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Condiciones difíciles. Varios efectivos de
la Cruz Roja Salvadoreña tuvieron que improvisar la atención
a las víctimas en el lugar de los hechos.
Foto: EDH/Mauricio Cáceres
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Lorena Baires
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cupertina Díaz dice que nunca en su vida había visto que
un bus saliera despedido por los aires, menos aún que cayera a
escasos metros de su hogar. Ayer, por la mañana, se disponía
a ir a cortar frijoles al huerto que su esposo tiene a un costado de la
vivienda. De paso, le pidió a su hijo Ever Díaz, que le
acompañara para que podara unos árboles ya crecidos.
La señora y su esposo, Luis Alonso Contreras, viven en el Cantón
Rosa Nacaspilo de Carolina, en San Miguel. El acceso es difícil,
con una cantidad de curvas y un terreno inclinado.
Mientras Cupertina abría las vainas para sacar los frijoles, un
ruido estruendoso le hizo botar los frutos. Su hijo, que cortaba las ramas
de un árbol, dejó caer el corvo.
Fue algo espantoso, la piel se me eriza cuando lo recuerdo. Sólo
se escuchaban los gritos de los niños y de las mujeres que no querían
morir. En cuestión de segundos, el carro se estrelló en
la tierra y los gritos de dolor eran peores, detalló asustada.
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Por aire. Los más graves fueron llevados hasta
la capital. Foto: EDH/Felipe
Ayala
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Contreras, de oficio albañil, reparaba en ese momento el muro
de piedra de una vecina. Me angustié por mi familia, porque
sabía que mi mujer estaba cortando los frijoles del almuerzo.
Pensé en todas las personas que podrían estar muertas,
expresó.
Cupertina y Ever fueron los primeros en auxiliar a las víctimas
que gritaban entre los hierros retorcidos. Los niños extendían
sus manos en señal de ayuda y las mujeres rogaban que alguien se
acercara para sacarlas.
Pronto, la familia de Cupertina empezó a mover los cuerpos de los
fallecidos. Los heridos habían quedado debajo de los muertos. Recuerdo
que saqué a un niño y cuando lo tomé entre mis brazos
parecía un trapito sucio, como un muñeco de tela,
describe Luis Alonso.
Sacaron a cuantos pudieron antes de que los efectivos de la PNC, el Cuerpo
de Bomberos y Cruz Roja se hicieran presentes.
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Auxilios. El accidente dejó más de
una treintena de heridos.
Foto: EDH/Yanci Pérez
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En cuestión de un año se han producido otros dos accidentes,
pero ninguno se le puede comparar.
Es algo que nunca vamos a poder olvidar, sobre todo, las voces de
las personas que pedían auxilio.
La mirada de angustia y dolor, la expresión de sus rostros y el
último momento en que pidieron vivir, manifestó Luis.
Amalia Membreño recuerda el fuerte sonido del bus cuando se estrelló
contra la tierra. Un niño me llamaba y me pedía que
lo sacara rápido, pero fue difícil porque estaba bajo un
puñado de hierros, exclamó.
En medio del dolor, los muertos fueron trasladados hasta la Casa Comunal
de Guatajiagua, donde serán velados. Desde ayer, el pueblo está
de luto.
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Padre
del motorista
Mi hijo era calmado
Simeón Gómez Hernández no sabía por
qué el percance le había sucedido a su hijo. No
corría en las calles. Algunos amigos le hacían burla
y le decían que llegaba tarde a todas partes, dijo.
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Alcalde
Guatajiagua
Apoyo y solidaridad
Tanto Juan Ayala, propietario del bus siniestrado, como Salvador
Amaya, alcalde de Guatajiagua, expresaron sus condolencias y dijeron
que correrían con los gastos del sepelio.
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Voluntaria
de luto
Le llamó un familiar de EE.UU.
Felícita de Jesús Crespo, miembro de la Cruz Roja,
perdió a cuatro familiares. Se enteró del suceso por
la llamada de un familiar de EE.UU. Cuando llegué al
lugar ya estaban muertos.
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