Juegos Olímpicos
Atenas 2004
Claudio Martínez
Enviado especial de El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Las nueve horas de diferencia horaria entre El Salvador y Atenas eran
consideradas, en el análisis previo de la cobertura de los Juegos,
un punto a favor. No habría problemas para enviar a tiempo el material
y jamás atrasaríamos el cierre por culpa de una nota de
los Olímpicos.
Esa distancia de nueve horas es efectivamente una ventaja para aquellos
que reciben y editan las notas en San Salvador, pero definitivamente una
condena para el que las tiene que enviar.
Uno está en Atenas pero se atiene a los horarios de El Salvador,
por lo tanto no descansa nunca. De hecho, llevo más de 40 horas
sin acostarme por obra y gracia de estos benditos Juegos. Así que
sabrán perdonar las frases inconexas, las faltas de ortografía
y las comas sembradas casi al azar.
Con los ojos más cerrados de lo que los tengo habitualmente y la
máquina prestada de siempre gracias Anastasia- intentaré
explicar mi récord de permanencia en pie, algo tan digno como las
proezas de Phelps y compañía.
El viernes me levanté a las 6:00 a.m. cuando en El Salvador todavía
era lunes a las 9:00 p.m. y todavía sigo de pie. Esa noche, la
ceremonia inaugural terminó a las 12:30, perdí una hora
en salir del estadio y otra más en llegar al hotel. Casi sobre
las 3:00 de la mañana comencé a escribir todas las notas
del día.
Cuando ya había terminado, me escriben diciendo que necesitan más.
Y mandé más. Terminé casi a las 6:00 a.m. pero no
pude dormir porque a las 7:00 tenía que salir para Markopoulo,
donde Patricia Rivas competía en tiro con arco.
Sólo me alcanzó para una ducha y el desayuno. En cuatro
días no he visto el Partenón sino por televisión
el canal 22 de mi TV tiene una cámara fija las 24 horas y
con eso me contento- y ya estoy empezando a desconfiar de mí mismo.
Hace un rato acabo de ver unas imágenes de Michael Owen con la
camisa del Real Madrid y me digo que no es cierto, que necesito urgente
una cama y mucho descanso.