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Palabras
Misterio de los cinco sentidos

Si hurgamos en la filosofía natural, descubriremos la respuesta a grandes enigmas. Uno de ellos es el misterio de los cinco sentidos.

Publicada 3 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

¿Qué razón tienen para existir? ¿Por qué nos fueron dados los cinco sentidos? ¿Qué oculta razón natural existe en ello?

La respuesta es simple: para comunicarnos con la vida. Para ser ventanas por donde el Padre contemple su maravillosa creación.

El tacto es el primer sentido que suelen usar los seres humanos. El despioje entre los homínidos como los chimpancés, constituye un vínculo de alianza entre los primates.

Así en el hombre es tacto, la caricia —aún el mismo castigo de un azote— representa un símbolo de alianza y unidad. El tacto nos sirve además para ser prudentes. Para descubrir las formas, para abrazar, para po- seer, para unirnos afectiva o amorosamente.

El olfato nos fue dado para percibir olores, aromas, substancias sutiles del éter. También olores de peligro, como el humo de un incendio.

El gusto para disfrutar las mieles de la creación y de vez en cuando la amargura innata de la vida. La vida que es el fruto dulce de la cáscara amarga.

Primero tenemos que morder su amargura para llegar a su miel. El oído para escuchar la verdad, la canción enamorada, el anuncio de la tormenta, el canto de los gallos del amanecer, así como para oir el grito de alarma o a la voz amada.

Finalmente el sentido de la vista, para contemplar la belleza, grandeza y luminosidades de la vida, el camino de nuestro destino, el milagro de las estrellas de la noche o del dulce sol del amanecer. Los ojos nos sirven también par soñar, para ansiar y descubrir el gran milagro de la existencia.
(pintorbalaguer@hotmail.com)


Día a Día

El microcrédito

El microcrédito es la respuesta a las necesidades de consolidación y crecimiento de los pequeños empresarios, que hasta la fecha, en parte por desconocimiento, han dependido de usureros y extorsionistas.

Los préstamos al veinte por ciento mensual son “la regla”. Se dan casos en que las pobres víctimas de los usureros pagan hasta dos mil por ciento en un año.

Cuando el deudor se atrasa, con frecuencia queda encadenado por mucho tiempo al prestamista, al que regularmente le paga intereses y minúsculos aportes al capital.

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