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Breve análisis
La administración del petróleo iraquí

Darle a Iraq los fondos para la recuperación de su industria petrolera ha sido una de las mejores decisiones posteriores a la guerra que la administración Bush ha tomado

Publicada 13 de agosto 2004, El Diario de Hoy

A.F. Alhajji*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

En los últimos meses, la producción petrolera de Iraq ha llegado a más de dos millones de barriles diarios. A este ritmo, la producción y exportación actuales de crudo ya rebasan las predicciones de después de la invasión. Los expertos habían supuesto que la falta de financiamiento y de seguridad, los problemas para estabilizar a un gobierno legítimo y el atraso tecnológico limitarían severamente la producción iraquí. A pesar de los pronósticos, la producción diaria alcanzó un récord post-invasión de 2.5 millones de barriles en marzo.

Varios factores permitieron que Iraq aumentara su producción. El más importante fueron los 2.3 mil millones de dólares que la administración Bush dio a Iraq para que reanudara la producción petrolera. Después de la invasión, nadie esperaba que Iraq recibiera créditos, ya no se diga subvenciones abiertas. Sin embargo, se invirtieron 2.3 mil millones de dólares directamente en el sector petrolero iraquí. Para proteger los campos y otras instalaciones petroleras, los estadounidenses dedicaron una fuerza masiva y abrumadora de soldados y contratistas privados. El nivel de protección no tiene precedentes, incluso si se le compara con el régimen de Sadam.

En el aspecto técnico, la administración Bush contrató a las mejores compañías de servicios petroleros del mundo para renovar los campos petroleros iraquíes, que plantean varios retos tecnológicos. Todavía les falta mucho por hacer, pero ya hay claras mejoras. Además, la guerra no cambió la calidad de los campos iraquíes, que siguen estando entre los más ricos del mundo y que pueden producir crudo con poco esfuerzo e inversiones relativamente pequeñas.

Por último, los altos precios del petróleo en los últimos 12 meses han generado ganancias inesperadamente grandes para el presupuesto iraquí, lo que ha permitido financiar otros sectores sin descuidar la industria petrolera. Los precios elevados también permitieron que la Autoridad Provisional de la Coalición contratara aún más personal de seguridad privada para proteger las refinerías y los oleoductos.

Darle a Iraq los fondos para la recuperación de su industria petrolera ha sido una de las mejores decisiones posteriores a la guerra que la administración Bush ha tomado. El dinero le permitió a Iraq empezar a abordar asuntos de seguridad, producción y tecnología en todo su sistema petrolero. Pero queda una pregunta: ¿Se mantendrá el crecimiento de la producción después de la transferencia de la soberanía a un gobierno iraquí que tuvo lugar a finales de junio?

A pesar de la inyección masiva de capital y de la seguridad sin precedentes, los insurgentes se las han ingeniado para interrumpir o reducir la producción y la exportación petrolera varias veces desde la invasión. Casi a diario sigue habiendo atentados contra oleoductos u otras instalaciones petroleras en algún lugar de Iraq, y la transferencia del poder no ha reducido hasta el momento esos ataques. Como la administración Bush y el mismo Sadam, los insurgentes saben que quien controle el petróleo controla el destino de Iraq.

Esto plantea una interesante relación entre Iraq y Arabia Saudita. Sólo Arabia Saudita es capaz de manipular la producción mundial de petróleo de manera que haya espacio para el crudo iraquí y que los precios se mantengan altos. En contraste, sólo Arabia Saudita puede inundar los mercados y reducir los precios muy por debajo de su nivel actual.

Una caída en los ingresos petroleros sería devastadora para el incipiente Gobierno iraquí. Los ingresos actuales apenas son suficientes para cubrir los gastos del Estado, ya no se diga para pagar la reconstrucción, las deudas y las reparaciones de guerra.

Incluso si el Presidente Bush lograra la reelección, es muy improbable que Estados Unidos otorgue otra subvención a un Iraq soberano. Teóricamente, los créditos internacionales podrían ser una alternativa, pero, ¿quién le prestaría a un Gobierno inestable, por no decir un Gobierno cuya legitimidad no ha quedado establecida del todo? De la misma manera, por el momento no se puede pensar en la privatización.

El nuevo Gobierno tendrá que arreglárselas y planear una ruta lenta hacia su recuperación petrolera, tal como lo hizo el régimen de Sadam. Al mismo tiempo, la lógica de un renovado apoyo estadounidense a la industria petrolera iraquí sigue siendo fuerte. El financiamiento normal no llega. Sólo las subvenciones de EE.UU. podrán reducir la volatilidad de la producción.

El régimen de Sadam provocó la mayor parte de la volatilidad en los mercados petroleros en los últimos 30 años. De hecho, cada vez que los precios del petróleo han llegado a un máximo desde 1973, algún acontecimiento relacionado con Iraq ha sido la causa. Uno esperaría que al eliminar ese régimen se reduzca la volatilidad de los mercados y se estabilicen los precios del petróleo. Desgraciadamente, parece que Iraq seguirá siendo fuente importante de alzas en los precios del petróleo debido a una producción muy errática. En el futuro cercano, una de las principales consecuencias de la invasión a Iraq será una mayor volatilidad y, con ello, precios más elevados.

Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Negocios en el Colegio de Administración Empresarial de la Universidad del Norte de Ohio.


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