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Militarizados. Los vehículos blindados de
la Guardia Nacional venezolana están apostados en las principales
calles. Foto: EDH/AP
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Un teléfono suena. Alguien lo responde y habla en voz baja. Luego
apaga la bocina e informa: hay helicópteros sobrevolando Caracas.
Donde se concentran los opositores nace, cada minuto, una nueva angustia.
Saben que el gobernante tiene en sus manos muchos recursos para alterar
los resultados electorales, principalmente porque el oficialismo controla
y domina el tribunal de elecciones.
Pero durante las primeras horas de ayer se conoce la más angustiante
de todas las informaciones: miles de representantes antichavistas fueron
borrados, de un plumazo, de sus cargos. Sus credenciales no aparecen.
La mayoría de miembros de mesa acudieron, desde las siete de la
mañana, a los centros de votación repartidos en todo el
país. Es casi mediodía y muchos de ellos no reciben los
documentos y nadie sabe qué está pasando en las oficinas
principales de los grupos opositores.
En esta sede privadísima de Caracas, los teléfonos no dejan
de sonar. En Zulia la cosa es peor, manifiesta alguien. Vale,
activemos los recursos en el tribunal. Y así transcurren
los minutos hasta que el centro de información se transforma en
una locura.
Después se conocen otros detalles. Como si se tratara de un enorme
tejido de informantes construido por todo el territorio venezolano, se
sabe, también, que algunos militares se están excediendo
en las tareas de cuidado de los materiales electorales.
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Tras las rejas. Póster del alcalde opositor
Henrique Capriles, quien está preso por ser un golpista
Foto: EDH/AP
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Cada llamada telefónica, cada reporte, se recoge por escrito y
se pasa a un grupo especial que toma las decisiones adecuadas para vigilar
y proteger los votos. Se protesta y se plantean recursos, en pocos minutos,
ante quienes toman las determinaciones legales.
La tarea tiene un horizonte: no dejarle ni un centímetro al tribunal
de elecciones, controlado por gente leal a Chávez, para que irrespeten
el resultado.
Así transcurría ayer Caracas: afuera, en las calles, un
permanente debate. Adentro, en las oficinas donde los líderes opositores
evitan hablar por teléfono por temor a tenerlos intervenidos, hablan
en clave, dan instrucciones criptadas y evitan merodeadores molestos para
tomar sus decisiones, las cosas marchan en forma muy diferente.
Apuntes
1) Ana María Lara, directora ejecutiva
de Asder, tenía escondido un merecimiento para ella. Está
en Caracas como nueva presidenta del Comité de Libertad de Expresión
de la Asociación Internacional de Radiodifusores (AIR). Sustituyó
en ese cargo al mandatario de El Salvador, Elías Antonio Saca.
Ella sostuvo ayer una serie de reuniones con los principales dueños
de los medios de comunicación de Venezuela. Escuchó sus
preocupaciones frente al papel del oficialismo.
2) A Facundo Guardado, ex candidato presidencial
del FMLN de El Salvador y dirigente de un grupo que se alejó de
ese partido y reaccionó contra Schafik Handal lo esperaban ayer
en Caracas. Fue invitado como observador por el principal partido socialdemócrata
Venezuela.
3) Los aviones comerciales llegan atiborrados
de venezolanos que viven en el exterior. Ellos pueden votar en sus embajadas
pero no confían, como lo dicen, de los diplomáticos que
trabajan bajo las ordenes de Chávez. Una niña que viajó
a mi lado, en la aeronave que me trajo hasta la capital, me dijo: ¿sabe
qué es lo que más me preocupa?, que mi papá se quede
sin trabajo porque trabaja en el gobierno, pero votará contra el.
4) Los principales líderes de la oposición
trabajan aquí como verdaderos conspiradores. Deben huir a los seguimientos
de los agentes de la policía política. Cuidan sus comunicaciones.
Se alejan de muchas actividades públicas porque saben que, los
hombres leales a Chávez, les vigilan permanentemente.