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Murió premio Nobel de la Literatura

Czeslaw Milosz vivió gran parte de su vida en el exilio político

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Escritor. A los 93 años, Milosz dejó de vivir ayer. Foto: EDH

DPA
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Fue uno de los más importantes escritores polacos del siglo XX y un símbolo de la resistencia contra el régimen comunista: el Premio Nobel de Literatura, Czeslaw Milosz, murió ayer en Cracovia a los 93 años.

Fue un “poeta peregrino” –como describió el diario suizo Züricher Zeitung– traductor e intelectual que nunca fue masivamente conocido.

Milosz regresó a su ciudad natal de Seteiniai, en Lituania, sólo después del derrumbe de la Unión Soviética.

En su discurso de agradecimiento cuando recibió en Estocolmo el más preciado premio de la literatura mundial, Milosz se autocalificó como un narrador de “la otra Europa”.

Aun cuando para entonces, en 1980, ya enseñaba desde hacía 20 años en la Universidad de Berkeley, seguía sintiéndose atrapado detrás del Telón de Acero.

Influenciado por su juventud en Vilna, escenario de la convivencia multicultural entre polacos, judíos y lituanos, por el recuerdo de la ocupación nazi durante la segunda Guerra Mundial y por la experiencia estalinista, se transformó rápidamente de escritor de avant-garde a líder moral de la oposición al régimen comunista.

Milosz rompió con el comunismo ya en 1953, después de representar a Polonia como diplomático en Francia y Estados Unidos.

Durante su exilio francés se publicó El Pensamiento Cautivo, un análisis del sistema comunista y los intelectuales que colaboran con él.

El libro estuvo prohibido durante años en su país, pero eso no impidió –a causa del contrabando y ediciones clandestinas– que se convirtiera en la biblia de los opositores centroeuropeos.

De cualquier manera, no se quedó callado después de la caída del Muro de Berlín. El autor de El Valle del Issa y Las calles de Vilna, que devolvía vida a la vieja y para siempre desaparecida Europa Central, llamó a lituanos y polacos a olvidar sus “cuentas pendientes”.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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