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Carrera hacia el Olimpo

Fujiwara partió ayer para Atenas. No promete medallas, pero sí dar lo mejor en la pista.

Publicada 11 de agosto 2004, El Diario de Hoy

De última hora. El corredor intensificó su trabajo en las últimas semanas para tratar de mejorar su tiempo en Atenas. Foto: EDH

César Najarro
El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com

Se fue para Atenas a cumplir el sueño que tenía desde niño. Corría en las clases de atletismo en el Colegio Josué, de San Salvador, y le ganaba a todos sin mucho esfuerzo. Sin saber que algún día competiría a la par de los mejores del mundo, él se conformaba con seguir los pasos de su hermano y hermana, quienes participaron en torneos colegiales, pero, sobre todo, los de su madre, Delmy Salazar, quien compitió en algunos eventos nacionales y centroamericanos.

“Mis hermanos me dicen en broma que les copié, pero yo les contesto que seguí corriendo y ellos pararon”, expresa Takeshi Fujiwara.

Su historia precisamente es de decisiones, de esas que se toman y el futuro cambia. Él decidió aceptar la invitación para entrenar que el Instituto Nacional de los Depotes (Indes) le hizo en el 2000, después que quedara segundo en el torneo colegial de 1999 en 100 y 200 metros planos.

En su familia, con descendencia japonesa por parte de su papá, se respira la disciplina y colaboración.

Esas mismas cualidades fueron inculcadas en el joven atleta, quien, desde el 2001, comenzó a entrenar de manera seria.

Sueño cumplido. Desde niño, Takeshi Fujiwara pensaba en competir algún día. Foto: EDH

Miguel Casaño, su entrenador, un día en el 2003 se le acercó y le dijo que lo iba a preparar para correr los 400 metros, y él aceptó con cierto miedo. “Yo miraba a los que entrenaban en esa categoría y me decía ‘qué feo, yo no lo puedo correr’, por la distancia y las exigencias.

Es cuatro veces peor que los 100 metros. Sólo me gustaba verla pero jamás imaginé que terminaría desarrollándome en 400”.

Confiesa que no esperaba lo que ha logrado: “Me sorprendo. A veces uno triunfa en los lugares y momentos que uno no espera”.

La decisión fue la acertada, y un par de años después logró, en el Centroamericano Juvenil de Costa Rica, su mejor marca, 47.80, que le permitirá ir a sus primeros Juegos Olímpicos a sus cortos 18 años.

“Mi entrenador esperaba un 48, el hecho de que fuera 47.8 fue sorpresa para él, fue como un regalo de Dios”.

El fútbol

Albo. El atleta posa con la camisa del Alianza junto a su amigo Fredy Guzmán. Foto: EDH

A la par del atletismo, Takeshi se destacaba en su colegio como delantero. En el 2002, sin pensarlo mucho, se fue a un entreno con el Alianza. “Salala (el técnico) me puso a jugar y ese mismo día me dijo que me iba a inscribir. Le gustó mi motivación”.

De los entrenos de fútbol se iba a los de atletismo, o viceversa, y a veces dejaba de asistir a uno por ir al otro. El tiempo no le alcanzaba, pero las ganas le sobraban.

Casaño no pudo más, y con temor de perderlo le dijo que se dedicara sólo a una cosa, en la que ahora nos representará.

“Fue una decisión difícil, pero al final vi que podía hacer más en atletismo”. Sigue teniendo amigos en ese deporte y mantiene el diálogo con Salala, pero ahora ya no piensa en el fútbol.

Actualmente se llena de emoción y nerviosismo con sólo escuchar la palabra Atenas, confiesa. Y cuando corra, allá, lejos de su tierra, sólo pensará en una cosa, en la que siempre siente cuando compite: “Pienso en mi país y en que será el momento de dar el todo por el todo, para que mis entrenamientos no sean en vano, para poder demostrarle al mundo que El Salvador sí tiene algo grande a pesar de que sea chiquito (geográficamente), a pesar de los problemas sociales y dificultades. Tenemos algo especial”.

Fujiwara, quien también ha tocado piano, bajo, guitarra y ahora es el baterista de la banda 180 Grados, piensa que su futuro no termina en Atenas.

Aunque no espera ganar medallas, sí quiere dejar una buena impresión, regresar y ganar el Campeonato Centroamericano Mayor, y seguir entrenando, para algún día llevarse una medalla en unos Juegos Olímpicos. “Tengo 18, aún me quedan varias olimpiadas”, dice serio, con la mirada perdida, como si no estuviese viendo al frente, sino las pistas de Atenas, o más allá, las de Beijing.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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