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Sentido Común
Turisteando

Así como Guatemala y Honduras nos sacan vuelta y media en asuntos de turismo, nosotros a ellos les hemos sacado otro tanto o más en materia de carreteras y autopistas.

Publicada 10 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Miles de salvadoreños decidimos salir del país para las vacaciones de agosto, y la verdad, no creo que nos hayamos arrepentido, sobre todo los que fuimos aquí pegadito, a Honduras o a Guatemala.

Nuestros hermanos han sabido mantener la trilogía perfecta para el turista promedio: bueno, bonito y barato.

El destino de nuestra familia fue uno de los hoteles ubicados en la Bahía de Amatique, en el Atlántico guatemalteco.

Debo confesar que hemos gozado de principio a fin nuestra vacación. Nos fuimos por Anguiatú, y al sólo pasar la frontera nos enteramos de que habíamos entrado en otro país.

Así como Guatemala y Honduras nos sacan vuelta y media en asuntos de turismo, nosotros a ellos les hemos sacado otro tanto o más en materia de carreteras y autopistas.

Luego de cinco horas al timón, estábamos en la Bahía de Amatique. Esta preciosa ensenada ubicada en la cuña que Guatemala posee en el Atlántico, además de alojar a Puerto Barrios y Santo Tomás de Castilla, es el punto de partida ideal para los cayos de Belice, Livingston, Cayos del Diablo, Punta Manabique, las Ruinas de Quiriguá y para ese mágico cordón de agua de 40 kilómetros de belleza natural que une al lago de Izabal con el Atlántico chapín, conocido desde la conquista como Río Dulce.

Al sólo llegar fuimos a Puerto Barrios, a contactar a un lanchero que fuera devoto de la filosofía aquella de “lo bueno, bonito y barato”. Y nos encontramos con Sergio, un buen hombre que, luego de navegar unos cuantos días con nuestros hijos, además de perfeccionar sus dotes de marinero habrá hecho crecer su virtud de la paciencia al tratar con una tropa como la nuestra, a la que le suele dar exactamente lo mismo jugar fut en un gramal que en una lancha.

Antes de emprender el día uno, y ya con los bártulos listos para lanzarnos a la mar, regresamos a Puerto Barrios a cambiar algunos dólares por moneda local. Entonces nos volvimos a recordar de que estábamos en otro país. Lograr que un banco nos cambiara dólares por quetzales, por extravagante que parezca, fue un vía crucis de cinco estaciones —o de cinco bancos, que para el caso es lo mismo—. Ya de regreso al hotel, y por aquellas pasaditas que te hace la ley de Murphy, nos encontramos con la agencia bancaria más moderna del puerto. Era la del Banco Cuscatlán, un banco salvadoreño a donde seguramente nadie le haría el feo a unos nuestros dolaritos. Haberlo sabido antes, pensamos.

Nuestro periplo por el departamento de Izabal y los cayos de Belice fue extraordinario y no pudo terminar mejor. El sábado, mientras desayunábamos, se nos presentó el encargado de la marina del hotel. Giovanni Fabie-tti es un salvadoreño experto en asuntos de vela y demás hierbas. El paisano nos invitó a experimentar la sensación de esos artilugios y, la verdad, nos hizo el día. En su Hunter de treinta y algo de pies nos mostró la otra cara de Amatique. Esa otra cara oculta y fascinante que sólo se logra apreciar desde “adentro”, sin el rrrreeee... de un motor, y movidos nada más que por la brisa que baja del Caribe.

Entre que la vela se hinchaba, la nave se inclinaba y la tripulación gritaba, Giovanni nos habló de su sueño de iniciar un proyecto similar en el Golfo de Fonseca. Y hablamos de ese increíble lugar y del resto de rincones maravillosos que tiene nuestro país. Y apareció el tema de Cutuco, del aeropuerto internacional, de la excelente infraestructura física que tiene el país... y nos fuimos metiendo con las playas de oriente, y con la Bahía de Jiquilisco, y las montañas de Morazán.

El sol caía y el delequedele a bordo del “Trieste” ya iba por Coatepeque, Izalco, las montañas de Chalate y Morazán, “lo corto de las distancias” y “el carácter de los salvadoreños”.

Y le contamos al amigo Fabietti sobre el nuevo Ministerio de Turismo, y conversamos sobre lo idóneo del nombramiento de Luis Cardenal a la cabeza de este despacho y de las buenas ideas que le habíamos escuchado decir. En fin, el día se nos apagó hablando del potencial que El Salvador tenía para integrarse a ese boom turístico que ahora tiene Centroamérica, pero del que nosotros estamos ausentes.

Casualmente, ayer que regresamos a casa, felices y contentos de unas buenas y merecidas vacaciones en familia, nos dio gusto encontrar en los periódicos interesantes columnas y editoriales sobre el tema, y pensé que qué bueno era que finalmente estuviéramos hablando de turismo en el país.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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