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Palabras
Leyenda del pastorcillo de estrellas

Contaba mi padre en los atardeceres —cuando las primeras estrellas son las chispas de la hoguera moribunda y ardiente del sol— aquella leyenda del pastor de cabras que, por ser el más ignorante y olvidadizo campirano, puso a cada una de ellas el nombre de alguna estrella para que no se le olvidaran.

Publicada 10 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Así nombraba a la primera Venus; a la otra, Cirio; a la tercera, Luna; a la siguiente, Lucero del amanecer; a la quinta, Estrellita del Norte; a la sexta, Cometa. A los deseos y a las cabras que perdía les llamaba Ajenjo, que es el nombre con que se conoce la estrella de la tristeza.

Así pasó nombrando toda la vida a las estrellas del cielo para no olvidar el nombre de sus rumiantes. El nombre de sus cabrillas, que era el mismo nombre de sus sueños. Al final de la tarde reunía al rebaño —como reuniendo sus quimeras— y en las últimas luces del atardecer aparecían en el cielo Las Siete Cabritas titilantes de su anchuroso sueño.

Porque si las cabras eran sus sueños, era que el pastorcito vivía soñando la vida. Y como los sueños son delirio, aunque sean felices, empezó a perder más de alguna cabra del rebaño. Cuando las ceajas parían, era su mismo corazón que estaba naciendo sueños en la tierra.

Cuando llegue la noche allá en la cumbre, oiré de nuevo a mi padre contarme la historia del ignorante pastor que nombraba a diario los astros lejanos de su delirio. Tal vez papá —sin darse cuenta— me contaba su misma historia y la historia del abuelo navegante que llegó al puerto de La Unión en un barco holandés.

(pintorbalaguer@hotmail.com)


Día a Día

El consumo

Lo que proponen los autoproclamados “defensores del consumidor”, es muy simple: cambiar el sistema económico, arrasar con todo lo que aquí existe en materia de producción.

Para que no haya injusticia ni atropellos a los consumidores, lo propio (obviamente lo piensan) es reducir el consumo a lo esencial para el mantenimiento del cuerpo, como en Cuba y Corea del Norte; si se quiere “cambiar el sistema económico” es forzoso adoptar la única otra alternativa, que es la regimentación donde a cada súbdito se le asigna su tarjeta de racionamiento.

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