elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Desde Washington
Futuro de Venezuela depende de referendo

A pesar de lo que desearían algunos en L.A., es probable que Chávez haga el papel del mal vencedor. En vez de usar el referendo para la reconciliación, Chávez probablemente continuará agobiando a la oposición

Publicada 13 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

En la satírica película de Luis Buñuel de 1972 “El discreto encanto de la burguesía”, un grupo de amigos acaudalados es interrumpido de manera frustrante por una extraña serie de eventos —ataques terroristas, arrestos, operaciones militares y muerte. Con pesadillas dentro de pesadillas se hace una burla surrealista del simple deseo del grupo de sentarse a comer alrededor de una mesa.

Pareciera como si los venezolanos estuvieran estancados en una similarmente frustrante —y en ocasiones igualmente surrealista— secuencia de eventos. Los meses se han convertido en años de peleas políticas internas, acusaciones, polarización y disturbios que podrían estar a punto de alcanzar un punto culminante. Pero también pueda que no.

Es como si los venezolanos estuvieran condenados a no poder disfrutar los beneficios de una democracia en ejercicio. Este domingo tienen programado votar en un referendo que podría revocar al Presidente Hugo Chávez o dejarle terminar los dos últimos años de su período. La mayoría de los analistas opina que una victoria con un estrecho margen de cualquier lado podría desatar más violencia e inestabilidad. Pero un margen amplio de cualquier lado podría ser igualmente perturbador.

Una victoria arrolladora de parte de Chávez ciertamente reforzaría al Presidente venezolano en su cargo y daría un nuevo mandato a su conflictiva revolución populista. Pero si la oposición ganara con una gran ventaja, el gobierno de Chávez podría derrumbarse, dejando un caótico vacío de poder.

Asombrosamente, después de meses de lucha hacia una solución democrática, constitucional, electoral y pacífica a la crisis venezolana, existen hoy aquellos que desean que nada cambie. Para ellos, menos cambio significa más estabilidad.

La tan buscada victoria sobre Chávez “podría convertirse en la peor pesadilla”, dijo Pedro M. Burelli, ex miembro de la Junta Directiva de la compañía estatal de petróleo PDVSA. En una entrevista telefónica desde Caracas, dijo que una gran victoria de la oposición podría llevar a una rápida “implosión” en el gobierno de Chávez, para la que los opositores estarían tan mal preparados para responder como los partidarios de Chávez para aceptarlo.

La administración de Bush puede también estar deseando cambios mínimos después del domingo. Durante los últimos días, funcionarios de Bush han estado mordiéndose la lengua para no aparecer públicamente como antagonistas de Chávez. Para funcionarios que hace menos de tres meses estaban emitiendo ultimátums y hablando de una “consolidación de la dictadura” bajo Chávez, este cambio repentino es extraordinario.

Podría ser una señal de no querer darle a Chávez nada que pueda usar en su provecho, pero también podría ser una calculada respuesta para evitar mayor inestabilidad en el país que constituye la cuarta fuente de petróleo de Estados Unidos, a escasas semanas de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Para los intereses empresariales estadounidenses, en particular del sector de petróleos, más Chávez no parece ser ya mala noticia. Tres años después de que Chávez aumentó las regalías para el gobierno al 30 por ciento y requirió un 51 por ciento de participación estatal en nuevos proyectos, compañías petroleras están mostrando un nuevo entusiasmo por Venezuela. Apenas la semana pasada ChevronTexaco anunció un nuevo proyecto por $6.000 millones de dólares para transformar crudo extra pesado en el país andino, cuyas reservas de crudo son las más grandes del hemisferio. A casi $45 dólares el barril, sólo el caos sería el verdadero elemento disuasorio de la inversión externa.

Aunque el hecho de que los intereses empresariales prefieran más de lo mismo no es sorpresa, sí lo son las recientes palabras de algunos miembros de la comunidad internacional. Incluso algunos que se involucraron en la crisis venezolana hace meses y terminaron contrariados por el líder venezolano, hoy parecen deseosos de apostar que Venezuela todavía estaría en buenas manos si Chávez gana.

Ojalá estén en lo correcto. Y ojalá la comunidad internacional nunca sea llamada a explicar por qué terminó tan comprometida con el esfuerzo por el referendo que se quedó sin otra opción que estar de acuerdo, a pesar de los repetidos intentos de Chávez por contener el proceso.

Claro que la amenaza del caos está haciendo que muchos duden de si este es el mejor momento para el referendo —excepto Chávez—. Hace tres meses, el líder venezolano escribió en una columna en el Washington Post que anhelaba que el referendo del domingo llegara. Es una oportunidad, dijo, de “ganar una vez más el mandato de la gente”. Desafortunadamente, sin embargo, incluso si no surgen mayores dudas sobre la transparencia del proceso, Chávez parece haber inventado el deporte de conseguir ser elegido democráticamente para luego jugar en forma antidemocrática.

A pesar de lo que desearían algunos en América Latina, es probable que Chávez haga el papel del mal vencedor. En vez de usar el referendo para la reconciliación, Chávez probablemente continuará agobiando a la oposición y gobernando a nombre de un grupo por encima de otro. ¿Cuál sería entonces el encanto?

*Columnista del Washington Post.


elsalvador.com WWW