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| Calcinados. Unos 120 cadáveres todavía
no han sido reconocidos por sus familiares; muchos es imposible identificarles
debido a la carbonización. Foto / AP |
AP
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Hernán Tamay nunca estuvo tan cerca del cielo y del infierno
a la vez.
El domingo por la mañana decidió acompañar a su madre,
Francisca, al supermercado Ycuá Bolaños de Asunción.
Nunca se imaginó que sería unos de los más de 500
sobrevivientes de la peor tragedia en la historia de Paraguay.
Volví a vivir, dijo ayer el joven, de 19 años,
sentado en una silla de ruedas en una de las salas del Instituto de Previsión
Social (IPS), donde se encuentran internadas la mayoría los heridos.
Una lesión en la córnea y quemaduras de primer grado en
su brazo son las secuelas que le dejó el incendio en el centro
comercial.
Tamay contó que se encontraba junto a su madre, quien también
sobrevivió, en una de las cajas para abonar su compra cuando de
repente hubo una explosión y se desató el infierno.
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| Edificio. Las principales salidas del hipermercado
Ycuá Bolaños habrían sido cerradas. Los niños
habían asistido en forma masiva al lugar atraídos por
ofertas de juguetes. Foto / AP |
En un segundo todo era fuego, confusión. La luces del lugar
se apagaron y todos entramos en pánico. Ahí perdí
contacto con mi madre, recuerda mientras se le entrecorta la voz.
Entre gritos, pisando gente tirada en el suelo, casi asfixiado por el
humo, creí que me moría, cuando alguien me tomó
el brazo y me dijo pudiste salir.
Era un bombero ubicado en uno de los boquetes hechos en las paredes del
supermercado para retirar a los heridos y los cuerpos.
Pensé, no quiero morir quemado
Fui al supermercado a comprar un regalo para mi
cuñada, que cumplía años. Escuché la primera
explosión, pero no pude salir.
Había fuego, humo y escombros que caían,
y comencé a rezar, dijo Mauro Alvarenga, de 27 años,
uno de los sobrevivientes del incendio.
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| Dolientes. El barrio Santísima Trinidad
de Asunción se vistió de luto ayer, mientras los inconsolables
dolientes exigían castigo para los responsables de tantas muertes.
Foto / AP |
Pensé: no puedo morir así, no quiero
morir quemado.
Después me desvanecí y me sacaron cuando estaba inconsciente.
Recuerdo que tenía frío porque los bomberos me habían
mojado, explicó el joven, que tenía ambas manos y
parte del rostro con quemaduras.
Estaba cerca de la caja cuando sonó una alarma y hubo una
explosión.
Después toda la gente corría, gritaba auxilio
y cayeron piedras con fuego del techo, dijo María Elena,
una niña de 9 años que fue al super junto a su hermano de
seis, a comprar un yogur.
Según la secretaría de la Niñez tienen registrada
la muerte de 26 niños y adolescentes, además de 12 pequeños
reportados como desaparecidos .