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Un año de cárcel modelo

El director de Centros Penales, Rodolfo Garay Pineda, se atreve a comparar Zacatraz con la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) habilitada en los hospitales.

Publicada 8 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Contrario a la percepción general de que lo peor para un recluso salvadoreño es su internamiento en la cárcel de máxima seguridad de Zacatecoluca, las autoridades penitenciarias afirman que “es un privilegio recibir el tratamiento” que brinda dicho centro.

El director de Centros Penales, Rodolfo Garay Pineda, se atreve a comparar Zacatraz con la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) habilitada en los hospitales.

“No es un estigma venir a Zacatecoluca. Al contrario, un interno debe sentir que, si le valoran así, es un privilegio, porque viene a la UCI del crimen, donde recibe el tratamiento para modificar su conducta”, afirma.

“Aquí hay varios equipos técnicos. Tenemos sicólogos, trabajadores sociales, médicos y abogados, carencia que tienen otros centros.

Aquí está garantizado el tratamiento profesional. Me atrevería a decir que no hay experimento criminológico más grande en toda Centroamérica que Zacatecoluca” sostiene.

El funcionario argumenta su valoración en los programas aplicados a los reos recluidos en ese centro por resolución de un consejo criminológico que se basa en el alto índice de peligrosidad o la inadaptación extrema del sujeto.

Al ingresar, el penado es sometido a otra evaluación para identificar los factores que le llevan a comportarse de una determinada manera.

Pasados seis meses, un nuevo estudio define un tratamiento individualizado para el cautivo, el cual pretende combatir su conducta criminal. El sometimiento es voluntario.

Medio año después, otra evaluación define si el preso muestra avances positivos en su conducta.

El plan médico y siquiátrico se une a la asistencia institucional que brinda el penal. Su aplicación incluye atención odontológica para todos.

Los programas mencionados son reclamados por los jueces para el resto de población reclusa del país, pero las autoridades afirman que el Estado no cuenta con los recursos para generalizarlos.

Actualmente, la Corte Suprema de Justicia revisa un recurso de inconstitucionalidad contra este régimen.

Los demandantes alegan que no brinda posibilidades de readaptación o socialización para el recluso, definidas en el Artículo 25 de la Carta Magna.

Los habitantes más famosos

Sabino
Sabino López Preza
Condenado a 120 años de cárcel por al menos cuatro secuestros cometidos entre 1993 y 1994. Además, a pagar indemnizaciones onerosas.

El Sirra
Dionisio A. Umanzor
Acusado del secuestro y muerte del joven Eduardo Ernesto Álvarez, registrado en Ciudad Merliot en 2000. Su grupo asesinó a un testigo clave.

El Negociador
Fernando Palacios
Guatemalteco convicto de secuestro. Varias veces intentó escaparse del penal de Gotera, Morazán. En su país podría enfrentar la pena de muerte.
El Sapo
Iván Cruz Cañada
Junto a tres sujetos más, secuestró a una mujer cuando salía de un gimnasio de Soyapango. Dirigía una banda de plagiarios y robo en viviendas.

Vigilancia por todos lados en Zacatecoluca

Pocas personas han logrado penetrar hasta las “zonas sensibles” del penal de extrema vigilancia en Zacatecoluca. Los que sí han podido ingresar, han superado tantos obstáculos de los que no se han salvado ni las autoridades.

Ingreso. Hay un registro minucioso en varias fases. Foto EDH/Walter Santos

Al llegar a la entrada principal, cámaras por todos lados, vigilantes desconfiados y registros detallados dan la bienvenida.

Luego, esperan un detector de metales y el llenado de un protocolo (registro) para justificar la presencia.

A cada reo le programan visitas cada dos semanas, pero sólo le permiten 20 minutos para estar con los suyos. Las caricias están vedadas, porque interno y visitante deben encontrarse en un locutorio dividido por vidrios blindados. Para hablarse, deben usar teléfonos.

Sólo diez personas registradas a solicitud del recluso pueden acudir. La siguiente semana sólo tiene permitido llamarles durante 15 minutos, a números telefónicos marcados y aprobados por un tutor.

El traslado hasta el locutorio significa desplazarse por un túnel de unos 100 metros de largo, y que, antes, los operadores hayan desactivado las dos chapas electromecánicas y electromagnéticas que resguardan cada celda.

El resto del tiempo, los considerados delincuentes más peligrosos de El Salvador pasan ociosos. Sólo toman el sol cuando hacen ejercicio, se bañan o reciben sus alimentos.

De refrigerio les dan una galleta y un pichel con agua helada.

Una empresa prepara los alimentos y otra se encarga de lavarles la ropa.

Según numeración, reciben las únicas tres mudadas proporcionadas: la que tienen puesta, la que se lava y la que usan para dormir. Además, champú, papel higiénico y una toalla. Nada más.

A la rigurosidad del penal se agrega el sofocante calor que impera al interior, el cual invita a buscar la salida y valorar la libertad perdida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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