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Proyecto. La alcaldía de Santa Tecla pretende restaurar
la antigua propiedad de los Deinnenger y habilitarla como centro
cultural. Foto: EDH/Carlos Torres
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Carlos A. Torres
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Un antiguo y descolorido portón de madera da la bienvenida a
los visitantes de lo que fue un día la casa de doña Frida
Deinnenger, ex esposa del filántropo alemán don Walter Thilo
Deinnenger.
El predio, en Antiguo Cuscatlán, en la entrada desde Santa Tecla,
tiene alrededor de 15,708 metros cuadrados, el esplendor de los jardines
ha desaparecido y parte de la propiedad está en poder de un banco
capitalino.
El concejal, Ivo Motta explicó que las malas condiciones de la
casa se deben a que desconocidos irrumpieron en ella para desmantelar
puertas y ventanas, robarse ladrillos del piso y otras cosas más.
El arte ha desaparecido de las paredes que ahora lucen tapizadas de grafitos
de pandillas. Una antigua tina de porcelana y un tanque de agua se han
salvado de los delincuentes.
Las cinco habitaciones de la casa se encuentran destruídas. Aún
se ignora porque la propiedad ha estado abandonada por 25 años,
dijo el Prof. Motta.
Es fácil adivinar el antiguo esplendor de la casa y cómo
habría lucido adornada con muebles o su jardín lleno de
flores desde donde se obtiene una magnífica vista al volcán
de San Salvador.
La vivienda está rodeada de pinos y una especie rara forestal llamada
árbol de cañón.
En la parte trasera se pueden distinguir los restos de lo que fue una
perrera, según la historia, en los buenos tiempos de la casa, una
jauría de canes encargados de vigilar la propiedad se mantenía
y alimentaba allí.
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Fotos. Doña Frida junto a su esposo Walter Deinnenger.
Foto: EDH/Carlos Torres
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Benefactores
El historiador, Wenceslao Flores habló un poco sobre el pasado
de la familia Deinnenger.
El filántropo se casó con doña Frida Clode Veiga,
de nacionalidad alemana, en de 1928, ambos emigraron desde Alemania a
El Salvador. Sin embargo, los compromisos empresariales de Deinnenger
lo llevaron a trasladarse a Guatemala.
Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, por su nacionalidad alemana,
don Walter Deinnenger fue apresado y llevado a los Estados Unidos donde
permaneció hasta el fin del conflicto europeo.
En el interior de su vivienda (la Casa del Pino), doña Frida permaneció
bajo vigilancia militar. Con el fin de la guerra, Deinnenger pudo regresar
a su hogar y a su esposa, pero al cabo de tres años se separaron
terminando la historia en divorcio.
Doña Frida permaneció en el país por mucho tiempo,
convirtió el lugar en un enorme jardín lleno de flores y
árboles y dirigió empresas en la capital con mucho éxito.
La esposa de don Walter, viajaba frecuentemente a Alemania para visitar
a sus familiares. En una de esas ocasiones la muerte la sorprendió
a la edad de 80 años. De lo ocurrido con la casa y su mobiliario
no se tiene ninguna información, relató el Prof. Flores.
Recuperación del inmueble
Hace dos años una empresa constructora entregó a la municipalidad
tres manzanas de la propiedad incluyendo los restos de la casa, en compensación
por la construcción de un proyecto habitacional en Antiguo Cuscatlán.
Cuadrillas de trabajadores se encargan de limpiar de malezas y los desperdicios
del camino principal de la antigua casa, así como de podar algunas
ramas de árboles de pino.
La idea de la municipalidad es restaurar la propiedad para convertirla
en un lugar cultural donde se puedan llevar a cabo exposiciones y recitales,
en fin un sitio para el fomento del arte. Contiguo a la casa se construirán
pequeños restaurantes de comida típica. La municipalidad
aún gestiona los fondos para poder llevar a cabo este proyecto.