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Jornada de emergencia

Lo pasillos de los hospitales Rosales y San Juan de Dios, en San Miguel, se llenaron de enfermeras, médicos y personal de apoyo armados de guantes y camillas para atender a los lesionados que eran trasladados desde el accidente ocurrido en la curva del Jiotal, en Carolina.

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Caos. El personal del Hospital San Juan de Dios, en San Miguel, tuvo que atender a las víctimas del accidente en los corredores, por la urgencia y la insuficiencia de camas. Foto: EDH/Yanci Pérez

Yanci Pérez/Carlos Torres
El Diario de Hoy

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El personal de ambos nosocomios esperaba en la puerta de los centros hospitalarios a las decenas de víctimas que llegaron con heridas de gravedad.

Los teléfonos sonaban y más empleados fueron solicitados para atender a los heridos.
Por radio, los socorristas anunciaban los minutos que faltaban para llegar a los hospitales.

La adrenalina y el nerviosismo se apoderó de los médicos. Los gritos y los empujones no faltaron mientras se preparaban para recibir a los pacientes.

En San Miguel, llegaban personas con fracturas y fuertes golpes en el cráneo.
La cola para las radiografías se hacía más larga. Médicos y enfermeras corrían de un lado a otro.

En el Hospital San Juan de Dios, Ana Cristina Flores, de 15 años, permanecía en la sala de rayos X esperando su turno.

Rescate. Particulares y voluntarios retiraron los cuerpos de las personas que no sobrevivieron. Foto: EDH/Omar Carbonero

Constantemente preguntaba por sus padres y su hermano. La única respuesta que recibía de una pariente era “están bien”. No quiso aumentar su dolor y decirle que está sola.

Cada minuto que pasaba se escuchaban más llantos de los familiares y los golpeados.
Como Flores, otros menores lesionados también preguntaban por sus progenitores. Los adultos indagaban sobre sus pequeños.

Los heridos más graves fueron trasladados vía aérea a los centros hospitalarios de San Salvador, los niños al Bloom y los adultos al Rosales.

En San Salvador, el sonido de las aspas del helicóptero anunciaban la venida de las víctimas en estado más grave.

Un predio de Metrocentro se convirtió en el primer lugar en el cual los pacientes eran atendidos.

Luto. Familiares lloraron sus pérdidas en el cantón Rosa Nascapilo. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Efectivo

Ambulancias, socorristas policías y personal médico esperaban en el terreno para estabilizar a las víctimas antes de trasladarlos a los nosocomios.

Un minuto y un equipo preparado y coordinado bastaba para subir a las víctimas en las ambulancias que los llevarían hacia los centros hospitalarios.

En el Rosales, 17 camillas estaban arregladas en la sala de emergencia y tres quirófanos estaban preparados para cualquier intervención urgente.

Un total de 24 médicos residentes acudieron a la llamada de alerta y alistaban espacios en la unidad de Cuidados Críticos, intermedios e intensivos.

Una menor y dos mujeres fueron recibidas por los doctores, que estaban en estado de emergencia desde las 10:00 de la mañana.

Consternación. Vecinos de la localidad se acercaron al escuchar el impacto.
Dolor. Los ataúdes llegaron hasta el lugar del siniestro, para trasladar los cuerpos de las víctimas.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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