Geraldine Varela
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
No es
una empresa de reconocido prestigio, y no porque los productos que elaboran
sean de mala calidad, simplemente no han tenido la oportunidad para darse
a conocer.
El taller de costura del Hogar de Parálisis Cerebral Roberto Callejas
Montalvo, funciona desde hace 16 años.
En él trabajan 34 personas, entre jóvenes y adultos, con
algunas discapacidades físicas o mentales.
La capacitación de estas personas puede durar entre seis
meses y dos años, eso depende del grado de retraso que tengan,
expresó Carmen de Amaya, trabajadora social de la institución.
En el taller elaboran mantas, ponchos para niños, artículos
para cocina (como guantes, forros para licuadora, horno, tambo de gas,
entre otros), manteles individuales, muñecas de trapo y todos los
accesorios necesarios para un cuarto de bebé.
Además trabajan artículos promocionales para oficinas y
empresas.
A pesar de sus discapacidades los acabados de cada artículo son
revisados minuciosamente y si algo tiene un pequeño defecto, es
regresado para repararlo.
Da gusto ver lo que ellos pueden hacer. Hay personas que están
sanas y andan pidiendo, dijo Ana Cecilia de Ruiz, quien trabaja
como voluntaria en el taller.
Algunos de los productos que elaboran son vendidos en almacenes de gran
prestigio.
Para Geraldina de Interiano, presidenta del Hogar, la idea de vender no
significa tener grandes ganancias, sino lograr que este taller sea autosostenible.
Hasta la fecha, lo que los 34 trabajadores reciben por la brega diaria
es una cantidad de dinero representativa, un estímulo, ya que la
producción no es grande, pero el sueño de los responsables
de este hogar es poder pagarles salarios y asegurarlos.
Si usted desea colaborar con el Hogar, a través de la compra de
estos artículos, puede hacerlo visitando la sala de ventas en la
colonia Nicaragua o en el kiosco ubicado en Plaza San Benito.
Ni un hilo se le escapa al control de
calidad de Ana Josefa
Ana Josefa Andrade, de 48 años,
es la encargada de revisar la calidad de los productos que elaboran en
el taller de costura.
Ella, llegó al hogar hace 36, cuando apenas era una niña.
Después de once años de ser alumna y capacitarse para trabajar,
pasó a ser empleada.
Las dificultades que tiene para movilizarse no le han impedido realizar
un excelente trabajo.
Desde su silla de ruedas examina minuciosamente cada artículo.
Además, ella es la encargada de entregarlo a la bodega y de colocar
un código a cada producto.
Su rostro muestra la satisfacción que siente al desenvolverse sin
la ayuda de nadie.
Este es uno de los propósitos de este taller, enseñarles
a trabajar y lograr que se sientan útiles para la sociedad.
Nuestros niños nunca van a salir a la mendicidad, porque
aprenden a trabajar, a tener sus manos ocupadas, expresó
Geraldina de Interiano, presidenta del Hogar.
Pero Ana Josefa no es la única que ve la calidad de los productos,
los mismos trabajadores se encargan de entregar los artículos lo
mejor elaborados posible.
Entre ellos mismos se critican el trabajo, si algo no les gusta
no lo dejan pasar, agregó De Interiano con una sonrisa en
el rostro.
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Todo el trabajo es hecho a mano
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| Paciencia.
Para algunos niños los trabajos manuales son difíciles,
pero su espíritu de superación les hace laborar con
paciencia para lograr realizarlos. |
Sin distinción.
Hombres y mujeres, trabajan por igual en el taller. La labor de todos
da como resultado artículos de calidad. |
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| Creatividad.
Estos forros para botella son elaborados minuciosamente por los niños
del hogar. Los diseños son de diferentes motivos y, para ocasiones
especiales, esta es una buena manera de regalar sus vinos favoritos. |
Ternura. Las muñecas
de trapo que se encuentran en la sala de venta, hacen que las personas
que la visitan deseen abrazarlas y llevarlas a casa. |
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Variedad. Las almohadas
y cojines son elaborados en una gran variedad de diseños, colores,
formas y tamaños. |