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Caos. El personal del Hospital San Juan de Dios,
en San Miguel, tuvo que atender a las víctimas del accidente
en los corredores, por la urgencia y la insuficiencia de camas.
Foto: EDH/Yanci Pérez
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Yanci Pérez/Carlos
Torres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El personal de ambos nosocomios esperaba en la puerta de los centros
hospitalarios a las decenas de víctimas que llegaron con heridas
de gravedad.
Los teléfonos sonaban y más empleados fueron solicitados
para atender a los heridos.
Por radio, los socorristas anunciaban los minutos que faltaban para llegar
a los hospitales.
La adrenalina y el nerviosismo se apoderó de los médicos.
Los gritos y los empujones no faltaron mientras se preparaban para recibir
a los pacientes.
En San Miguel, llegaban personas con fracturas y fuertes golpes en el
cráneo.
La cola para las radiografías se hacía más larga.
Médicos y enfermeras corrían de un lado a otro.
En el Hospital San Juan de Dios, Ana Cristina Flores, de 15 años,
permanecía en la sala de rayos X esperando su turno.
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Rescate. Particulares y voluntarios retiraron los
cuerpos de las personas que no sobrevivieron.
Foto: EDH/Omar Carbonero
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Constantemente preguntaba por sus padres y su hermano. La única
respuesta que recibía de una pariente era están bien.
No quiso aumentar su dolor y decirle que está sola.
Cada minuto que pasaba se escuchaban más llantos de los familiares
y los golpeados.
Como Flores, otros menores lesionados también preguntaban por sus
progenitores. Los adultos indagaban sobre sus pequeños.
Los heridos más graves fueron trasladados vía aérea
a los centros hospitalarios de San Salvador, los niños al Bloom
y los adultos al Rosales.
En San Salvador, el sonido de las aspas del helicóptero anunciaban
la venida de las víctimas en estado más grave.
Un predio de Metrocentro se convirtió en el primer lugar en el
cual los pacientes eran atendidos.
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Luto. Familiares lloraron sus pérdidas en
el cantón Rosa Nascapilo.
Foto: EDH/Mauricio Cáceres
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Efectivo
Ambulancias, socorristas policías y personal médico esperaban
en el terreno para estabilizar a las víctimas antes de trasladarlos
a los nosocomios.
Un minuto y un equipo preparado y coordinado bastaba para subir a las
víctimas en las ambulancias que los llevarían hacia los
centros hospitalarios.
En el Rosales, 17 camillas estaban arregladas en la sala de emergencia
y tres quirófanos estaban preparados para cualquier intervención
urgente.
Un total de 24 médicos residentes acudieron a la llamada de alerta
y alistaban espacios en la unidad de Cuidados Críticos, intermedios
e intensivos.
Una menor y dos mujeres fueron recibidas por los doctores, que estaban
en estado de emergencia desde las 10:00 de la mañana.
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Consternación.
Vecinos de la localidad se acercaron al escuchar el impacto.
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Dolor. Los ataúdes
llegaron hasta el lugar del siniestro, para trasladar los cuerpos
de las víctimas.
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