
Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
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Uno de los mayores obs- táculos para el éxito
de la globalización armoniosa y justa de la producción mundial
ha sido la disparidad en los costos de producción agrícola
entre los países ricos y los países pobres.
Los ricos, por las ventajas de cosechar mecanizadamente. Hasta en el caso
de la caña de azúcar han protegido a sus agricultores, que
no les ha bastado esa ventaja, con subsidios de billones de dólares,
hasta pagarles por no sembrar cuando hay exceso de producción.
Estados Unidos y la Unión Europea apoyan a sus agricultores con
$300 millones al año, una cantidad tan enorme que su efecto sobre
el comercio mundial es inmensa.
La luz que vemos al final del túnel, que se ha mantenido oscuro
durante décadas, es que a fines de julio pasado, Estados Unidos
y la Unión Europea se pusieron de acuerdo para eliminar los subsidios
sobre la exportación de productos agrícolas, en un convenio
que reabra las negociaciones de la Ronda Doha, de noviembre de 2001, que
precisamente buscaba negociar una solución al problema de los subsidios
que los países ricos reparten para apoyar a sus agricultores. Esa
Ronda fue clausurada sin la más remota posibilidad de llegar a
un acuerdo para proteger a los países pobres.
Dos intentos de reabrir las negociaciones fracasaron rotundamente: el
primera en Seatle, en 1999, que fue escena de tumultos y luchas sangrientas,
y el siguiente en Cancún, en septiembre de 2003. El acuerdo para
reabrir las negociaciones y la promesa de los países ricos de eliminar
los subsidios, que fue firmado a medianoche del 30 de julio de este año,
es muy significativo para los países pobres del mundo.
Aunque todavía hay mucho por caminar, se considera un gran triunfo
y un paso muy efectivo hacia la futura globalización mundial justa
de comercio. Esta noticia tiene mucha importancia para El Salvador, porque
le abre las puertas a futuras oportunidades que las subvenciones todavía
les mantienen cerradas.
El impacto inmediato del pacto será limitado. Por una parte el
plazo para completar las provisiones del acuerdo de Doha ha sido extendido
del fin del corriente año hasta el fin de 2005. Y muchos observadores
creen que no es probable que se llegue a un acuerdo final antes de 2007.
Además el acuerdo preliminar deja muchas escapatorias, o sea oportunidades
de evadir las provisiones, por ejemplo, permite a países ricos
proteger algunos de sus productos muy sensibles, y a países
pobres, proteger algunos productos que alegan son importantes para su
desarrollo. Japón ha anunciado que necesita proteger el arroz,
que tiene un aforo de 490%, por ser básico en su economía
agrícola. Si se incluyen demasiados casos de esa naturaleza, el
resultado final será que el convenio quedará como letra
muerta.
No obstante el esquema del proyecto aprobado a fines de julio es un gran
paso adelante, no sólo en revivir a Doha, pero también en
mostrar que la WTO (Organización Mundial de Comercio) con sus 147
miembros es un medio que puede funcionar eficientemente para evolucionar,
con el tiempo, una política comercial funcional para el comercio
internacional.
Es muy difícil lograr un consenso entre los 147 miembros debido
a la magnitud de las transacciones comerciales, que afectan a sus enormes
poblaciones, que representan un alto porcentaje de la población
mundial. La mayoría de los miembros cae en una de las tres siguientes
categorías: (1) los países desarrollados y prósperos
que tienen sus propias agendas; (2) los países muy extensos con
grandes perspectivas, como Brasil e India; (3) y los muchos países
pobres, sin abundancia de recursos naturales que necesiten ayuda para
mantener a sus habitantes. Lo que se persigue es aliviar el hambre mundial.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.