
Oscar Rodríguez Blanco, s, d, b*.
El Diario de Hoy
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Mañana se cumplen 189 años del nacimiento
de San Juan Bosco, a quien innumerables generaciones de jóvenes
le llaman su padre, maestro y amigo. Fundador de la Congregación
Salesiana, del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, de
la Asociación de Cooperadores Salesianos y Padre Espiritual de
una gran cantidad de grupos y movimientos que han asumido su carisma para
ponerse al servicio de la juventud.
Don Bosco nace en Castelnuovo de Asti, en el Piamonte, Italia, el 16 de
agosto de 1815. Sus padres, Francisco y Margarita, eran unos humildes
campesinos de gran sensibilidad cristiana. Un día, Margarita salió
del dormitorio llorando, llamó a su pequeño hijo y le dijo:
Juanito, ya no tienes padre. Francisco acababa de morir y
su esposa tendría que afrontar el reto de educar en la pobreza
a Juanito, a su hermano José y al hermanastro Antonio. Además
debería cuidar a la anciana suegra que estaba paralítica.
Dios no descuidaría ni un momento a aquella pobre familia que día
a día invocaba su Providencia Divina. Cuando los campos estaban
en plena flor, o las noches brillaban de estrellas, Margarita dejaba oír
su voz para decir a sus hijos: Miren qué bueno y generoso
es nuestro Padre Dios. Cuando en el cielo deslumbraban los relámpagos
y venía la tormenta, caían las fuertes granizadas o venía
el huracán, ella los reunía en torno al fogón, les
daba un plato de polenta y les recordaba: Qué poderoso es
nuestro Dios. No lo disgustemos nunca. Esa buena madre y catequista
representó todo para aquellos pequeños niños, ella
sola los crió y los educó en la sencillez y en una vida
recta, fundamentada en la Palabra de Dios.
Juanito creció, vivió y murió en la pobreza. Siempre
quiso estudiar pero donde vivía no existían escuelas y carecían
de medios económicos para ir al pueblo a estudiar. Un buen campesino
le enseñó a leer y aprovechaba las horas libres que le permitían
los trabajos del campo para aprender el catecismo y la Historia Sagrada.
Su vida quedó marcada a los nuevos años, cuando en un sueño
profético se le apareció el Señor con su madre, María,
y le presentaron una gran cantidad de fieras que luego se convirtieron
en mansos corderos. Luego le mostraron una multitud de jóvenes
y le dijeron: Éste será tu oficio: cambiar jóvenes
tan difíciles como esas fieras en buenos cristianos tan dóciles
como mansos corderos.
Siendo joven, los estudios le costaron enormes sacrificios, no porque
no tuviera la capacidad, al contrario, ha sido unos de los hombres más
inteligentes que ha tenido Italia, con una memoria prodigiosa que le permitía
aprender de memoria los libros clásicos de su época, el
problema era la pobreza en que vivía. Dios le había regalado
grandes cualidades de corazón y de inteligencia, así como
una gran fortaleza de ánimo, por lo que, luchando contra todas
las adversidades, logró entrar al Seminario para hacerse sacerdote,
ideal que alcanzó el 5 de junio de 1841.
Fueron 47 años de vida sacerdotal dedicados enteramente al
servicio de los jóvenes más pobres y abandonados, para hacer
de ellos unos buenos cristianos y unos honrados ciudadanos, capaces de
servir a Dios y a la sociedad. Juan Pablo II, hablando de Don Bosco en
su carta Iuvenum patris, nos dice: De San Juan Bosco,
fundador de una gran familia espiritual, puede decirse que el rasgo peculiar
de su creatividad se vincula a la forma de educar que llamó Sistema
Preventivo, que, en cierto modo, representa la síntesis de su sabiduría
pedagógica, constituye el mensaje profético que legó
a los suyos y a toda la Iglesia y ha merecido la atención y el
reconocimiento de numerosos educadores y estudiosos de pedagogía.
El elemento indispensable de su sistema educativo era el amor. Dice un
estudioso de su vida que este amor se llama bondad, erigida en sistema
educativo, y es una bondad inspirada en sentimientos humanos, pero, sobre
todo, en motivos de fe, bondad que se transforma en servicio, en amistad
y en acogida cordial y respetuosa, un amor siempre sincero, cordial, franco,
límpido y transparente.
Don Bosco estaba convencido de que no se puede construir una buena sociedad
sin religión y sin un evangelio que ilumine y anime toda actividad
humana. Con frecuencia decía: De la sana educación
de la niñez depende la felicidad de las naciones. Este santo
fundador sigue presente entre nosotros, su carisma enriquece a la iglesia
y los jóvenes tienen en él a un buen amigo.
*Párroco de la iglesia de María
Auxiliadora (Don Rúa).
osrobla@hotmail.com