Ricardo
Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Miles de salvadoreños decidimos salir del país
para las vacaciones de agosto, y la verdad, no creo que nos hayamos arrepentido,
sobre todo los que fuimos aquí pegadito, a Honduras o a Guatemala.
Nuestros hermanos han sabido mantener la trilogía perfecta para
el turista promedio: bueno, bonito y barato.
El destino de nuestra familia fue uno de los hoteles ubicados en la Bahía
de Amatique, en el Atlántico guatemalteco.
Debo confesar que hemos gozado de principio a fin nuestra vacación.
Nos fuimos por Anguiatú, y al sólo pasar la frontera nos
enteramos de que habíamos entrado en otro país.
Así como Guatemala y Honduras nos sacan vuelta y media en asuntos
de turismo, nosotros a ellos les hemos sacado otro tanto o más
en materia de carreteras y autopistas.
Luego de cinco horas al timón, estábamos en la Bahía
de Amatique. Esta preciosa ensenada ubicada en la cuña que Guatemala
posee en el Atlántico, además de alojar a Puerto Barrios
y Santo Tomás de Castilla, es el punto de partida ideal para los
cayos de Belice, Livingston, Cayos del Diablo, Punta Manabique, las Ruinas
de Quiriguá y para ese mágico cordón de agua de 40
kilómetros de belleza natural que une al lago de Izabal con el
Atlántico chapín, conocido desde la conquista como Río
Dulce.
Al sólo llegar fuimos a Puerto Barrios, a contactar a un lanchero
que fuera devoto de la filosofía aquella de lo bueno, bonito
y barato. Y nos encontramos con Sergio, un buen hombre que, luego
de navegar unos cuantos días con nuestros hijos, además
de perfeccionar sus dotes de marinero habrá hecho crecer su virtud
de la paciencia al tratar con una tropa como la nuestra, a la que le suele
dar exactamente lo mismo jugar fut en un gramal que en una lancha.
Antes de emprender el día uno, y ya con los bártulos listos
para lanzarnos a la mar, regresamos a Puerto Barrios a cambiar algunos
dólares por moneda local. Entonces nos volvimos a recordar de que
estábamos en otro país. Lograr que un banco nos cambiara
dólares por quetzales, por extravagante que parezca, fue un vía
crucis de cinco estaciones o de cinco bancos, que para el caso es
lo mismo. Ya de regreso al hotel, y por aquellas pasaditas que te
hace la ley de Murphy, nos encontramos con la agencia bancaria más
moderna del puerto. Era la del Banco Cuscatlán, un banco salvadoreño
a donde seguramente nadie le haría el feo a unos nuestros dolaritos.
Haberlo sabido antes, pensamos.
Nuestro periplo por el departamento de Izabal y los cayos de Belice fue
extraordinario y no pudo terminar mejor. El sábado, mientras desayunábamos,
se nos presentó el encargado de la marina del hotel. Giovanni Fabie-tti
es un salvadoreño experto en asuntos de vela y demás hierbas.
El paisano nos invitó a experimentar la sensación de esos
artilugios y, la verdad, nos hizo el día. En su Hunter de treinta
y algo de pies nos mostró la otra cara de Amatique. Esa otra cara
oculta y fascinante que sólo se logra apreciar desde adentro,
sin el rrrreeee... de un motor, y movidos nada más que por la brisa
que baja del Caribe.
Entre que la vela se hinchaba, la nave se inclinaba y la tripulación
gritaba, Giovanni nos habló de su sueño de iniciar un proyecto
similar en el Golfo de Fonseca. Y hablamos de ese increíble lugar
y del resto de rincones maravillosos que tiene nuestro país. Y
apareció el tema de Cutuco, del aeropuerto internacional, de la
excelente infraestructura física que tiene el país... y
nos fuimos metiendo con las playas de oriente, y con la Bahía de
Jiquilisco, y las montañas de Morazán.
El sol caía y el delequedele a bordo del Trieste ya
iba por Coatepeque, Izalco, las montañas de Chalate y Morazán,
lo corto de las distancias y el carácter de los
salvadoreños.
Y le contamos al amigo Fabietti sobre el nuevo Ministerio de Turismo,
y conversamos sobre lo idóneo del nombramiento de Luis Cardenal
a la cabeza de este despacho y de las buenas ideas que le habíamos
escuchado decir. En fin, el día se nos apagó hablando del
potencial que El Salvador tenía para integrarse a ese boom turístico
que ahora tiene Centroamérica, pero del que nosotros estamos ausentes.
Casualmente, ayer que regresamos a casa, felices y contentos de unas buenas
y merecidas vacaciones en familia, nos dio gusto encontrar en los periódicos
interesantes columnas y editoriales sobre el tema, y pensé que
qué bueno era que finalmente estuviéramos hablando de turismo
en el país.
*Columnista de El Diario de Hoy.