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“Fue un verdadero infierno”

Las llamas se propagaron rápidamente por el establecimiento, repleto de familias

Publicada 3 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Calcinados. Unos 120 cadáveres todavía no han sido reconocidos por sus familiares; muchos es imposible identificarles debido a la carbonización. Foto / AP

AP
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Hernán Tamay nunca estuvo tan cerca del cielo y del infierno a la vez.

El domingo por la mañana decidió acompañar a su madre, Francisca, al supermercado Ycuá Bolaños de Asunción. Nunca se imaginó que sería unos de los más de 500 sobrevivientes de la peor tragedia en la historia de Paraguay.

“Volví a vivir”, dijo ayer el joven, de 19 años, sentado en una silla de ruedas en una de las salas del Instituto de Previsión Social (IPS), donde se encuentran internadas la mayoría los heridos.

Una lesión en la córnea y quemaduras de primer grado en su brazo son las secuelas que le dejó el incendio en el centro comercial.

Tamay contó que se encontraba junto a su madre, quien también sobrevivió, en una de las cajas para abonar su compra cuando “de repente hubo una explosión” y se desató el infierno.

Edificio. Las principales salidas del hipermercado Ycuá Bolaños habrían sido cerradas. Los niños habían asistido en forma masiva al lugar atraídos por ofertas de juguetes. Foto / AP

“En un segundo todo era fuego, confusión. La luces del lugar se apagaron y todos entramos en pánico. Ahí perdí contacto con mi madre”, recuerda mientras se le entrecorta la voz.

Entre gritos, pisando gente tirada en el suelo, casi asfixiado por el humo, “creí que me moría, cuando alguien me tomó el brazo y me dijo ‘pudiste salir’”.

Era un bombero ubicado en uno de los boquetes hechos en las paredes del supermercado para retirar a los heridos y los cuerpos.

“Pensé, no quiero morir quemado”

“Fui al supermercado a comprar un regalo para mi cuñada, que cumplía años. Escuché la primera explosión, pero no pude salir.

Había fuego, humo y escombros que caían, y comencé a rezar”, dijo Mauro Alvarenga, de 27 años, uno de los sobrevivientes del incendio.

Dolientes. El barrio Santísima Trinidad de Asunción se vistió de luto ayer, mientras los inconsolables dolientes exigían castigo para los responsables de tantas muertes. Foto / AP

“Pensé: no puedo morir así, no quiero morir quemado.

Después me desvanecí y me sacaron cuando estaba inconsciente. Recuerdo que tenía frío porque los bomberos me habían mojado”, explicó el joven, que tenía ambas manos y parte del rostro con quemaduras.

“Estaba cerca de la caja cuando sonó una alarma y hubo una explosión.

Después toda la gente corría, gritaba ‘auxilio’ y cayeron piedras con fuego del techo”, dijo María Elena, una niña de 9 años que fue al super junto a su hermano de seis, a comprar un yogur.

Según la secretaría de la Niñez tienen registrada la muerte de 26 niños y adolescentes, además de 12 pequeños reportados como desaparecidos .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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