Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Presentación
La columna nacional se ha resquebrajado. Esta misma entrega no merece
ya tal nombre. Los que pelearon por ideas y principios o están
muertos, olvidados, o expulsados de la jugada... aunque algunos se acomodaron
(chaquetearon).
En descargo habrá que decir que las fuerzas a las que habría
que enfrentarse son mucho más poderosas de lo que nunca lo fue
ninguna del período de la guerra fría. Después
de 25 años de análisis, tengo que reconocer que mis maestros
tenían razón: no hay batallas que ganar, sino las internas;
sólo un proceso de ascesis sin mucha repercusión en el mundo.
La convergencia imparable de las agrupaciones de fuerzas surgidas de la
madre de todas las revoluciones, sigue su curso hacia el Brave New World
con todo y su Big Brother.
Sólo son posibles batallas culturales (pero NO en nuestro país),
que en todo caso darán a lo sumo las últimas victorias aisladas.
La comodidad, el gregarismo, la masificación, el hedonismo et alia
se han apoderado de casi todas las reservas energéticas morales.
Las principales religiones occidentales, obsesionadas con atraer multitudes
y congraciarse con su grey, se han alejado de la esencia mística,
mágica y sabia de sus orígenes; adulteradas, cada vez más
débiles en su autoridad, obedecen a imperativos mercadológicos
y sucumben poco a poco, a menudo sin saberlo.
La política es erosionada sin cesar por la potencia inhumana de
imperativos económicos manipulados por minorías de intereses
que se han vuelto prácticamente invulnerables.
Un amigo gusta de repetir que entre lo sublime y lo ridículo
no hay más que un paso y yo no quiero darlo, igualmente he
de mencionar que mi concepto de heroísmo no participa del hecho
de romperse la cabeza infructuosamente contra una roca eso lo dejamos
a los baturros, por lo que dejamos alegre y deportivamente todo
espacio de lucha política a los supermanes ultralistos y pragmáticos
para que conviertan el campo de batalla en otro barrizal hediondo; estamos
seguros de que el culto público no lo notará, que les aplaudirán
mucho, dirán entenderlos y hasta van a ganar más billetes.
¡Sigan haciendo la soga con que los ahorcarán!
Consecuentemente, al no existir reconocimiento (positivo, porque marginación,
sí la hay), dejo una lid que deviene para mí absurda y de
una peligrosidad sin resultados apreciables. Eso sí, pretendo,
si me es posible, continuar opinando sobre temáticas ampliamente
culturales, dejando los comentarios que acarrean cacerolazos, mentadas
y ataques a los que siquiera algo logran por ello. Sin embargo, no puedo
hacer este giro sin intentar al menos dejar una relación de los
errores más de bulto que se están cometiendo. Será
lo último político por un buen rato... o para siempre.
Este artículo de presentación, uno para cada pecado
y uno final de cierre, constituirán una especie de testamento
político periodístico (lo que alegrará a más
gente de derechas, quizá).
Estas siete entregas no van a aparecer seguidas, por imposibilidad técnica,
espero intercalarlos con otras tantas entregas de temática variada,
esperando que sean coleccionadas por quienes interese. Como mis escritos
salen aproximadamente dos al mes, pueden calcular más o menos...
El contenido, de lo que será un pequeño folleto al final,
es el siguiente:
1. Presentación - Una baldada de agua fría a la complacencia.
2. El desprecio a la filosofía, la cultura política y la
cosmovisión ideológica.
3. El menosprecio al estudio organizado y al instituto político.
4. La confusión entre la eficiencia empresarial y la acción
política.
5. La sobreestima al pragmatismo y la adoración extrema a lo global.
6. La cobarde apuesta de un bipartidismo como muestra de la mayor ignorancia.
7. Situaciones concretas para superar los errores - Por qué creo
que no se darán.
¿Y la baldada de agua fría?
Antes que nada, digamos que es lanzada con el mejor de los ánimos.
Para calmar calores y rebajar velocidades (recordemos la carrera de la
tortuga y la liebre). Para que refresque a los de buenas intenciones.
Pero también para amargar un poquito la extrema complacencia del
consejero vacuo que no tiene más oficio que apartar a todos (y
si saben algo con más fuerza) del poder. ¿Travesura? Tal
vez, es una de las pocas cosas que todavía podemos hacer los hombres
de pensamiento tradicional, cuando, como no es raro, no pueden realizarse
otros enfrentamientos.
* Lic. en Ciencias Políticas.