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Puro patriotismo. Parte del contingente salvadoreño presenció
el izamiento de la bandera nacional en la Villa.
Foto: EDH
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Orestes Membreño
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Saludemos la patria orgullosos
El Himno Nacional de
El Salvador sonó ayer por primera vez en la Villa Olímpica
y todos se llevaron la mano al pecho.
Fue cuando los organizadores izaron la bandera nacional, una ceremonia
que se repite con todos los países.
A El Salvador le tocó junto a las delegaciones de Suecia de
las más numerosas, Camboya, Lietchestein poquitos pero
muy elegantes y Lesotho. Solemne pero algo frío, el acto
contó con la presencia de Ramón Enrique Nuila, el jefe de
misión, Jorge Hernández Isussi, presidente del INDES, y
algunos de los atletas como Evelyn García, Patricia Rivas, Golda
Marcus y Takeshi Fujiwara. A esa misma hora Ricardo Merlos estaba terminando
su clasificación en tiro con arco (ver nota) y Eva María
Dimas y Elizabeth Zaragoza aún no habían regresado de su
entrenamiento vespertino.
Hasta ahora, por suerte, todo ha estado bien, dijo Nuila en
la recepción, donde algunos quesos exquisitos, frutas de todo tipo
y algunas especialidades locales poblaron las mesas.
Si los de Lesotho eran los que más comían, hay que decir
que los salvadoreños eran los más activos en esa competencia
paralela que hay dentro de los juegos: obtener el mayor número
de pins posible.
Por lo visto hasta ahora, Takeshi Fujiwara y Hernández Isussi tienen
la delantera, pero pronto puede haber cambios en el liderato.
Opinion
El comedor es peligroso
Yo, que he estado en cinco Juegos Olímpicos, algunos como yudoca
y otros como médico, conocí muchas villas y puedo decir
que esta es una de las mejores junto con la de Sydney 2000. Estamos comodísimos,
nuestro edificio es amplio, al punto que cada uno tiene su propia habitación.
Esa también es la ventaja de ser poquitos.
De un lado tenemos a los de Mongolia y a los de Corea del Sur, y del otro
a los de Senegal, pero se portan muy bien, no nos podemos quejar. Además,
con el cansancio con el que llegamos el miércoles creo que hubiera
podido dormir por más que hubieran hecho un concierto de rock.
Lo más peligroso es el comedor, ya que la variedad es tan grande
que uno está tentado de comerse todo. Cada vez que uno se levanta
vuelve con el plato lleno... Lo que más me gustó fue un
filete de tiburón, aunque también probé los calamares
y el pulpo, y estaban exquisitos. Las chicas, en cambio, prefieron la
comida de McDonalds. No saben lo que se pierden.
Algo que me sorprendió mucho de las instalaciones fueron los gimnasios,
son completísimos, incluso con piscina. Normalmente eso estaba
destinado sólo a aquellos que competían y tenían
que entrenar, pero aquí hicieron otros para que otra gente que
no compite vaya a quemar algunas calorías. Con la amplia oferta
de comida, ir al gimnasio es una obligación.

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