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La nota del día
“Que cada quien invente su moral”

La historia del Derecho es una de agregar sobre lo construido, refinar normas, perfeccionar instituciones

Publicada 15 de agosto 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Es fácil para muchos liberarse de los mandamientos morales: al echar a éstos por la borda, en adelante podrán vivir como les venga en gana, cambiar posturas a su conveniencia, justificar todo lo que hagan, aun lo perverso, lo repugnante, lo criminal. Ayer un personaje en un programa de televisión afirmó que la moral no existe, tesis que permitiría a las sociedades y pueblos cocinar sus propias reglas de conducta y modificarlas cuando les resulte conveniente.

Sin embargo, no conocemos una sociedad pacífica, próspera y perdurable, que no se fundamente en un orden moral igual en sus rasgos a lo que priva en el resto del mundo civilizado. Existen bandas, organizaciones y movimientos que no se rigen por ninguna moral, o que inclusive se proponen derrumbar la que prevalece, como los talibanes, los chavistas y los polpotianos. Pero se trata de fenómenos coyunturales de poca duración, como lo fuera la iglesia del reverendo Jones que terminó con el suicidio colectivo de sus miembros.

¿Hay alguna sociedad organizada en la que el asesinato sea permitido, o se toleren los robos, o justifiquen las estafas, o se promueva la mentira y el engaño? Y pese a los desenfrenos de la actualidad ¿hay algún país en el que se pida a los matrimonios ser infieles, abandonar a sus padres y vender a sus hijos de esclavos? ¿No es acaso la existencia universal de la institución del matrimonio una prueba fortísima de la aceptación de un orden moral superior? ¿Existió sociedad que aplaudió el soborno de jueces, la corrupción de funcionarios, la compra de testigos, la falsificación de pruebas en un juicio?No hagas a otro lo que no quieres para ti

Un estudio comparativo de los instrumentos y el pensamiento jurídico de los más diversos pueblos a lo largo de la historia, pone en evidencia la enorme similitud o coincidencia de leyes, criterios y normas jurisprudenciales, castigos y procedimientos, indistintamente de cómo se formaron y las circunstancias en las que desarrollaron sus instituciones básicas.

Desde la estela de Hammurabi hace más de cuatro mil años, hasta la Carta de Derechos de los Estados Unidos, pasando por los códigos de Justiniano en el Siglo VI de nuestra era, sorprende y maravilla la concurrencia de ideas, la igualdad de sus principios. Y lo es precisamente por el sustrato moral que da sentido y cuerpo a lo jurídico.

Hay una igualdad básica en las legislaciones y lo jurídico porque personas racionales, decentes e instruidas llegan a las mismas conclusiones cuando se dan a la tarea de normar las relaciones entre los hombres. La historia del Derecho es una de agregar sobre lo construido, refinar normas, perfeccionar instituciones. Que Castro y Bokassa, el caníbal, arrasen con principios de universal validez no se debe ver como una tendencia válida, sino como una aberración que la historia se encarga de enterrar, como enterró a la Unión Soviética y el Tercer Imperio de los nazis.

Kant lo expuso: la moral se fundamenta en principios evidentes por sí mismos, irrefutables, que no requieren una justificación racional. Su origen es el “imperativo categórico”, que nos ordena no hacer a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros, lo que vuelve posible la coexistencia pacífica. Ese criterio fue adoptado por la Constitución estadounidense, que sitúa las libertades y derechos fundamentales sobre toda legislación.

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