Joaquín Villalobos*
El Diario de Hoy
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Oxford, Inglaterra. El
referendo del próximo 15 de agosto en Venezuela tiene una importancia
crucial para toda Latinoamérica. Las crisis políticas de
Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú y la de la misma Venezuela, hace
30 años hubiesen derivado en revoluciones radicales de izquierda
o de derecha con gobiernos autoritarios. Con enormes defectos, la realidad
es que en todos esos países funcionaron los fusibles del sistema
democrático con renuncias, nombramientos parlamentarios, convocatoria
a nuevas elecciones y medidas constitucionales para situaciones extremas.
Los golpes de Estado y las insurrecciones no fueron lo dominante y, para
confirmar la regla, la pequeña y breve revuelta en Haití
habría sido la excepción. Argentina vio pasar cinco presidentes
y unas elecciones en las que, luego de que la consigna popular fue: que
se vayan todos, la realidad es que para bien regresaron todos.
Argentina está retornando a la normalidad y Venezuela a empujones
se encamina a un referendo. Es verdad que en Latinoamérica la democracia
aún no ha resuelto la pobreza, pero está salvando vidas
de conflictos fratricidas que, de ocurrir, la aumentarían.
Venezuela tiene la crisis más grave y se ha convertido en el referente
de riesgo para asustar a los países que no fortalecen sus instituciones,
ni mantienen sanas sus cuentas políticas. Cuando en toda Latinoamérica
los militares iban de salida por la puerta derecha, en Venezuela regresaban
por la puerta izquierda y sin hacer una revolución, parieron un
conflicto. Ahora que el referendo es un hecho, el pronóstico sobre
el resultado tiene mucha importancia para demostrar que la política
no es lotería y que en ella se cosecha lo que se siembra.
Chávez mismo es la cosecha de quienes más lo odian. Por
otro lado, el referendo tiene gran importancia para el futuro de la izquierda,
en éste se juega la continuación, o no del predominio de
la izquierda reaccionaria representada por Fidel Castro en Cuba, Schafik
Handal en El Salvador y Daniel Ortega en Nicaragua.
Haberse opuesto tanto al referendo fue un error que convierte a Chávez
en un competidor que ya está moral y políticamente derrotado,
aunque diga lo contrario. Su permanencia en el gobierno es ahora incierta
y esto abre en sus filas una conflictividad difícil de controlar.
Existen cuatro aspectos importantes relacionados con el pronóstico:
lo que dicen las encuestas, el posible impacto de políticas clientelares
o sociales de Chávez, la batalla entre el retorno a la normalidad
y la continuación de la venganza contra el viejo sistema político
y, finalmente, los riesgos de errores y división en la oposición.
Las encuestas son siempre útiles, pero la sociedad venezolana ha
estado sometida a tensiones y presiones extraordinarias, por lo tanto,
muchos datos serán inexactos. No estamos frente a estudios de opinión
en un país normal y tampoco es el extremo de Cuba, pero hay factores
que inhiben a la gente a decir lo que piensa. Si las encuestas dicen que
Chávez está perdiendo por poco margen, es bastante seguro
que ese margen será mayor, porque con seguridad hay datos escondidos
en relación al abstencionismo y al número de personas dispuestas
a votar contra Chávez.
Si millones de personas han ido a marchas, otros millones han firmado
con nombre y apellido, y la política se ha vuelto omnipresente;
no hay bases serias para pensar que en Venezuela la apatía y el
abstencionismo sean un problema.
Es muy difícil que los votantes a favor de Chávez sean más
de lo que las encuestas dicen, lo más probable es que sean menos
debido a todos los mecanismos de presión, que el Gobierno ha utilizado
para mantener a sus adeptos. El referendo de Venezuela será muy
parecido a la elección que perdió Daniel Ortega en Nicaragua.
En aquella ocasión todos los estudios pronosticaron la victoria
del FSLN, y la oposición estaba más de diez puntos abajo.
Sin embargo, los sandinistas fueron derrotados y sorprendidos por miles
de votos a favor de la oposición en sus propias filas y hasta en
sus propias casas.
Esto se debió a que esa forma de gobernar, que ha sido copiada
por Chávez, reprime la crítica, promueve el seguimiento
fanático y, con ello, genera que su propia gente mienta y nunca
diga lo que piensa. Cuba es el ejemplo más claro de esto y por
ello Fidel Castro no hace elecciones, sino sólo marchas y concentraciones.
Con relación al impacto de las llamadas políticas sociales
de Chávez, si bien no son despreciables, el problema es que sólo
serían efectivas si hubiese un marco institucional ejecutor como
en Suecia o Francia, o si existiese un cuerpo partidario ideológico
como el de Cuba, el FSLN de Nicaragua o el PRI de México, pero
el chavismo es todavía un amorfo sin definirse ni consolidarse.
Son demasiados millones queriendo bajar por tuberías estrechas,
esto es en esencia voluntarista y termina generando más corrupción
arriba que resultados abajo. Por otro lado, el plan social de Chávez
compite contra un adversario más fuerte, que es la demanda de normalidad.
El punto álgido de venganza contra el viejo sistema político
ya pasó, ahora es minoría y la fuerza de la oposición
es la prueba. Chávez, al igual que Daniel Ortega en Nicaragua en
los 80, le pide a la gente sacrificios para una lucha sin final. Entre
más perciba la gente el riesgo de continuidad conflictiva, más
usará los votos para cambiar la situación.
En Nicaragua, a pocos días de la elección, el FSLN montó
una impresionante concentración pública, el efecto aparente
fue que los sandinistas eran invencibles, el efecto real fue que crearon
un miedo tan grande que movió a más gente a votar contra
ellos. Paradójicamente, a Daniel Ortega le derrotaron los más
pobres.
El voto de los venezolanos, sin lugar a dudas, se definirá también
por el retorno a la normalidad y la oposición actual es la que
mejor representa esa idea. La oposición extremista se agotó
en sus intentos de golpe de Estado y en la huelga; ahora los moderados
están en control y esto reduce mucho el margen de errores y divisiones.
El camino del fraude para Chávez además de difícil
sería igualmente derrota y en la remota posibilidad de que ganara,
los resultados consolidarán a un bloque opositor que en las elecciones
venideras tomará control del parlamento. Venezuela tiene un calendario
electoral para los próximos dos años del que es imposible
que Chávez se salve.
En consecuencia, los nuevos retos son: reconstruir el sistema político,
evitar una atomización en decenas de minipartidos, reconciliar
a los venezolanos, restablecer la tolerancia, evitar otro ciclo de venganza
y finalmente aceptar a Chávez y al chavismo como una expresión
más de la política venezolana con todos sus derechos. La
paz duradera no la dan el sometimiento y la exclusión, sino la
educación democrática y la inclusión.
*Columnista de El Diario de Hoy.