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Palabras
El vagamundos

Allí viene el vagamundos”, dirían las puertas de la ciudad perdida -la ciudad buscada de mi largo y lejano andar-así, al verme llegar. Cansado tal vez del camino, pero con ojos ávidos de asombro y fantasía.

Publicada 11 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Más que vagabundo, he sido y sigo siendo un vagamundos de la vida. Porque en mi viaje -el que aún sigo todavía- siempre busqué y seguiré buscando los nuevos y sorprendentes mundos de la imaginación.

Viajero del asombro, del sobrenatural mundo de los sueños, iré siempre por allí, inventando los caminos y los pueblos remotos de la disipada ilusión. Desconocidos y deslumbrados mundos me esperarán en cada vuelta del azaroso destino de mis pasos.

Mis pasos que quedaron sobre el suelo andado de aquellas promisorias ciudades de oro y cristal que quedaron atrás. Como la historia del vellocino de oro de los antiguos argonautas.

(Los héroes del navío fantasma llamado Argos, la bestia colosal y marina de los mil ojos. Mil ojos tenía la fabulosa quimera para ver los mil reinos diferentes del sueño infinito de la humanidad).

Por ello, más que ser un vagabundo en el tiempo fue el tiempo de un vagamundos. Vago dichoso, fugaz e irreal de universos apasionados y brillantes; lugares de la tierra, desandados y solos que tal vez ya olvidé. Que tal vez he vuelto a encontrar en mis caminos, cuando me pierdo en la vida, como un vagamundos más de fantasía.


Día a Día

“Los pigmeitos”

s de rigor que las ONG controladas por los comunistas, ya sea que protejan a los garrobos, “defiendan a los consumidores” o se involucren en temas de salud, caigan de manera invariable en lo mismo: los capitalistas explotan al pobre pueblo y por tanto la solución a todos los problemas es acabar con ellos, establecer la dictadura del proletariado.

De no ser así, “los pigmeitos que son los consumidores” van a ser desollados vivos por los monopolios capitalistas. Por eso mismo es que los comunistas no creen en la democracia, sistema basado en el voto individual de una masa de “pigmeitos”, que son capaces de dar al traste con las más puras corrientes revolucionarias.

Por eso es que en Cuba, como antes en la Unión Soviética, no hay elecciones por pánico a los “pigmeitos”.



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