Mario Posada/Redacción
deportes EDH
El Diario de Hoy
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Ya no hay marcha atrás. El momento más esperado ha llegado.
Hoy, a partir de las 11:45 de la mañana (hora de El Salvador),
buena parte del planeta estará pegada a su televisor para observar
la inauguración de la justa deportiva más grande del año:
Los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
La cita, que contará con la participación de siete aguerridos
atletas salvadoreños, tiene un ingrediente especial: regresa a
su hogar, a la mejor usanza de un hijo pródigo, luego de andar
fuera de casa por 108 años.
La celebración estaba programada para 1996, justo un siglo después
de inaugurados los ahora conocidos como Juegos Olímpicos modernos.
Empero, y ante la decepción mundial, la ciudad estadounidense de
Atlanta terminó organizando la fiesta deportiva.
Algunos detalles
En los primeros juegos de la era moderna, sólo participaron 14
países y 345 atletas. En Atenas 2004, que ya arrancó con
las competiciones de fútbol y tiro con arco, entrarán en
contienda 11,000 deportistas provenientes de 202 naciones y que buscarán
los máximos honores en 28 deportes.
Dentro de ese gran universo deportivo, siete atletas tratarán de
poner en alto el nombre de El Salvador. Ese nombre que comenzó
a cobrar vigencia en la Villa Olímpica tras el arribo a suelo griego,
hace 10 días, del arquero Ricardo Merlos.
Pero no sólo el nombre de nuestro país suena
en Atenas. La bandera cuscatleca, con sus flameantes colores azul y blanco,
ya ondea en el cónclave deportivo. Ayer fue izada por los atletas
salvadoreños, quienes, en compañía del jefe de la
delegación, Ramón Nuila, y del presidente del INDES, Jorge
Hernández, cantaron a viva voz: Saludemos, la patria orgullosos...,
esas palabras que a más de alguno le erizan la piel.
Las esperanzas
Antes de emprender el vuelo a Grecia, cada uno de los siete gladiadores
salvadoreños que entrarán en contienda con lo más
selecto del deporte mundial, estaba consciente a lo que se iba a enfrentar.
Llámese humildad o pura precaución, ninguno se aventuró
a pronosticar, con seguridad, una medalla.
Más bien, todos hablaron de tratar de mejorar sus marcas personales
e imponer, por lo menos, récords centroamericanos o panamericanos.
Pero, qué tan lejos está El Salvador de lograr una medalla
olímpica.
La historia no miente. Nuestro país no posee en sus vitrinas, ninguna
presea de este calibre. Tal vez, la que más cerca estuvo de lograrla
fue la estadounidense nacionalizada salvadoreña Maureen Kaila Vergara,
quien en Atlanta 1996 logró un honroso quinto lugar en la carrera
por puntos. Una caída a la mitad de la competición le robó,
quizás, el triunfo más grande al deporte cuscatleco.
Sin embargo, para esta edición, hay que recordar que lo último
que se pierde es la esperanza.
El propio Ricardo Merlos y la tiradora Patricia Rivas lo dijeron: no sólo
quieren competir, también quieren figurar.
El arquero comenzó su faena ayer mismo. Ya sabe contra quienes
competirá, de forma oficial, el próximo domingo.
Ese día también iniciará su travesía, a bordo
de su bicicleta, la abanderada Evelyn García, quien llega respaldada
y avalada por una extensa preparación en Europa.
Rivas verá acción mañana. Para avanzar y colarse
entre las mejores ocho tiradoras del mundo, tendrá que ejecutar
una faena que roce la perfección. Los rezagos de un dengue podrían
mengüar su desempeño, pero ya veremos.
Luego, el 20 de agosto será el turno de los atletas Takeshi Fujiwara
y Elizabeth Zaragoza, de la nadadora Golda Lee Marcus y de la haltera
Eva María Dimas. El reto está servido. Tienen el apoyo de
un país entero. Ya no hay marcha atrás.