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Asaltan oficina del Estadio Cuscatlán y se llevan $8 mil

Botín. Cuatro sujetos, incluyendo a uno vestido como policía, entraron en el recinto. Los individuos sabían que el dinero había sido guardado allí.

Publicada 10 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Tropelía. Empleada de Edessa muestran el desorden que dejaron los ladrones en el local. Foto: EDH/Giovanni Lemus

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Cuatro sujetos armados, incluyendo uno vestido como policía, asaltaron las oficinas de Estadios de El Salvador, S.A. (Edessa) y robaron entre seis y ocho mil dólares.

El atraco se produjo ayer a las 10:15 de la mañana.

Las oficinas se encuentran en el Estadio Cuscatlán, situado en el populoso sector de la colonia Montserrat, en el sur de la capital.

Los hampones maniataron, amordazaron y luego encerraron a los empleados para darse tiempo y huir.

Óscar Eusebio Argueta, presidente de Edessa, dijo que los ladrones llegaron justo cuando varios empleados contaban el dinero para luego remesarlo a una agencia bancaria.

El dinero robado era el recaudado por pagos de parqueos, bebidas y otras actividades de los partidos del fin de semana.

Los delincuentes robaron una computadora, prendas personales y dinero en efectivo de los empleados, quienes no fueron víctimas de maltratos.

Según testigos, los hampones llegaron en un Chevrolet rojo de modelo antiguo. Al vigilante de la entrada principal le dijeron que iban a rentar una cancha.

A la oficina sólo entraron tres sujetos. El otro se quedó esperando en el auto. El uniformado tocó el timbre. Una empleada abrió la puerta, sin desconfiar.

Bien calculado

Una vez dentro, el uniformado sacó el arma que llevaba oculta en el cinto y gritó que se trataba de un asalto. También les advirtió que si atendían sus indicaciones, a nadie le harían daño. Así fue.

Los sujetos permanecieron en la oficina entre 10 y 15 minutos.

Según Jaime Acosta, auxiliar de contador, al parecer los ladrones tenían bien calculado todo, pues llegaron preguntando por “el dinero que acababan de traer” de otra oficina situada en el mismo estadio.

Cuando los sujetos se marcharon, fue Acosta quien soltó a sus compañeros, pues a él únicamente le ordenaron que se metiera debajo del escritorio que utiliza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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