Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Más que vagabundo, he sido y sigo siendo un vagamundos
de la vida. Porque en mi viaje -el que aún sigo todavía-
siempre busqué y seguiré buscando los nuevos y sorprendentes
mundos de la imaginación.
Viajero del asombro, del sobrenatural mundo de los sueños, iré
siempre por allí, inventando los caminos y los pueblos remotos
de la disipada ilusión. Desconocidos y deslumbrados mundos me esperarán
en cada vuelta del azaroso destino de mis pasos.
Mis pasos que quedaron sobre el suelo andado de aquellas promisorias ciudades
de oro y cristal que quedaron atrás. Como la historia del vellocino
de oro de los antiguos argonautas.
(Los héroes del navío fantasma llamado Argos, la bestia
colosal y marina de los mil ojos. Mil ojos tenía la fabulosa quimera
para ver los mil reinos diferentes del sueño infinito de la humanidad).
Por ello, más que ser un vagabundo en el tiempo fue el tiempo de
un vagamundos. Vago dichoso, fugaz e irreal de universos apasionados y
brillantes; lugares de la tierra, desandados y solos que tal vez ya olvidé.
Que tal vez he vuelto a encontrar en mis caminos, cuando me pierdo en
la vida, como un vagamundos más de fantasía.
Día a Día
Los pigmeitos
s de rigor que las ONG controladas por los comunistas,
ya sea que protejan a los garrobos, defiendan a los consumidores
o se involucren en temas de salud, caigan de manera invariable en lo mismo:
los capitalistas explotan al pobre pueblo y por tanto la solución
a todos los problemas es acabar con ellos, establecer la dictadura del
proletariado.
De no ser así, los pigmeitos que son los consumidores
van a ser desollados vivos por los monopolios capitalistas. Por eso mismo
es que los comunistas no creen en la democracia, sistema basado en el
voto individual de una masa de pigmeitos, que son capaces
de dar al traste con las más puras corrientes revolucionarias.
Por eso es que en Cuba, como antes en la Unión Soviética,
no hay elecciones por pánico a los pigmeitos.