que pedían auxilio.

La mirada de angustia y dolor, la expresión de sus rostros y el último momento en que pidieron vivir”, manifestó Luis.

Amalia Membreño recuerda el fuerte sonido del bus cuando se estrelló contra la tierra. “Un niño me llamaba y me pedía que lo sacara rápido, pero fue difícil porque estaba bajo un puñado de hierros”, exclamó.

En medio del dolor, los muertos fueron trasladados hasta la Casa Comunal de Guatajiagua, donde serán velados. Desde ayer, el pueblo está de luto.

Padre del motorista

“Mi hijo era calmado”
Simeón Gómez Hernández no sabía por qué el percance le había sucedido a su hijo. “No corría en las calles. Algunos amigos le hacían burla y le decían que llegaba tarde a todas partes”, dijo.
Alcalde Guatajiagua

Apoyo y solidaridad
Tanto Juan Ayala, propietario del bus siniestrado, como Salvador Amaya, alcalde de Guatajiagua, expresaron sus condolencias y dijeron que correrían con los gastos del sepelio.
Voluntaria de luto

Le llamó un familiar de EE.UU.
Felícita de Jesús Crespo, miembro de la Cruz Roja, perdió a cuatro familiares. Se enteró del suceso por la llamada de un familiar de EE.UU. “Cuando llegué al lugar ya estaban muertos”.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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