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Del Polo Sur a Australia y del quinto continente a Nueva Zelanda,
los vientos sureños viajan para acabar rizando las aguas
salvadoreñas. Fotos EDH
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Leyre Ventas
El
Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Hace tormenta en Australia. Roberto Rotherham
lo verifica desde una ventana del Punta Roca hotel y restaurante, Puerto
de La Libertad.
Cuando allá el clima empeora, las olas de Punta Roca crecen.
Una variante climatológica del efecto mariposa.
Del Polo Sur a Australia y del quinto continente a Nueva Zelanda, los
vientos sureños viajan para acabar rizando las aguas salvadoreñas.
Se siente el llamado del oleaje. Algún minuto más de las
8:00 a.m. es tarde para los meros meros, los autodenominados surfistas
de corazón.
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Las olas de Punta Roca son las mejores de la zona: explotan en
la misma punta y no mueren hasta que han recorrido todo el Litoral.
Es en esta costa donde se compite por la ola más larga.
Fotos EDH
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Los huéspedes comparten con Roberto afición
y prisa. Hace un par de horas que se preparan para pelear puesto sobre
la mejor ola.
Caminando cual faquir sobre redondeados cantos ardientes, lycra contra
piel y tabla bajo el brazo, el veterano surfista se dirige a la Punta.
Le acompaña José Emilio, empleado fiel desde hace 15 años
y dueño del título la ola más larga.
Orgulloso relata el día en que una fuerza de agua le llevó
desde la antes llamada Punta Chilama hasta las puertas del restaurante.
Emilio es guía. Recoge a los visitantes en el aeropuerto, los registra
en el hotel que Rotherham regenta, y les muestra las mejores playas de
la zona.
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Entre rocas. Éste es el mayor peligro de surfear en Punta
Roca. Fotos EDH
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Ese es un buen tubo. La jerga surfera hace
referencia a la ola que un aficionado local agarró.
En la orilla, dos extranjeros de cabellera achicharrada observan y evalúan.
La onda marina recorre el Litoral hasta morir sobre las rocas que en invierno
usurpan el territorio de la arena.
A varios metros de la orilla, el gorro blanco lo caracteriza tanto como
los años de experiencia. Roberto lleva más de 30 batiéndose
en aguas salvadoreñas.
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Tras una jornada entre olas, en el hotel restaurante Punta Roca
el deportista puede descansar y recuperar fuerzas co un plato de
marisco, siempre rodeado del ambiente surfero.
Fotos EDH
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En 1972, huyendo de playas en las que las ondas mueren
jóvenes, el estadounidense buscaba un arrecife y encontró
la Punta: la ola perfecta.
Mar tan caliente como el carácter de sus gentes, la coordinación
entre la velocidad y dirección del oleaje y el viento, convencieron
a Rotherham de que debía instalarse en Puerto de La Libertad. En
el 74 montó su negocio.
Las 10:30 a.m. A ausencia de termómetro, el sol en la piel indica
que las máximas de 34 grados no son una exageración.
No se aprecia ninguna de las nubes que la página web preveía
provocarían una fuerte tormenta.
La otra ventana
La Internet es otra ventana a Punta Roca. A ella se asoman ciudadanos
del mundo que optan, como un día lo hizo Roberto, por buscar olas
en Centroamérica. Con las nuevas tecnologías el surfeo
ha cambiado.
Según Rotherham esta actividad ha transformado el pueblo. Hace
20 años la gente vestía pantalón largo para ir al
centro. Ahora se ha generalizado el short, comenta.
Ya no es un deporte de vagos, Roberto se refiere a un fenómeno
global: torsos descubiertos de abdómenes cuadriculados, pelo oxigenado
y piel quemada, flores hawaianas en shorts centroamericanos, frutos de
mar a modo de collares y pulseras, un socorrista ex policía convertido
en médico de tablas; pero sobre todo bares, restaurantes, hoteles
en los que el surf es el principio, centro y fin. Motivo único.
En la terraza de su negocio, Roberto recupera fuerzas con un jugo de naranja
e invierte las que le quedan en historias de tiburones.
Las olas fueron protagonistas reincidentes de la jornada en la Punta.
También el sol. En Australia debe seguir la tormenta.
Esfuerzo y horas entre olas
Llegar a ser un experto surfista exige esfuerzo y muchas
horas en remojo.
Para el que tenga prisa por aprender, el body boarding es la disciplina
más adecuada. Quien nade bien podrá pararse sobre la tabla
en un par de meses. Además, el material plástico de la herramienta
suaviza los golpes.
Ser un as de la tabla de fibra de vidrio requiere la dedicación
diaria de un año. Cuanto más grande sea la tabla, más
fácil le será controlarla.
Son varias las playas surferas del Puerto de La Libertad. El Cuco, en
San Miguel, ofrece también deporte de calidad.
Las mejores olas las encontrará entre mayo y noviembre. En El Zunzal,
aunque pequeñas, las hay todo el año, y es excelente lugar
para aprender.
Cuando las olas mueren en Punta Roca, se debe buscar oportunidad en Conchalío,
una playa de arena blanca bañada de olas menudas, pero rápidas.
La tropical temperatura del agua permite prescindir del traje de neopreno.
Pero nunca olvide agua fresca que le hidrate y bloqueador que le proteja
del sol.
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Los imprescindibles para ser todo un surfista
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Short
La calidez de las aguas salvadoreñas permite sustituir el traje
de neopreno por un bañador. $50. |
Rashguard
La fina camiseta de lycra protege el pecho de rozaduras. Las hay de
varios diseños y colores. $50. |
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Recambios
Las quillas son las piezas que se rompen con mayor frecuencia. Compre
su recambio por $53.49. |
Leash
Imprescindible para que, en caso de un golpe de mar, el surfista no
pierda la tabla. $25 aprox. |

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