 |
|
Cumplió. Paty Rivas nos representó dignamente en
la justa ateniense. Foto: EDH/AP
|
Juegos Olímpicos
Atenas 2004
Claudio Martínez
Enviado especial de El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
No hubo medalla, pero sí una Coca Cola. Parece un premio de consuelo
demasiado pobre para Patricia Rivas, pero quienes la conocen de cerca
saben que no lo es. La salvadoreña terminó en la posición
20 su única participación en Atenas 2004, en una actuación
que todos consideran muy positiva, ya que superó a la cubana Eglis
Cruz, campeona panamericana, y también a la nicaragüense Svitlana
Kashchenko. Así que desde ahora es la mejor de Latinoamérica,
al menos en esta especialidad.
A juzgar por la cantidad de reporteros gráficos y periodistas,
alrededor de 220, todo hacía pensar que ahí iba a jugar
el Brasil de Ronaldo, Ronaldinho y Roberto Carlos. Pero nada de eso. Créase
o no, todos estaban en el polígono Markoupolo por una razón:
ver a los tiradores.
A pesar de que Paty se había preparado como corresponde, en la
primera de las cuatro series se le notó un poco nerviosa, algo
que ella misma reconocería luego. No podía creer lo
que me sudaban las manos, trataba de no pensar pero fue difícil,
contó. Ahí sumó 97, es decir hizo siete tiros perfectos;
y en los tres restantes, nueve.
Con Ramón Nuila y Víctor Cardona en las desbordadas gradas
alentándola, Rivas elevó la puntería para finalizar
la segunda con un dignísimo 98. Ahí tomó confianza
y en la tercera logró una serie perfecta, con 100. En la última
fue víctima de la desconcentración e hizo dos nueve seguidos,
para terminar en 98 y un total de 393.
Al margen de la comparación inevitable con la cubana y la nicaragüense,
a quienes les ganó por amplio margen, a Rivas le quedó otra
satisfacción: elevó en tres puntos su mejor registro en
pruebas oficiales, ya que hasta el año pasado su mejor marca eran
los 390 que había hecho en Alemania. Y otro dato más,
nunca antes había hecho un 100 en una competición, porque
en un entrenamiento es otra cosa, afirmó.
 |
|
Grande en el área. La tiradora salvadoreña quedó
en el lugar 20 en los Juegos Olímpicos, pero aún así
se convirtió en la mejor de Latinoamérica.
Foto: EDH/AP
|
Lo primero que quiso hacer fue pedirle el celular al ingeniero
Ramón Nuila y llamar a su padre, Juan, para contarle de lo bien
que le había ido.
En San Salvador eran las 2:00 de la mañana, pero poco le importó.
Pero no pudo, ya que del otro lado de la línea nadie contestó.
Estarán durmiendo, atinó a decir.
Las sonrisas de Nuila, Cardona y Reynaldo Flores, el entrenador de Paty,
no merecían más explicaciones, sobre todo después
de que juntos analizaran los números de las otras latinas. Mientras
los tres platicaban, Patricia llegó con un pedido para su técnico.
El premio
Profesor, ¿me puedo tomar una Coca?, le preguntó
poniendo su mejor cara, como una niña que le pide un juguete a
su padre.
Cuando Flores le dio el sí, salió disparada hacia el puesto
de ventas del estadio. La empezó a saborear como si hubiera pasado
los últimos cinco días sin agua, en el desierto. Esta
es mi medalla, mi Coca Coca, contó. Y entonces explicó
que durante cuatro meses le habían prohibido las gaseosas, el café
y el chocolate porque contenían cafeína. Esta noche
me desquito en el comedor, porque tampoco podía comer carnes rojas,
así que voy a empezar a disfrutar la comida, concluyó.
Cuando la Coca Cola es un residuo, Patricia vuelve a analizar su actuación:
Yo sabía que me iba a ir bien, lo sabía. Es cierto
que estaba nerviosa, pero sabes qué pasa
Normalmente uno
compite en dos pruebas, entonces sabes que si te va mal en una te podés
recuperar en la otra. Pero ahora se acababa aquí.
Después de presenciar la final en el estadio mayor, donde la china
Li Du le arrebató la medalla dorada a la rusa Liolov Galkina, la
salvadoreña intentó nuevamente llamar a su casa. Y esta
vez, a las 3:11 a.m. en El Salvador, su madre le contestó algo
dormida. Mami, te llamo para contarte que me fue bien, fue
lo primero que le dijo.
Primero desató una carcajada, llevó su mano a la cabeza
en clara señal de sorpresa y le envió un beso a su padre.
Luego hizo la traducción. Lo primero que me preguntó
mi mamá es si realmente había competido, ya que pensaban
que estaba ingresada en un hospital. Es que la llamó una prima
mía que tengo en Puerto Rico y le dijo que había escuchado
en la televisión gringa que yo estaba en una clínica. Mire
cómo son los chambres, hasta Puerto Rico llegan
.
Su próximo destino era, curiosamente, el hospital de la Villa Olímpica,
donde la esperaban para someterse a otros estudios desde hace varios días.
Pero ella no quiso porque la estresa mucho. Ahora que ya es la mejor de
Latinoamérica, ya nada de eso le preocupa.