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Matan niño en Soyapango

Controvertido. Autoridades en pos del padrastro de la víctima. Éste dijo a unas mujeres que pandilleros rivales le habían atacado; luego desapareció. El sujeto pertenece a la MS

Publicada 11 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Asesinado. Vecinos llevan el cuerpo de Wilber Hernández, de dos años, cerca de su vivienda en Soyapango. Foto: EDH/Oscar Payés

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Un niño de dos años de edad, identificado como Wilber Hernández, fue asesinado ayer por la tarde de múltiples golpes que recibió presuntamente de su padrastro.

Según el jefe policial de Soyapango, comisionado Nelson Escalante, el principal sospechoso es Edwin Gustavo García, de 24 años, apodado “Pingüino”, quien es miembro de la Mara Salvatrucha.

Escalante dijo que sobre el infanticidio hay dos hipótesis, según las indagaciones hechas ayer mismo en el lugar donde fue abandonado el cadáver, una champa de lámina situada en el número 21 del final de la Calle Principal de la colonia Montecarmelo I, en Soyapango.

La primera es que el niño pudo morir a consecuencia de varios golpes que miembros de la Mara 18 le habrían asestado, tras un ataque dirigido al padrastro.

Sobre lo anterior, Victoria Murcia sostuvo que como a eso de las 2:00 p.m., el “Pingüino” se introdujo a su casa. Gritaba que le ayudaran con el niño porque varios “chavalas” (mareros de la 18) le habían atacado y habían golpeado al niño.

Otras mujeres que se encontraban en la casa quisieron auxiliar al niño frotándole con alcohol y dándole masajes, pero vieron que ya tenía los dedos morados y con la piel pálida.

Al intentar frotarle se percataron de que tenía moretones en los costados y en las rodillas. “El niño ya no respiraba, ya venía muerto”, aseguró Murcia. García, dicen, se echó a llorar por varios minutos sobre el cadáver de su hijastro.

Edwin Gustavo García
es el presunto autor del
infanticidio de su hijastro.

No regresó

La dueña de la casa optó por llamar al sistema 911. Ahí le dijeron que el padre del menor tenía que permanecer en el lugar. Pero el “Pingüino” les dijo que no podía esperar; les pidió una “cora” para llamar a su madre, pero ya no regresó.

La otra posibilidad es que el “Pingüino” haya asesinado al niño. Esto se desprende, según Escalante, tras la desaparición del sujeto.

La víctima era hijo de María Hortensia Hernández, de 22 años, quien desde hacía aproximadamente un año se había acompañado con García y estaba embarazada, próxima a dar a luz. Tras recibir la funesta noticia, los dolores de parto le apuraron y ayer a las 5:15 p.m. dio a luz un varón.

En el hospital Molina Martínez, de Soyapango, dijeron que la mujer estaba bien de salud y que no presentaba signos de violencia.

Según un hermano del sospechoso, entre éste, el niño asesinado y su madre, parecía haber armonía y nunca supo de maltratos.

Una vecina también aseguró que al parecer la pareja no tenía problemas. “Yo los veía tranquilos cuando iban a jalar agua”, sostuvo la mujer que declinó ser identificada.

El sospechoso, según la policía, sólo ha sido detenido una vez por asociaciones ilícitas. Esto ocurrió el 16 de julio anterior.

Despliegue. Policías se disponen a localizar al “Pingüino”. Foto: EDH/Oscar Payés

Operativo de búsqueda del sospechoso aún no da resultados positivos

Habitantes de la colonia Montecarmelo I, al sur de Soyapango, se mostraron indignados tras enterarse del asesinato del niño.

El despliegue policial en el sector hizo que muchos se acercaran a indagar sobre la tragedia.

Al filo de las cuatro de la tarde, medio centenar de policías dispersos en pequeñas patrullas iniciaron la búsqueda de Edwin Gustavo García. Al cierre de esta nota no le habían localizado.

El comisionado Escalante aseguró que la búsqueda la habían extendido a colonias donde es conocido que opera la mara Salvatrucha, entre éstas Las Margaritas.

Escalante también dijo que no tenía información de que en el sector se hubiese perpetrado alguna riña entre pandilleros.

Vecinos del sitio donde fue abandonado el cadáver, dijeron que desde hacía una semana que el “Pingüino” (sólo así lo conocían) había estado llevando al niño a la colonia, donde él acostumbraba reunirse con otros hombres para embriagarse.

El “Pingüino” les decía que la madre estaba en el último mes de embarazo y que lo sonsacaba para que no la molestara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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