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De última hora. El corredor intensificó su trabajo
en las últimas semanas para tratar de mejorar su tiempo en
Atenas. Foto: EDH
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César Najarro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Se fue para Atenas a
cumplir el sueño que tenía desde niño. Corría
en las clases de atletismo en el Colegio Josué, de San Salvador,
y le ganaba a todos sin mucho esfuerzo. Sin saber que algún día
competiría a la par de los mejores del mundo, él se conformaba
con seguir los pasos de su hermano y hermana, quienes participaron en
torneos colegiales, pero, sobre todo, los de su madre, Delmy Salazar,
quien compitió en algunos eventos nacionales y centroamericanos.
Mis hermanos me dicen en broma que les copié, pero yo les
contesto que seguí corriendo y ellos pararon, expresa Takeshi
Fujiwara.
Su historia precisamente es de decisiones, de esas que se toman y el futuro
cambia. Él decidió aceptar la invitación para entrenar
que el Instituto Nacional de los Depotes (Indes) le hizo en el 2000, después
que quedara segundo en el torneo colegial de 1999 en 100 y 200 metros
planos.
En su familia, con descendencia japonesa por parte de su papá,
se respira la disciplina y colaboración.
Esas mismas cualidades fueron inculcadas en el joven atleta, quien, desde
el 2001, comenzó a entrenar de manera seria.
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Sueño cumplido. Desde niño, Takeshi Fujiwara pensaba
en competir algún día. Foto:
EDH
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Miguel Casaño, su entrenador, un día en
el 2003 se le acercó y le dijo que lo iba a preparar para correr
los 400 metros, y él aceptó con cierto miedo. Yo miraba
a los que entrenaban en esa categoría y me decía qué
feo, yo no lo puedo correr, por la distancia y las exigencias.
Es cuatro veces peor que los 100 metros. Sólo me gustaba verla
pero jamás imaginé que terminaría desarrollándome
en 400.
Confiesa que no esperaba lo que ha logrado: Me sorprendo. A veces
uno triunfa en los lugares y momentos que uno no espera.
La decisión fue la acertada, y un par de años después
logró, en el Centroamericano Juvenil de Costa Rica, su mejor marca,
47.80, que le permitirá ir a sus primeros Juegos Olímpicos
a sus cortos 18 años.
Mi entrenador esperaba un 48, el hecho de que fuera 47.8 fue sorpresa
para él, fue como un regalo de Dios.
El fútbol
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Albo. El atleta posa con la camisa del Alianza junto a su amigo
Fredy Guzmán. Foto: EDH
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A la par del atletismo, Takeshi se destacaba en su colegio
como delantero. En el 2002, sin pensarlo mucho, se fue a un entreno con
el Alianza. Salala (el técnico) me puso a jugar y ese mismo
día me dijo que me iba a inscribir. Le gustó mi motivación.
De los entrenos de fútbol se iba a los de atletismo, o viceversa,
y a veces dejaba de asistir a uno por ir al otro. El tiempo no le alcanzaba,
pero las ganas le sobraban.
Casaño no pudo más, y con temor de perderlo le dijo que
se dedicara sólo a una cosa, en la que ahora nos representará.
Fue una decisión difícil, pero al final vi que podía
hacer más en atletismo. Sigue teniendo amigos en ese deporte
y mantiene el diálogo con Salala, pero ahora ya no piensa en el
fútbol.
Actualmente se llena de emoción y nerviosismo con sólo escuchar
la palabra Atenas, confiesa. Y cuando corra, allá, lejos de su
tierra, sólo pensará en una cosa, en la que siempre siente
cuando compite: Pienso en mi país y en que será el
momento de dar el todo por el todo, para que mis entrenamientos no sean
en vano, para poder demostrarle al mundo que El Salvador sí tiene
algo grande a pesar de que sea chiquito (geográficamente), a pesar
de los problemas sociales y dificultades. Tenemos algo especial.
Fujiwara, quien también ha tocado piano, bajo, guitarra y ahora
es el baterista de la banda 180 Grados, piensa que su futuro no termina
en Atenas.
Aunque no espera ganar medallas, sí quiere dejar una buena impresión,
regresar y ganar el Campeonato Centroamericano Mayor, y seguir entrenando,
para algún día llevarse una medalla en unos Juegos Olímpicos.
Tengo 18, aún me quedan varias olimpiadas, dice serio,
con la mirada perdida, como si no estuviese viendo al frente, sino las
pistas de Atenas, o más allá, las de Beijing.