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Una mirada de fe
Don Bosco cumple 189 años

Don Bosco estaba convencido de que no se puede construir una buena sociedad sin religión y sin un evangelio que ilumine y anime toda actividad humana

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy



Oscar Rodríguez Blanco, s, d, b*.
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Mañana se cumplen 189 años del nacimiento de San Juan Bosco, a quien  innumerables generaciones de jóvenes le llaman su padre, maestro y amigo. Fundador de la Congregación Salesiana, del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, de la Asociación de Cooperadores Salesianos y Padre Espiritual de una gran cantidad de grupos y movimientos que han asumido su carisma para ponerse al servicio de la juventud.

Don Bosco nace en Castelnuovo de Asti, en el Piamonte, Italia, el 16 de agosto de 1815. Sus padres, Francisco y Margarita, eran unos humildes campesinos de gran sensibilidad cristiana. Un día, Margarita salió del dormitorio llorando, llamó a su pequeño hijo y le dijo: “Juanito, ya no tienes padre”. Francisco acababa de morir y su esposa tendría que afrontar el reto de educar en la pobreza a Juanito, a su hermano José y al hermanastro Antonio. Además debería cuidar a la anciana suegra que estaba paralítica.

Dios no descuidaría ni un momento a aquella pobre familia que día a día invocaba su Providencia Divina. Cuando los campos estaban en plena flor, o las noches brillaban de estrellas, Margarita dejaba oír su voz para decir a sus hijos: “Miren qué bueno y generoso es nuestro Padre Dios”. Cuando en el cielo deslumbraban los relámpagos y venía la tormenta, caían las fuertes granizadas o venía el huracán, ella los reunía en torno al fogón, les daba un plato de polenta y les recordaba: “Qué poderoso es nuestro Dios. No lo disgustemos nunca”. Esa buena madre y catequista representó todo para aquellos pequeños niños, ella sola los crió y los educó en la sencillez y en una vida recta, fundamentada en la Palabra de Dios.

Juanito creció, vivió y murió en la pobreza. Siempre quiso estudiar pero donde vivía no existían escuelas y carecían de medios económicos para ir al pueblo a estudiar. Un buen campesino le enseñó a leer y aprovechaba las horas libres que le permitían los trabajos del campo para aprender el catecismo y la Historia Sagrada.

Su vida quedó marcada a los nuevos años, cuando en un sueño profético se le apareció el Señor con su madre, María, y le presentaron una gran cantidad de fieras que luego se convirtieron en mansos corderos. Luego le mostraron una multitud de jóvenes y le dijeron: “Éste será tu oficio: cambiar jóvenes tan difíciles como esas fieras en buenos cristianos tan dóciles como mansos corderos”.

Siendo joven, los estudios le costaron enormes sacrificios, no porque no tuviera la capacidad, al contrario, ha sido unos de los hombres más inteligentes que ha tenido Italia, con una memoria prodigiosa que le permitía aprender de memoria los libros clásicos de su época, el problema era la pobreza en que vivía. Dios le había regalado grandes cualidades de corazón y de inteligencia, así como una gran fortaleza de ánimo, por lo que, luchando contra todas las adversidades, logró entrar al Seminario para hacerse sacerdote, ideal que alcanzó el 5 de junio de 1841.

Fueron 47 años de vida sacerdotal dedicados enteramente al servicio de los jóvenes más pobres y abandonados, para hacer de ellos unos buenos cristianos y unos honrados ciudadanos, capaces de servir a Dios y a la sociedad. Juan Pablo II, hablando de Don Bosco en su carta “Iuvenum patris”, nos dice: “De San Juan Bosco, fundador de una gran familia espiritual, puede decirse que el rasgo peculiar de su creatividad se vincula a la forma de educar que llamó Sistema Preventivo, que, en cierto modo, representa la síntesis de su sabiduría pedagógica, constituye el mensaje profético que legó a los suyos y a toda la Iglesia y ha merecido la atención y el reconocimiento de numerosos educadores y estudiosos de pedagogía”.

El elemento indispensable de su sistema educativo era el amor. Dice un estudioso de su vida que este amor se llama bondad, erigida en sistema educativo, y es una bondad inspirada en sentimientos humanos, pero, sobre todo, en motivos de fe, bondad que se transforma en servicio, en amistad y en acogida cordial y respetuosa, un amor siempre sincero, cordial, franco, límpido y transparente.

Don Bosco estaba convencido de que no se puede construir una buena sociedad sin religión y sin un evangelio que ilumine y anime toda actividad humana. Con frecuencia decía: “De la sana educación de la niñez depende la felicidad de las naciones”. Este santo fundador sigue presente entre nosotros, su carisma enriquece a la iglesia y los jóvenes tienen en él a un buen amigo.

*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).
osrobla@hotmail.com


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