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Nuevos mundos. Los niños disfrutaron la lectura hecha por
Paulina Jeldrez, quien aboga por un mundo invadido por el humor
y la fantasía. Foto EDH/Omar Carbonero
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Morena Azucena
El Diario de Hoy
donlito@yahoo.com
La jornada de clases en el colegio Amigos de San Ignacio, Chalatenango,
fue distinta aquel viernes de julio. Los alumnos esperaban con ansias
a Paulina Jeldrez, una chilena que tiene una misión: contar cuentos.
Pero Paulina tiene claro que no es contar por contar. Para
nada. Su filosofía se basa en el pensamiento del médico
estadounidense Patch Adams: entregar el corazón con humor
para producir cambios en el mundo, reproduce Paulina. ¿De
qué manera lo aplica? Además de leer los cuentos, los vive,
de manera que los pequeños recuerden la magia que transmiten los
relatos y el momento que compartieron.
Y los chicos de San Ignacio vivieron dos horas llenas de fantasía
y color junto con Paulina.
¿Conocen el cuento de la Caperucita Roja o conocen el de
Cenicienta?, pregunta Paulina con insistencia. Por todos los rincones
del salón se escucha un enérgico Síiiiiiiii.
Pero saben, este día no les contaré estas historias
tan conocidas sino el cuento de Dorotea y Miguel, dos hipopótamos
amigos que se quieren mucho, dijo con ternura.
Mientras cuenta las aventuras de los nuevos personajes, Daniel, un niño
de primer grado es atrapado por los gestos de Paulina.
Así, Daniel y sus compañeritos escucharon cómo los
hipopótamos se enojan por un momento, pero luego resuelven sus
diferencias.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado. ¿Les
gustó?, interroga Paulina a sus fieles oyentes.
Los pequeños no vacilan en afirmarlo y piden que Paulina lea más.
Una vez finaliza la aventura, la chilena les enseña a hacer origami.
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También los grandes. Alumnos de bachillerato aprendieron
la técnica. Foto EDH/Omar Carbonero
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Viaje a otros mundos
Además de pasar un rato agradable con los chicos, Paulina está
convencida de que esta es una manera de incentivar la lectura y de realizar
un viaje fantástico a otros mundos.
Para lograrlo, ella dice que su narración se caracteriza por combinar
lo oral con lo literal. Quiero que entiendan que la lectura es algo
vivo, asegura la cuenta cuentos.
Al emplear esta técnica, la chilena reconoce los efectos sicológicos
que producen en los niños. Uno de ellos, dice, es que se sienten
atendidos. Si les lees tú le estás dando el cien por
ciento de tu atención y eso hace que el niño se sienta bien,
añade.
El afecto no es la única recompensa, pues el compañerismo
es otra de las ganancias.
Celfa Menjívar, maestra de primer grado del colegio chalateco,
considera que la técnica empleada por Paulina es didácticamente
efectiva. Es una técnica interesante, porque creo que al
hacer las entonaciones correctas los niños son más receptivos
y ponen mucha atención a los cuentos, opina la maestra.
Y los protagonistas también tienen su visión. Me gustó
el cuento de los hipopótamos. Ellos se pelearon pero después
se hicieron amigos, dijo Nelly Sofía Menjívar, una
niña vivaz de seis años.
Pero Nelly no sólo disfrutó de la historia también
jugó con el cisne de papel que hizo con su nueva amiga: Paulina
Jeldrez.
¡A contar historias!
La chilena Paulina Jeldrez realizó un taller de
cuentacuentos en el restaurante Kalpataru hace dos meses. La semilla del
taller cayó en tierra fértil: 15 salvadoreños han
formado la Asociación de cuentacuentos. El esfuerzo lo apoyará
la Radio Upa, así lo aseguró el locutor de la radio infantil
y presidente electo del grupo, Noel Campos. Queremos llevar alegría
a los niños necesitados y enfermos.
Antes de formar el grupo, algunos miembros recibieron la capacitación
de Paulina y leyeron en el Cantón Las Marías, Quezaltepeque
y en el Hospital Bloom. La asociación, en proceso de obtener su
personería jurídica, visitará colegios y orfelinatos.

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