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| Tenacidad. Cecilia quiere preservar este oficio
en las futuras generaciones. Foto EDH |
Nuria Romero
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Hace
29 años descubrió su habilidad para el bordado artesanal
y desde entonces no ha dejado de coser.
Cecilia Adilia Piche adquirió su pasión por este oficio
gracias a sus vecinas, quienes con mucha paciencia y dedicación
la motivaron a aprenderlo.
Al principio me enseñaron a confeccionar vestidos, pero no
me gustó. Después comencé a aprender a bordar y eso
sí me agradó, dice con mucho entusiasmo, mientras
da los últimos toques a un vestido de niña.
Disfruta de este oficio, que también ha significado una forma de
obtener ingresos para poder sobrevivir.
Desde pequeña, mi mamá siempre me inculcó trabajar
para valerme por mí misma, comenta.
Sus creaciones las plasma en pañales, baberos, saliveros, vestidos,
gorras, condecoraciones de los militares o cualquier pedido que la jefa
le haga.
Y es que ella, en la actualidad vende la mano de obra a una señora
que exporta para Guatemala.
Perseverante
Su deseo por aprender a bordar cosas nuevas siempre es el mismo que el
de su primer día.
Por eso en las noches deja volar su imaginación para crear diseños
innovadores. Todas esas ideas se las presento a la señora,
quien me paga la mano de obra, para que elija la mejor, indica.
Desde sus inicios siempre ha ofertado su trabajo con empresas dedicadas
a la confección. Desde hace siete años se mantiene con la
actual jefa. Yo siempre busco quien me paga mejor, explica.
Para hacerle frente a los pedidos, dedica seis horas al día a esta
labor. Durante este tiempo logra bordar tres docenas de vestidos para
niños, las cuales se las pagan a 12.69 de dólar.
No puedo pasar todo el día en este oficio, debido a que parte
de mi tiempo está sujeto a los quehaceres del hogar, a atender
a mi esposo y a mis tres hijos, dice.
Ella está consciente que el bordado artesanal ya no tiene el mismo
auge de hace 29 años. Aquí en el cantón había
mucha gente que laboraba en eso, ahora somos pocas las que hemos quedado,
asegura.
Según Cecilia, una parte de ese desinterés de las personas
es que hoy las madres ya no les ponen vestidos bordados a los niños,
ni la gente los usa.
Esas limitantes, en vez de hacerla desistir en este trabajo, le dan más
fuerzas para continuar en él. Para que no se pierda la tradición,
dice convencida.
Y es que ella piensa seguir hasta que ya no pueda manejar una máquina
de coser.
Mientras tanto, para poder ayudarle a su esposo en los gastos de su casa,
también vende tamales, chilate y otras comidas típicas,
ya que nunca olvida el consejo de su madre de no dejar de trabajar.
Perfil
Cecilia Adilia Piche, de 44 años,
vive en el sector la Estacada del cantón Los Llanitos de Ayutuxtepeque.
Comparte su vida con su esposo Andrés Santos y sus tres hijos.
Realizó sus estudios hasta cuarto grado. Para ayudar a su pareja
en los gastos del hogar, a parte de bordar, vende tamales, chilate y otras
comidas típicas en su vecindario. Su meta es continuar con el bordado
artesanal hasta que su cuerpo le impida manejar la máquina.