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Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Contrario a la percepción general de que lo peor para un recluso
salvadoreño es su internamiento en la cárcel de máxima
seguridad de Zacatecoluca, las autoridades penitenciarias afirman que
es un privilegio recibir el tratamiento que brinda dicho centro.
El director de Centros Penales, Rodolfo Garay Pineda, se atreve a comparar
Zacatraz con la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) habilitada en los
hospitales.
No es un estigma venir a Zacatecoluca. Al contrario, un interno
debe sentir que, si le valoran así, es un privilegio, porque viene
a la UCI del crimen, donde recibe el tratamiento para modificar su conducta,
afirma.
Aquí hay varios equipos técnicos. Tenemos sicólogos,
trabajadores sociales, médicos y abogados, carencia que tienen
otros centros.
Aquí está garantizado el tratamiento profesional. Me atrevería
a decir que no hay experimento criminológico más grande
en toda Centroamérica que Zacatecoluca sostiene.
El funcionario argumenta su valoración en los programas aplicados
a los reos recluidos en ese centro por resolución de un consejo
criminológico que se basa en el alto índice de peligrosidad
o la inadaptación extrema del sujeto.
Al ingresar, el penado es sometido a otra evaluación para identificar
los factores que le llevan a comportarse de una determinada manera.
Pasados seis meses, un nuevo estudio define un tratamiento individualizado
para el cautivo, el cual pretende combatir su conducta criminal. El sometimiento
es voluntario.
Medio año después, otra evaluación define si el preso
muestra avances positivos en su conducta.
El plan médico y siquiátrico se une a la asistencia institucional
que brinda el penal. Su aplicación incluye atención odontológica
para todos.
Los programas mencionados son reclamados por los jueces para el resto
de población reclusa del país, pero las autoridades afirman
que el Estado no cuenta con los recursos para generalizarlos.
Actualmente, la Corte Suprema de Justicia revisa un recurso de inconstitucionalidad
contra este régimen.
Los demandantes alegan que no brinda posibilidades de readaptación
o socialización para el recluso, definidas en el Artículo
25 de la Carta Magna.
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Los habitantes más famosos
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Sabino
Sabino López Preza
Condenado a 120 años de cárcel por al menos cuatro
secuestros cometidos entre 1993 y 1994. Además, a pagar indemnizaciones
onerosas.
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El Sirra
Dionisio A. Umanzor
Acusado del secuestro y muerte del joven Eduardo Ernesto Álvarez,
registrado en Ciudad Merliot en 2000. Su grupo asesinó a
un testigo clave.
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El
Negociador
Fernando Palacios
Guatemalteco convicto de secuestro. Varias veces intentó escaparse
del penal de Gotera, Morazán. En su país podría
enfrentar la pena de muerte. |
El
Sapo
Iván Cruz Cañada
Junto a tres sujetos más, secuestró a una mujer cuando
salía de un gimnasio de Soyapango. Dirigía una banda
de plagiarios y robo en viviendas. |
Vigilancia por todos lados en Zacatecoluca
Pocas personas han logrado penetrar hasta las zonas sensibles
del penal de extrema vigilancia en Zacatecoluca. Los que sí han
podido ingresar, han superado tantos obstáculos de los que no se
han salvado ni las autoridades.
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| Ingreso. Hay un registro minucioso en varias
fases. Foto EDH/Walter Santos |
Al llegar a la entrada principal, cámaras por todos lados, vigilantes
desconfiados y registros detallados dan la bienvenida.
Luego, esperan un detector de metales y el llenado de un protocolo (registro)
para justificar la presencia.
A cada reo le programan visitas cada dos semanas, pero sólo le
permiten 20 minutos para estar con los suyos. Las caricias están
vedadas, porque interno y visitante deben encontrarse en un locutorio
dividido por vidrios blindados. Para hablarse, deben usar teléfonos.
Sólo diez personas registradas a solicitud del recluso pueden acudir.
La siguiente semana sólo tiene permitido llamarles durante 15 minutos,
a números telefónicos marcados y aprobados por un tutor.
El traslado hasta el locutorio significa desplazarse por un túnel
de unos 100 metros de largo, y que, antes, los operadores hayan desactivado
las dos chapas electromecánicas y electromagnéticas que
resguardan cada celda.
El resto del tiempo, los considerados delincuentes más peligrosos
de El Salvador pasan ociosos. Sólo toman el sol cuando hacen ejercicio,
se bañan o reciben sus alimentos.
De refrigerio les dan una galleta y un pichel con agua helada.
Una empresa prepara los alimentos y otra se encarga de lavarles la ropa.
Según numeración, reciben las únicas tres mudadas
proporcionadas: la que tienen puesta, la que se lava y la que usan para
dormir. Además, champú, papel higiénico y una toalla.
Nada más.
A la rigurosidad del penal se agrega el sofocante calor que impera al
interior, el cual invita a buscar la salida y valorar la libertad perdida.

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