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En las entrañas del búnker de los grupos antichavistas

El mayor de los retos. Un grupo de líderes de la oposición trata de asegurar que Chávez no pueda alterar los resultados del referéndum

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Militarizados. Los vehículos blindados de la Guardia Nacional venezolana están apostados en las principales calles. Foto: EDH/AP


El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Un teléfono suena. Alguien lo responde y habla en voz baja. Luego apaga la bocina e informa: hay helicópteros sobrevolando Caracas.

Donde se concentran los opositores nace, cada minuto, una nueva angustia. Saben que el gobernante tiene en sus manos muchos recursos para alterar los resultados electorales, principalmente porque el oficialismo controla y domina el tribunal de elecciones.

Pero durante las primeras horas de ayer se conoce la más angustiante de todas las informaciones: miles de representantes antichavistas fueron borrados, de un plumazo, de sus cargos. Sus credenciales no aparecen.

La mayoría de miembros de mesa acudieron, desde las siete de la mañana, a los centros de votación repartidos en todo el país. Es casi mediodía y muchos de ellos no reciben los documentos y nadie sabe qué está pasando en las oficinas principales de los grupos opositores.

En esta sede privadísima de Caracas, los teléfonos no dejan de sonar. “En Zulia la cosa es peor”, manifiesta alguien. “Vale, activemos los recursos en el tribunal”. Y así transcurren los minutos hasta que el centro de información se transforma en una locura.

Después se conocen otros detalles. Como si se tratara de un enorme tejido de informantes construido por todo el territorio venezolano, se sabe, también, que algunos militares se están excediendo en las tareas de cuidado de los materiales electorales.

Tras las rejas. Póster del alcalde opositor Henrique Capriles, quien está preso “por ser un golpista” Foto: EDH/AP

Cada llamada telefónica, cada reporte, se recoge por escrito y se pasa a un grupo especial que toma las decisiones adecuadas para vigilar y proteger los votos. Se protesta y se plantean recursos, en pocos minutos, ante quienes toman las determinaciones legales.

La tarea tiene un horizonte: no dejarle ni un centímetro al tribunal de elecciones, controlado por gente leal a Chávez, para que irrespeten el resultado.

Así transcurría ayer Caracas: afuera, en las calles, un permanente debate. Adentro, en las oficinas donde los líderes opositores evitan hablar por teléfono por temor a tenerlos intervenidos, hablan en clave, dan instrucciones criptadas y evitan merodeadores molestos para tomar sus decisiones, las cosas marchan en forma muy diferente.

Apuntes

1) Ana María Lara, directora ejecutiva de Asder, tenía escondido un merecimiento para ella. Está en Caracas como nueva presidenta del Comité de Libertad de Expresión de la Asociación Internacional de Radiodifusores (AIR). Sustituyó en ese cargo al mandatario de El Salvador, Elías Antonio Saca. Ella sostuvo ayer una serie de reuniones con los principales dueños de los medios de comunicación de Venezuela. Escuchó sus preocupaciones frente al papel del oficialismo.

2) A Facundo Guardado, ex candidato presidencial del FMLN de El Salvador y dirigente de un grupo que se alejó de ese partido y reaccionó contra Schafik Handal lo esperaban ayer en Caracas. Fue invitado como observador por el principal partido socialdemócrata Venezuela.

3) Los aviones comerciales llegan atiborrados de venezolanos que viven en el exterior. Ellos pueden votar en sus embajadas pero no confían, como lo dicen, de los diplomáticos que trabajan bajo las ordenes de Chávez. Una niña que viajó a mi lado, en la aeronave que me trajo hasta la capital, me dijo: “¿sabe qué es lo que más me preocupa?, que mi papá se quede sin trabajo porque trabaja en el gobierno, pero votará contra el”.

4) Los principales líderes de la oposición trabajan aquí como verdaderos conspiradores. Deben huir a los seguimientos de los agentes de la policía política. Cuidan sus comunicaciones. Se alejan de muchas actividades públicas porque saben que, los hombres leales a Chávez, les vigilan permanentemente.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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