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La bandera ya ondea

El emblema nacional ya es inquilino de la plaza de las banderas de la villa olímpica. Ayer, la delegación nacional cantó las notas del himno nacional.

Publicada 13 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Puro patriotismo. Parte del contingente salvadoreño presenció el izamiento de la bandera nacional en la Villa. Foto: EDH

Orestes Membreño
El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com

“Saludemos la patria orgullosos…” El Himno Nacional de El Salvador sonó ayer por primera vez en la Villa Olímpica y todos se llevaron la mano al pecho.

Fue cuando los organizadores izaron la bandera nacional, una ceremonia que se repite con todos los países.

A El Salvador le tocó junto a las delegaciones de Suecia —de las más numerosas—, Camboya, Lietchestein —poquitos pero muy elegantes— y Lesotho. Solemne pero algo frío, el acto contó con la presencia de Ramón Enrique Nuila, el jefe de misión, Jorge Hernández Isussi, presidente del INDES, y algunos de los atletas como Evelyn García, Patricia Rivas, Golda Marcus y Takeshi Fujiwara. A esa misma hora Ricardo Merlos estaba terminando su clasificación en tiro con arco (ver nota) y Eva María Dimas y Elizabeth Zaragoza aún no habían regresado de su entrenamiento vespertino.

“Hasta ahora, por suerte, todo ha estado bien”, dijo Nuila en la recepción, donde algunos quesos exquisitos, frutas de todo tipo y algunas especialidades locales poblaron las mesas.

Si los de Lesotho eran los que más comían, hay que decir que los salvadoreños eran los más activos en esa competencia paralela que hay dentro de los juegos: obtener el mayor número de pins posible.

Por lo visto hasta ahora, Takeshi Fujiwara y Hernández Isussi tienen la delantera, pero pronto puede haber cambios en el liderato.


Opinion

El comedor es peligroso

Yo, que he estado en cinco Juegos Olímpicos, algunos como yudoca y otros como médico, conocí muchas villas y puedo decir que esta es una de las mejores junto con la de Sydney 2000. Estamos comodísimos, nuestro edificio es amplio, al punto que cada uno tiene su propia habitación. Esa también es la ventaja de ser poquitos.

De un lado tenemos a los de Mongolia y a los de Corea del Sur, y del otro a los de Senegal, pero se portan muy bien, no nos podemos quejar. Además, con el cansancio con el que llegamos el miércoles creo que hubiera podido dormir por más que hubieran hecho un concierto de rock.

Lo más peligroso es el comedor, ya que la variedad es tan grande que uno está tentado de comerse todo. Cada vez que uno se levanta vuelve con el plato lleno... Lo que más me gustó fue un filete de tiburón, aunque también probé los calamares y el pulpo, y estaban exquisitos. Las chicas, en cambio, prefieron la comida de McDonalds. No saben lo que se pierden.

Algo que me sorprendió mucho de las instalaciones fueron los gimnasios, son completísimos, incluso con piscina. Normalmente eso estaba destinado sólo a aquellos que competían y tenían que entrenar, pero aquí hicieron otros para que otra gente que no compite vaya a quemar algunas calorías. Con la amplia oferta de comida, ir al gimnasio es una obligación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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